¿Quiere recibir notificaciones de alertas?

Logo Am2022
PUBLICIDAD

"Tenemos certificado de defunción": cuál es el colegio con 1.400 alumnos que lucha por no cerrar

El establecimiento educativo, que tiene más de seis décadas de historia y unos 1.400 alumnos, quedó al borde del cierre tras una resolución judicial. La comunidad educativa se movilizó para intentar evitar la disolución de la sociedad y garantizar la continuidad de las clases.

Agregar Mejorinformado en
Agrega Mejorinformado a tus medios preferidos en Google
PUBLICIDAD
"Tenemos certificado de defunción": el colegio con 1.400 alumnos que lucha por no cerrar

El Instituto Almafuerte de 9 de Abril, en el partido de Esteban Echeverría, atraviesa un momento crítico que amenaza con poner fin a un legado de más de seis décadas. La escuela, a la que concurren unos 1.400 alumnos de los tres niveles, quedó al borde del cierre tras una resolución judicial que ordenó la disolución de la sociedad que lo gestiona y la liquidación del lugar a partir del 31 de diciembre.

La comunidad educativa realizó una protesta este martes en el patio del establecimiento en el contexto de lo que definieron como "el último intento por salvar al colegio". El reclamo congregó a alumnos y exalumnos, padres, docentes, preceptores, comerciantes y vecinos de un barrio que construyó su identidad alrededor de la institución.

"Nos enteramos el viernes pasado"

Sandra Viviana Verón es exalumna del Almafuerte, donde también estudiaron sus hijas y hoy asisten sus nietos. "Esta situación atraviesa a mi familia por completo", define. Según su relato, la resolución fue abrupta, por lo que decidió ser parte activa de las movilizaciones. "Nosotros nos enteramos el viernes pasado y seguimos sin poder creerlo", lamenta.

A su lado está Zenaida de Carrión, madre de dos alumnos, que se muestra igual de impactada. "Duele saber que una institución de esta categoría vaya a cerrar. Acá sí hay educación de calidad, hay respeto, se les enseña todo a los chicos. Yo amo a esta escuela y quiero que mis hijos sigan estudiando acá", expresa.

El Instituto Almafuerte y que hoy tiene una comunidad educativa integrada mayoritariamente por familias trabajadoras

Ambas destacan el papel que el Almafuerte cumplió en una zona con una oferta educativa limitada, especialmente en cuanto al nivel secundario. "Para muchas familias, sacar a sus chicos de acá implicaría gastos muy fuertes en logística, porque cerca no hay otras opciones", explica De Carrión. Verón cuenta que algunos padres ya comenzaron a estudiar alternativas, pero que no encontraron vacantes: "Nos dejaron, la verdad, a todos con las manos atadas".

La historia del Instituto Almafuerte

La historia del Instituto Almafuerte se remonta a 1960, cuando comenzó oficialmente la actividad docente del establecimiento. Nació a partir de unas clases de apoyo dictadas por Domingo Antonio Francisco Motta, su esposa Carmen Fernández Veiga y su hija María del Carmen. Lo que empezó con apenas una decena de alumnos se transformó, más de seis décadas después, en una comunidad educativa de casi 1.400 estudiantes.

María del Carmen hoy continúa al frente de la institución. La acompañó durante décadas Orlando Antonio Pintos, socio, docente y figura clave en su crecimiento hasta su fallecimiento en 2011. También Ana María Falzarano, quien ingresó como docente en 1977 y luego se convirtió en una de las responsables de su sostenimiento y desarrollo.

El conflicto que derivó en el cierre

Tras la muerte de Pintos, su viuda y dos de sus hijos herederos iniciaron una demanda para disolver la sociedad tras no haber llegado a un acuerdo para desprenderse de su parte. Sobre esa historia se montó una disputa societaria por más de una década.

En 2024, un fallo de primera instancia había permitido encauzar la situación y garantizar la continuidad del establecimiento mediante la adecuación de la sociedad a una figura legal. Sin embargo, la Cámara de Apelaciones de Lomas de Zamora revirtió esa decisión y ordenó avanzar con la disolución y liquidación.

"En dos meses dio vuelta la sentencia y decretó la disolución y la liquidación de la sociedad", cuestiona el actual representante legal de la comunidad del colegio, Rodrigo Pinto Falzarano, que es nieto de Orlando, sobrino de Ana María e hijo del heredero que no participa del conflicto societario. La consecuencia, advierte, es que el colegio tiene una autorización para estar tres meses más. "Hoy nosotros tenemos certificado de defunción. Hasta el 31 de diciembre podemos seguir funcionando, pero no tenemos garantizada la continuidad", afirma.

El barrio que se construyó alrededor del colegio

Patricia Grill, "Pato" para todos, es comerciante, exalumna y vecina desde hace 53 años. Su vínculo con la escuela también es familiar: sus abuelos, de origen esloveno, participaron de la construcción del establecimiento junto a "Don Motta". "Son muchas las generaciones. Somos una familia", resume.

"Esto lo construyó toda la localidad de 9 de Abril. Todos los que estamos acá, desde los comerciantes, los alumnos y los profesores, siempre fuimos unidos. Fue una escuela que nos unió siempre", agrega.

Las gestiones para evitar el cierre

Ante el inminente plazo fijado por la Justicia, las autoridades del colegio iniciaron una ronda de contactos institucionales para buscar una figura o alternativa legal que resguarde el servicio educativo. Según informaron, ya se trasladaron reuniones e inquietudes a la Dirección Nacional de Educación Pública de Gestión Privada, la Dirección General de Cultura y Educación (DGCyE) bonaerense, el Ministerio de Educación provincial, la Intendencia de Esteban Echeverría y las entidades gremiales del sector docente y no docente.

"Todos ellos nos han expresado su preocupación y vocación de ayuda por lo que está ocurriendo con el Instituto", remarcaron desde el Almafuerte, al tiempo que confirmaron que se están "impulsando todas las alternativas judiciales" posibles para revertir o superar el fallo.

Los herederos también quieren que la escuela continúe

Del otro lado, los herederos de Orlando Pintos difundieron un comunicado donde aseguran que no quieren que la escuela cierre, que el instituto fue el sueño de su padre y que apoyan su continuidad. Al mismo tiempo, sostienen que fueron excluidos de la institución después de su muerte, que durante años intentaron dialogar sin recibir una oferta adecuada por su parte de la sociedad y que por eso fueron a la Justicia.

La comunidad educativa, en movimiento

Elsa, una de las auxiliares del colegio, expresó su tristeza por el impacto que tendría el cierre entre los estudiantes. "Mucho dolor, más que nada por las criaturas. ¿Cómo hacés para desilusionarlos? Es su segunda casa, son contenidos por todo el personal, les brindamos lo mejor que podemos, ellos se sienten seguros", afirmó.

Luz, alumna de tercer año, contó que asiste al establecimiento desde los seis años y que no quiere continuar sus estudios en otra institución. "Me hace mal, porque yo vengo desde los seis años a este colegio, no puedo separarme e irme a otro colegio. A mí me gusta este colegio, lo amo, es parte de mí. Es difícil cambiar un uniforme con el que estuviste toda tu vida y creciste", relató. Y agregó: "Quiero terminar acá, quiero ser profesora acá. Me duele en el alma".

PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD