Será difícil para Carlo Ancelotti el proceso que se viene al frente de la Selección de Brasil, más allá del respaldo de la Confederación que lo ratificó hasta el 2030, aún sin saber cómo le iría en el presente Mundial 2026.
La partida del pentacampeón en octavos de final contra Noruega con dos goles de Earling Haland es un golpe durísimo de la mano de un par de decisiones del DT como la convocatoria de Neymar, el penal no pateado por Vinicius en el último partido y la falta de brillo futbolístico en su equipo. En relación a la ejecución de la pena máxima por parte de Bruno Gimaraes en el primer tiempo, el seleccionador fue tajante: "Lo ordené yo. Vinicius no está entre los cinco mejores lanzadores de penales de esta Selección".
El debut contra Marruecos ya había sido un llamado de atención, contra Japón le alcanzó con la chapa de su camiseta para neutralizar la dinámica nipona y sortear los inéditos 16avos, pero los nórdicos tuvieron fuego en los últimos metros y le marcaron la salida.
Fiel a su estilo de tranquilidad, en conferencia de prensa el italiano no dramatizó, pero sí reconoció la decepción de todo Brasil. “No hemos hecho una Copa brillante, pero sí lo hemos hecho bien. Incluido hoy hicimos méritos para llevarnos el partido”, analizó.
Lo cierto es que la Canharia viene decepcionando en cada Copa del Mundo desde el 2002, año en que se convirtió en campeona por última vez.
La crisis futbolística del Scratch ha provocado, incluso, que el italiano se convierta en el primer entrenador extranjero de la historia, justo en el equipo más ganador del planeta y en medio de críticas que ahora se potencian.
Su poder de gestión en vestuarios plagados de ego fue la chapa fundamental de la elección. Ahora ya sin Neymar, definitivamente, deberá iniciar un proceso de reconstrucción bajo los estandartes Vinicius y Raphinha, intentando encontrar soluciones a partir de las próximas convocatorias.