¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Logo Am2022
PUBLICIDAD

El lado humano detrás de cada etiqueta de vino

El experto en enoturismo, Gabriel Bosso, reflexiona sobre el presente de los vinos patagónicos y asegura que descubrir la historia de quien los elabora es la verdadera aventura enológica.

Agregar Mejorinformado en
Agrega Mejorinformado a tus medios preferidos en Google
PUBLICIDAD
El vino no es solamente una bebida, sino una experiencia que se bebe y se vive.

Detrás de una botella hay mucho más que uvas, barricas y técnicas de elaboración. Hay personas, historias, alegrías, frustraciones y sueños. Esa es la mirada que propone Gabriel Bosso, reconocido especialista en turismo y comunicación del vino, quien visitó recientemente la región para participar del encuentro "Íconos de Patagonia", organizado por Caminos del Vino.

Gabriel Bosso es divulgador y referente del enoturismo nacional.

 

El lado humano del vino

Bosso es un observador apasionado del universo del vino y de todo lo que lo rodea: la gastronomía, el turismo, la comunicación y, sobre todo, las personas. A lo largo de su trayectoria fue construyendo una idea que hoy atraviesa gran parte de su trabajo como comunicador: el lado humano detrás de cada etiqueta.

Según la perspectiva de Gabriel, cada vino que elabora un productor vitivinícola no es solamente el líquido que embotelló. Es parte de su vida. Son las horas sin dormir junto a los tanques, cada cata, cada día de crianza, pero también sus vivencias personales, sus angustias y sus alegrías. En cada vino se traspapela un poco de su personalidad, de su manera de ver el mundo. "El vino tiene su carácter, su personalidad, su lado amable, su lado jocoso", explica Bosso.

Detrás de cada botella hay mucho más que uvas, barricas y técnicas de elaboración. Hay personas e historias de vida.

Y, claro, además del costado sentimental, el vino también lleva en cada uno de sus taninos el esfuerzo de quien trabaja con las bondades de la tierra. El elaborador conoce de heladas que escarchan la piel, de cortes y raspones, de incertidumbre y espera, y de lo honroso que es vivir de lo que da la tierra.

¿Y por qué lo hace? Porque el vino también es una forma de compartir todo lo que vio, todo lo que cató y todo aquello que nutre su percepción. Y también porque no hay otra manera de hacer este trabajo que no sea con pasión. Desde el vino hasta cómo está vestida la botella, el color del vidrio, la etiqueta y la historia que nos cuenta cada proyecto, todo eso se combina con las bondades que el terruño le da a la uva que cultiva.

En cada botella conviven todas las decisiones del elaborador con las virtudes de los suelos patagónicos. Todo forma parte de una misma obra, nacida de la tierra y moldeada por la sensibilidad de quien la crea.

Pensar el vino desde esta mirada es una manera de entender por qué un vino nos conmueve más que otro. Porque al fin y al cabo, cada vino es único porque está atravesado por su creador. 

En cada botella conviven todas las decisiones del elaborador con las virtudes de los suelos patagónicos.

 

La anécdota que lo dice todo

Para explicar esa conexión entre el vino y quien lo elabora, Gabriel nos comparte una experiencia que vivió durante una cata vertical realizada junto a un reconocido bodeguero mendocino.

"Quería demostrar que la impronta humana influye en el estilo de un vino. Entonces pusimos el mismo Malbec elaborado por la misma persona durante doce años consecutivos. En todos los vinos se notaba el paso del tiempo, las características de cada cosecha o las diferencias climáticas. Pero había uno que todos iban a notar distinto", relata.

Antes de comenzar la degustación, anotó en un papel cuál sería el vino señalado por los participantes. Cuando la experiencia terminó, todos coincidieron en la misma añada: 2009.

"Después les conté que ese año el hijo del bodeguero había fallecido en un accidente, pero él tuvo que seguir adelante y elaborar el vino igual. Para mí fue la demostración más cabal de que el vino no depende solamente del suelo o del clima, sino también de la mano que se le pone encima", explica.

La historia resume a la perfección la mirada de Gabriel sobre sobre esta bebida ancestral que el ser humano elabora hace 8 mil años y que sigue siendo capaz de transmitir experiencias a través de una copa a lo largo y ancho del planeta.  

Una de las mayores fortalezas de la Patagonia es su diversidad de ambientes, climas y suelos.

 

Comunicar la experiencia 

Para Gabriel, la industria atraviesa un cambio profundo en la forma de comunicarse. Ya no alcanza con hablar de variedades, aromas o métodos de elaboración. Sostiene que la comunicación se volvió más “ansiosa” y que los consumidores buscan conectar con las historias de quienes están detrás.

"Yo soy de la última generación de periodistas gráficos que compraba revistas especializadas en el kiosco o en el aeropuerto. Era una comunicación coleccionable que desapareció. Hoy muchas personalidades se filman tomando un vino en el patio de la casa, en ojotas, y le hablan a un público cautivo de 80 mil fanáticos de ese vino”, reflexiona el experto.

Pero, ¿por qué? Porque el consumidor ya no quiere solamente el vino. Quiere vivir la experiencia completa. "Lo humano es cuando el consumidor empatizar con las cosas cotidianas del enólogo que siente, que sufre la falta de plata o si el granizo le destruye la cosecha y pierde todas sus expectativas", sostiene.

Para este especialista, allí radica una de las claves del presente y del futuro de la industria: comprender que el vino es una experiencia que se bebe y se vive. 

Marcelo Miras fue elegido como el “Enólogo Referente de la Patagonia”

 

Patagonia, aventura enológica

Bosso destaca el momento que atraviesa la vitivinicultura patagónica. Para él, la región está ingresando en una segunda gran etapa de su historia, luego del camino iniciado por los pioneros de Río Negro hace más de un siglo, con bodegas como Humberto Canale allá por 1900.

Hoy, una de las mayores fortalezas de la región es su diversidad. "La diversidad de ambientes, climas y suelos también se traduce en la diversidad de vinos que va a ofrecer toda la región", remarca. Por eso, dice que la Patagonia es una verdadera aventura enológica, donde cada vendimia plantea nuevos desafíos y oportunidades para los productores.

Esa diversidad puede encontrarse a lo largo y ancho del territorio, en el valle, en la cordillera, en la estepa o en los proyectos junto al mar: desde los viñedos experimentales de Los Antiguos hasta Sarmiento, desde las antiguas parras recuperadas en Viedma hasta los viñedos más australes de Ushuaia. También destaca el crecimiento de Chubut y el potencial aún inexplorado de zonas del sur de Neuquén y de la Línea Sur rionegrina.

La cava submarina de Las Grutas (Río Negro), es un proyecto pionero en Argentina donde diversas bodegas añejan vinos bajo el mar.

Ante la pregunta de si había algo en común que atravesara a todos los vinos de la región, Gabriel respondió rotundamente: "Gracias a Dios ninguno de los vinos de Patagonia es igual al otro". Y agregó: "La Patagonia está entrando en una nueva etapa, donde empieza a preguntarse qué vinos quiere hacer, cómo quiere venderlos y cómo quiere relacionarse con quienes la visitan".

Para Bosso, el futuro enológico de la Patagonia es prometedor. Destaca especialmente la evolución de San Patricio del Chañar, donde los vinos neuquinos han construido una identidad propia, con perfiles más frescos y frutados. Y concluye con una definición contundente: "Lo único que podríamos envidiarle a Francia es la historia. En calidad de vinos no tenemos que envidiarles absolutamente nada". Por eso considera que la región tiene una oportunidad enorme por delante, ya que la Patagonia todavía está descubriendo gran parte de su potencial y esa es una de sus mayores fortalezas. 

La Patagonia es una verdadera aventura enológica, donde cada vendimia plantea nuevos desafíos.

 

Íconos de la Patagonia

La visita de Bosso se dio en el marco de "Íconos de Patagonia", una iniciativa organizada por Caminos del Vino que reunió en Allen a más de 30 enólogos y referentes de Neuquén, Río Negro, Chubut y La Pampa, con el objetivo de fortalecer la identidad vitivinícola del sur argentino y potenciar su proyección internacional.

Durante una degustación técnica realizada en la Secretaría de Fruticultura de Río Negro, fueron los propios elaboradores quienes eligieron el top 10 de los vinos que mejor representan la identidad vitivinícola de la región. El listado incluyó etiquetas de Bodega Del Fin del Mundo, Aniello, Humberto Canale, Antigua Bodega Patagónica, Viñas del Nant y Fall, Malma, Bodega Miras, Yaoyin y Flor del Prado, entre otras.

Del encuentro participaron profesionales del vino de Chubut, Neuquén, Río Negro y La Pampa.

El encuentro también distinguió a Marcelo Miras como Enólogo Ícono de la Patagonia, reconoció a YUYIN de Gaiman como Vino Revelación del Año y destacó a Nant y Fall por su desarrollo enoturístico.

 

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD