La amabilidad puede parecer un gesto pequeño, pero también puede convertirse en una herramienta para mejorar los vínculos. Así lo planteó Rossana Martínez, licenciada en Relaciones Públicas y especialista en Comunicación No Verbal, en diálogo con Entretiempo por AM550, donde habló sobre la escucha, la empatía y la necesidad de recuperar la atención hacia los demás.
Martínez sostuvo que la amabilidad no beneficia solamente a quien la recibe, también genera efectos positivos en quien la practica. “Hoy la amabilidad no solamente hace bien al otro, sino que hace bien a uno”, afirmó.
Recuperar la escucha y la atención
Para la especialista, el primer paso no requiere grandes cambios. La práctica puede comenzar con acciones sencillas que forman parte de la vida diaria. “La amabilidad tiene que ver con un tipo de inteligencia”, explicó Martínez, y agregó que puede desarrollarse mediante “una escucha activa, una mirada atenta, en acompasar el paso del otro”.
La comunicación no verbal ocupa un lugar central en ese proceso. Martínez señaló que las personas pueden contagiar estados emocionales a través de sus conductas y vinculó esa respuesta con el funcionamiento de las llamadas neuronas espejo.
En ese contexto, también cuestionó la velocidad de la vida cotidiana. “Estamos muy atentos a pantallas, muy atentos al multitasking, al permanente movimiento de todo”, describió. Según explicó, la amabilidad necesita justamente lo contrario: tiempo, atención y presencia.
Martínez también destacó la importancia de respetar el espacio personal. Explicó que la distancia entre las personas puede influir en la percepción y en la empatía. “La amabilidad tiene mucho que ver con, sin darme cuenta, a veces de manera inconsciente, no respetar la distancia zonal del otro”, señaló.
Para la especialista, acercarse demasiado a alguien puede generar una barrera en la comunicación. Incluso mencionó como referencia una distancia inferior a los 45 centímetros, salvo en vínculos familiares o de mucha confianza.
La entrevistada también relacionó estos comportamientos con la historia de las sociedades humanas. En ese sentido, mencionó los estudios del antropólogo Robin Dunbar sobre los vínculos entre primates y la importancia de las conductas que favorecen la interacción social.
“Hay que practicarla”, sostuvo Martínez al referirse a la capacidad de vincularse. Y agregó que el cerebro humano está preparado para relacionarse con otras personas, aunque esas capacidades también necesitan ejercitación.
Volver a mirar a quien tenemos enfrente
Uno de los principales desafíos que planteó fue recuperar la atención en los encuentros cotidianos. Para Martínez, decir 'Buenos días' o preguntar cómo está una persona no alcanza si el resto del cuerpo transmite apuro o desinterés.
“Parece que a veces con el cuerpo hacemos cosas totalmente contrarias a las que estamos diciendo”, explicó. Como ejemplo, mencionó a quien afirma estar escuchando mientras mira la hora, junta sus pertenencias o continúa desplazándose por la pantalla del teléfono.
Su propuesta consiste en recuperar el presente. “La amabilidad tiene que ver con tu ‘aquí y ahora’”, resumió. Y agregó una idea concreta: “Hoy te escucho a vos, hoy te presto estos dos minutos. Son tuyos, pero míos completos”.
Martínez también planteó que la práctica puede incorporarse como un hábito diario. Escuchar a un compañero de trabajo, ayudar a otra persona, compartir un momento o simplemente prestar atención pueden ser acciones sencillas para empezar.
La especialista remarcó que esas conductas no son solamente gestos de cortesía. También pueden fortalecer la confianza y la cohesión entre las personas. “Son conductas que tienen que ver, en realidad, con la confianza, con la cohesión y también con la estrategia”, afirmó.
“Saludar tiene que ver con: ‘Te reconozco, sos otro ser’”, explicó. Para ella, ese reconocimiento básico adquiere mayor importancia en una sociedad donde muchas personas permanecen concentradas en sus teléfonos y en sus propias preocupaciones.
Por eso dejó una serie de preguntas para llevar a la vida cotidiana: “¿A quién saludaste hoy? ¿A quién escuchaste hoy?”. La propuesta apunta a detenerse unos minutos y observar cómo cada persona se relaciona con quienes tiene alrededor.
Martínez coincidió además con una idea planteada durante la entrevista: comenzar por reconocer las propias dificultades para ser amable. “Me encanta, Carmen. Yo creo que es la base”, respondió.
La especialista cerró esa reflexión con otra regla sencilla: “No hacerle al otro lo que no te gusta que te hagan”. Para Martínez, recuperar esos gestos puede ser una manera concreta de mejorar la comunicación en tiempos donde las personas están cada vez más conectadas a dispositivos, pero no necesariamente más cerca entre sí.
La charla dejó así una pregunta que trasciende la entrevista y puede trasladarse a cualquier ámbito de la vida cotidiana: cuánto tiempo dedicamos realmente a escuchar a la persona que tenemos enfrente.
La entrevista completa: