Las ciudades suelen planificarse pensando en la movilidad, el transporte o la infraestructura, pero pocas veces se diseñan considerando cómo viven y perciben esos espacios las personas neurodivergentes. Esa inquietud fue el punto de partida de Ciudades Azules, el libro que escribieron la arquitecta y urbanista Luciana Bellocchio y el urbanista Álvaro García Resta, donde combinan experiencias personales con propuestas concretas para construir entornos urbanos más inclusivos.
En diálogo con Mejor Informado, Bellocchio cuenta cómo nació el proyecto, comparte una experiencia que la marcó como madre de un niño dentro del espectro autista y plantea la necesidad de ampliar la mirada sobre la accesibilidad para pensar ciudades que mejoren la calidad de vida de toda la comunidad.
¿Cómo nace la idea del libro Ciudades Azules?
Nace de dos historias que terminaron cruzándose. Con Álvaro trabajamos desde hace años en temas vinculados al urbanismo y nos encontrábamos con frecuencia en congresos y distintas actividades profesionales. Con el tiempo descubrimos que, además de compartir la pasión por las ciudades, ambos somos padres de niños dentro del espectro autista. A partir de ahí empezamos a intercambiar experiencias personales y nos preguntamos qué podían hacer las ciudades para ofrecer una mejor experiencia a las personas neurodivergentes.
¿Qué propone concretamente el libro?
Propone pensar ciudades más inclusivas. Recorremos distintos ámbitos, como los espacios públicos, las plazas, los parques y la movilidad urbana, mostrando intervenciones que pueden mejorar la experiencia cotidiana de las personas. No buscamos señalar lo que está mal, sino compartir buenas prácticas y abrir una discusión sobre cómo construir ciudades más amigables para todos.
¿Qué tipo de cambios podrían implementarse?
Hay muchas acciones simples que pueden marcar una gran diferencia. Incorporar más espacios verdes, sumar elementos naturales como el agua, utilizar colores que transmitan calma, cuidar las texturas y reducir los estímulos excesivos son algunas de las intervenciones posibles. Lo más importante es que no benefician únicamente a las personas con autismo, sino a toda la comunidad.
En el libro también comparten experiencias personales. ¿Cuál fue una de las que más la marcó?
Una situación que viví en un aeropuerto. Después de un vuelo largo, mi hijo estaba completamente saturado y pedí utilizar uno de los carritos eléctricos para trasladarnos. Me respondieron que eran exclusivamente para personas en silla de ruedas. Ese momento me hizo reflexionar sobre la cantidad de discapacidades y necesidades que no son visibles y que, muchas veces, quedan fuera de las políticas de accesibilidad.
¿Cuál es el mensaje principal de Ciudades Azules?
Que debemos ampliar el concepto de accesibilidad. No alcanza con eliminar barreras físicas mediante rampas o ascensores. También hay que contemplar las necesidades cognitivas, sensoriales y emocionales de las personas. La diversidad debe ser entendida como una oportunidad para diseñar mejores ciudades: más inclusivas, más humanas y pensadas para todos.