Gabriel Sanca nació en Comodoro Rivadavia y encontró en la investigación espacial una forma de convertir una curiosidad de infancia en proyectos concretos. Hoy es docente e investigador de la Universidad Nacional de San Martín y participa en desarrollos de pequeños satélites, electrónica y experimentos destinados a estudiar el ambiente espacial.
“Mucho de esto tiene que ver con aquello que por ahí surge en la infancia o en los momentos donde uno tiene menos pruritos a la hora de imaginarse futuros”, destacó en diálogo con Entretiempo por AM550. Para Sanca, esos sueños pueden convertirse en un motor capaz de empujar a la ciencia y ampliar los límites de lo que parece posible.
Su recorrido comenzó lejos de una imagen idealizada del trabajo científico. “El día a día nunca es tan glorioso como uno lo imagina. Hay mucho de trabajo de oficinista, por decirlo de alguna manera, y la mayoría de las cosas surgen de ahí, de esa constancia, de trabajar todos los días”, explicó.
Pero también aparecen momentos que quedan grabados. Sanca mencionó lanzamientos, experimentos que empiezan a transmitir información y proyectos que requieren años de espera para reunir datos completos. “Ese tipo de cuestiones uno, por el día a día, se va olvidando y van quedando como parte de lo cotidiano. Pero cuando uno hace un racconto hacia atrás, aparecen esos momentos”, contó.
Uno de esos momentos llegó con Atenea, el pequeño satélite argentino que viajó como carga útil secundaria de Artemis II. El proyecto fue desarrollado por siete instituciones públicas argentinas bajo el liderazgo de la Comisión Nacional de Actividades Espaciales (CONAE), con la participación de la Universidad Nacional de San Martín, la Universidad Nacional de La Plata, la Universidad de Buenos Aires, la Comisión Nacional de Energía Atómica, el Instituto Argentino de Radioastronomía y la empresa VENG.
Sanca explicará en una charla cómo se construyen los proyectos espaciales
Sanca será uno de los protagonistas de una charla vinculada con Atenea durante la Expo Vocacional. La actividad está dirigida especialmente a estudiantes y busca mostrar qué conocimientos se necesitan para diseñar un proyecto espacial y qué carreras pueden abrir ese camino.
“Vamos a estar repasando un poco parte de lo que fue el proyecto, de lo que nos tocó desde nuestro alcance en la Universidad de San Martín, y parte también de la trayectoria que tenemos en la universidad”, explicó.
La exposición también permitirá conocer el trabajo previo que hizo posible la participación argentina. “Nosotros no empezamos a hacer esto con esta llamada. Esta llamada aparece porque venimos trabajando hace más de diez años en este tipo de desarrollos”, sostuvo.
Durante ese recorrido, el equipo trabajó junto a empresas del sector. Sanca destacó especialmente la experiencia con Satellogic, compañía nacida en Argentina y dedicada a la observación de la Tierra, donde pudieron probar distintos experimentos durante años.
La propuesta tendrá además una mirada vocacional. “La industria aeroespacial y espacial, particularmente, es una industria que empezó a mutar ya hace unos tiempos y hoy está muy consolidada en una actividad muy comercial, por lo menos en la órbita baja terrestre”, señaló.
Ese crecimiento amplió el abanico de profesionales que pueden participar. “Ya no sea solo trabajo de científicos o ingenieros, sino que haya un gran abanico de saberes que son necesarios y que cada vez son más”, afirmó.
Sanca mencionó áreas como la medicina, la bioingeniería, la nanotecnología y las relaciones internacionales. También señaló que existen discusiones legales vinculadas con la explotación de recursos fuera de la Tierra y con las reglas que deberían aplicarse a futuras actividades en la Luna.
El investigador remarcó que incluso los desarrollos espaciales pueden trasladarse a otras industrias. “La industria automotriz toma mucho de esto, la minería, el petróleo. La mirada sistémica que tiene la ingeniería espacial después puede volcarse en otras tecnologías, en otras áreas”, explicó.
Atenea llevó tecnología argentina más allá de los satélites habituales
El proyecto Atenea permitió poner a prueba una plataforma de pequeñas dimensiones en un entorno muy diferente al de los satélites que trabajan alrededor de la Tierra. Sanca explicó que el dispositivo mide unos 30 centímetros de alto por 20 de ancho y 20 de profundidad, un tamaño apenas superior al de un horno microondas.
La misión tenía una función tecnológica y otra científica. El objetivo principal consistió en comprobar que la plataforma desarrollada en Argentina podía operar en ese ambiente y, al mismo tiempo, realizar experimentos sobre radiación y geolocalización.
Atenea alcanzó los 73.000 kilómetros de distancia de la Tierra. Según Sanca, esa distancia duplicó la de los satélites geoestacionarios y marcó un récord para un satélite argentino.
“Como demostrador tecnológico, era demostrar que esta plataforma que diseñamos, este pequeño satélite, es capaz de poder operar en el ambiente en el cual estuvo operando”, explicó.
El equipo también logró recibir información y reconstruir lo sucedido con la nave. “La comunicación se pudo llevar a cabo, se pudo bajar información, telemetría y reconstruir lo que había pasado con la nave”, indicó.
La misión fue breve y no permitió reunir todos los datos que el grupo esperaba. Sin embargo, Sanca consideró que la experiencia fue exitosa porque permitió comprobar el funcionamiento de la tecnología y obtener conclusiones sobre los sistemas utilizados.
El trabajo se vinculó con Artemis II, la misión que llevó nuevamente seres humanos hacia las cercanías de la Luna después de más de cinco décadas desde Apolo 17. La nave Orión transportó a cuatro astronautas durante unos diez días y contó con componentes desarrollados por distintos países y empresas.
Sanca también pudo acercarse al escenario de ese desarrollo. En febrero viajó al Kennedy Space Center, en Cabo Cañaveral, con la intención de presenciar el lanzamiento, aunque finalmente el cronograma cambió.
Mientras avanzan las próximas etapas del programa Artemis, el investigador y sus equipos continúan con nuevos proyectos. La línea de trabajo incluye pequeños satélites, electrónica y experimentos para conocer mejor las condiciones del espacio.
“Uno mide la temperatura o la presión en la Tierra, en el espacio. Algo que es interesante de conocer es la cantidad de partículas que hay dando vueltas, que pueden perjudicar tanto a la electrónica como a las personas que lo habiten”, explicó.
Ese conocimiento será cada vez más relevante a medida que las misiones se alejen de la órbita terrestre. Sanca diferenció los desafíos de permanecer en la Estación Espacial Internacional de aquellos que presentan los viajes de espacio profundo.
La charla de la Expo Vocacional permitirá trasladar parte de esa experiencia a los estudiantes. El investigador llevará además una maqueta a escala real de Atenea, similar al satélite que participó en Artemis II, para mostrar de cerca cómo es una plataforma que pasó de un laboratorio argentino al espacio.
La actividad reunirá así dos partes de una misma historia: la de un investigador que comenzó a mirar el universo desde Comodoro Rivadavia y la de un equipo universitario que consiguió probar tecnología argentina a decenas de miles de kilómetros de la Tierra.
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