Nido Blando

Ni por favor, ni muchas gracias

¿Cuánto manifiesto entra en una foto?
viernes, 15 de marzo de 2019 · 10:03

Por la artista Marina Cisneros. Cazadora de arte. Pensadora visual.

 

Juliana Medori es neuquina, 24 años de gracia, potencia y pura creatividad. Es Licenciada en Diseño Gráfico, artista y fotógrafa. Multifacética.

Terminó el colegio secundario y se fue a Córdoba a estudiar Diseño Gráfico, al regresar a Neuquén, a sus raíces, su obra es atravesada por los paisajes que supo añorar, por las personas y por las mujeres que supo extrañar. Por esas dos generaciones anteriores que la formaron.

En su trabajo busca pensar los cuerpos femeninos, las cuerpas, la emancipación de las mismas y el paso del tiempo sobre ellas. Generando una experiencia, un juego entre su yo fotógrafa y el sujeto fotografiado; tanto en ese proceso como en el post-fotográfico. Juego también en el que aparecen las influencias del arte plástico y la ilustración.

Ella según ella

“Desde hace ya muchos años me encuentro cerca de la imagen. El día que mi tía , profesora de artes visuales, me dio una hoja en blanco, resaltadores y revistas para hacer collage creo que nunca me alejé de la imagen y de su construcción. Con la fotografía, igualmente, me acerqué al comenzar la carrera de diseño gráfico donde la conocí como herramienta para mi trabajo. Ahí me encontré rápidamente renegando con estas piezas que tenían un objetivo meramente comercial, vacío o que debían cumplir las directrices de un comitente. Decidí entonces intervenirlas, rallarlas, hacerlas más interesantes o simplemente disfrutarlas sin ningún lineamiento. Este concepto que mucho después entendí que era la Post-Fotografía. Creo que una de las cosas que más me motiva de la fotografía es este ejercicio donde puedo tomar una imagen propia y relacionarla con mis ilustraciones, con el arte que siempre me atrevesó/atraviesa. Pensar la fotografía como un cuadro, como ese lienzo blanco, como esa mesa de trabajo en illustrator; vacía pero llena de posibilidades. Me motiva en la fotografía a su vez, las relaciones que se generan entre fotografx y ser fotografiadx como también entre otrxs fotografxs. Las mujeres que conocí gracias a la fotografía, específicamente en el taller Esto no es fotografía, que luego llevo a la muestra Esta es otra historia en la Casa Museo Dr.Plottier; son mujeres que hoy me inspiran,que me asombran, que me hacen reflexionar, que me llevan a querer trabajar la imagen y a exigir nuestros espacios como mujeres en el panorama artístico.”

Nace Dionisia

Durante su carrera de diseñadora gráfica, siempre buscó recursos en las artes plásticas y la historia del arte, lo que convirtió sus procesos creativos en ejercicios apasionantes e intensos.

Dionisia es una obra en la que utiliza, recicla, re significa la obra de dos artistas varones del Barroco: Vermeer y Caravaggio. A su vez, varias de las obras seleccionadas son reconocidas por la cultura general para su mejor interpretación y asociación.

Encontrándonos en la cuarta ola del feminismo que ya hace unos años gracias a las redes sociales increpó a muchas que todavía no habían/habíamos sido increpadas, este proyecto busca mostrar el empoderamiento de la mujer o, mejor dicho, de una de las mujeres de su vida, la Lela.

Este proyecto comienza con 6 fotografías retratadas en el año 2018. Nace de una forma inesperada. Las obras seleccionadas en un comienzo fueron las del artista Vermeer. En sus obras el artista retrata a dos mujeres, las mismas siempre en su rol tan pasivo como siempre se las mostró en la historia del arte. Mujeres siendo retratadas por varones, tomándolas de musas inspiradoras, bellas, serviciales.

Al comenzar a reproducir las obras, Juliana cambió la historia. La mirada de la Lela lejos de ser tranquila y pasiva, de a poco se volvía desafiante, poderosa. Abierta a otras propuestas y hasta opinando sobre otras formas de retratarla. Fue así, que las obras de Vermeer se convirtieron en una transición a otras.

La obra de Juliana empezó a tomar vida. Para continuar con el trabajo de apropiación, tomó una serie de obras de Caravaggio y en lugar de seleccionar los retratos de mujeres, eligió aquellos que el artista realizó a varones. Estas obras presentan personajes más activos, personajes como la mujer que se comenzaba a ver en el lente de la cámara. Varón retratando a otro varón. Y ahora mujer retratando a otra mujer.

De esta forma, las primeras fotografías, se ven más oscuras, más lúgubres. La mujer por momentos forma parte del fondo de las mismas, de ese fondo tan hogareño y doméstico. Se desaparece. Se la ve calma, servicial. Pero luego, en las siguientes, aparece esta mujer empoderada, mujer que mira a la cámara con fuerza, mujer que muestra su piel, su cuerpa, sus líneas.

 

 

 

Una mujer que se come las uvas. Una mujer que se toma el vino. Una mujer de nadie más que de ella y su disfrute. Una mujer que no sirve a Dionisio(Baco), sino que es Dionisia.

“Trabajar con la Lela creo que fue y es la conmemoración más hermosa a la distancia que tuvimos durante tantos años mientras me encontraba en Córdoba estudiando. Hacía mucho tiempo, igualmente, quería fotografiarla pero creo que este momento fue el ideal. En el lente se veía una mujer muy fuerte y empoderada. Una Lelita que, al estar lejos, yo no veía que estaba conformando tal fuerza. Eso hizo que la admirara como nunca, verla no como este núcleo que siempre conformó con mi abuelo, sino como una gran mujer, de ella sola y por ella sola, llena de marcas, de historias, de momentos. Después de ese día de fotos me di cuenta de la intimidad, del amor, de la confidencia que de repente se generó, que ya no era solo de abuela-nieta, sino de dos mujeres, de dos compañeras, de dos amigas.”

 

El feminismo en la imagen 

“Creo que el feminismo en la imagen está relacionado con romper con lo establecido, con este sistema patriarcal que nos ha dicho históricamente qué cuerpos son los aceptados, cuales son los estéticamente bellos, correctos. Con pensar y retratar las cuerpas de mujeres, de las disidencias, la emancipación de las mismas, el paso del tiempo sobre ellas.

A su vez, este sistema dicotómico que se ha repetido a lo largo de años, siglos, que llegó a naturalizar esta posición subordinada de las mujeres y las disidencias, hizo que la participación e intervención social de estxs grupxs sea asquerosamente desproporcional con la de los varones hétero. Por eso creo, que con y gracias al feminismo muchas mujeres y disidencias se animaron a crear imágenes, a contar sus historias y a exigir, de una vez, sus espacios,nuestros espacios sin pedir permiso ni disculpas.”


 

 

 

 

 

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