La historia del doctor Marcelo Sotomayor comenzó con una situación que marcaría su vida de una manera especial. Nació prematuro en 1966, en el Hospital Castro Rendón de Neuquén, con apenas 1,1 kilos de peso. Su madre decía que había nacido a los seis meses de gestación y, aunque nunca pudo conocerse con precisión la edad gestacional, aquella experiencia quedó ligada a una vocación que lo acompañaría desde la infancia: ser médico y dedicarse a la pediatría.
“Desde chico lo único que quería era ser médico y quería ser pediatra”, recordó Sotomayor al repasar su recorrido profesional. Estudió Medicina en la Universidad Nacional de La Plata y regresó a Neuquén para realizar la residencia de Pediatría en el Hospital Castro Rendón. En 1995 comenzó una etapa que lo llevaría a convertirse en uno de los profesionales históricos del Hospital Heller, donde lleva más de tres décadas de trabajo.
Sotomayor fue parte de la primera camada de profesionales que puso en marcha el Heller, cuando todavía había que organizar servicios, probar equipos y resolver cuestiones básicas de infraestructura. Desde entonces acompañó el crecimiento de la institución y los cambios en la atención sanitaria infantil. De aquel grupo inicial, es el único que continúa vinculado al sistema público de salud.
Pero su trayectoria no se limitó a la atención de pacientes. A comienzos de los años 2000 incorporó la docencia como otra dimensión central de su carrera: fue instructor de residencias y docente de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional del Comahue. Con el paso de los años, muchos de los estudiantes y residentes que acompañó en su formación se convirtieron en sus compañeros de trabajo, una experiencia que define como un orgullo y una fuente de emoción.
Aunque está próximo a jubilarse, Sotomayor todavía realiza guardias, participa de los pases de sala y acompaña a estudiantes y residentes. Reconoce que una de las situaciones más difíciles de la profesión es la muerte de un niño y destaca la importancia del trabajo en equipo para atravesar esos momentos. “Soy feliz con esto porque tuve la posibilidad de elegir algo que me gusta y vivir de eso”, expresó. Su salida del hospital, prevista para enero, marcará el cierre de una etapa, aunque su legado seguirá presente en las generaciones de médicos que ayudó a formar.