Una situación tan incómoda como inesperada vivió este miércoles Nicolás Otamendi. Fue en vísperas de la visita de mañana de River a Aldosivi. El capitán millonario vivía un agradable momento junto al público en la puerta del hotel de Mar del Plata en el que se aloja la delegación. Había hinchas que se habían organizado en un banderazo, pero todo cambió en una fracción de segundo.
Muy cercano a la gente, el defensor hasta se animó a superar vallas para acercarse a los suyos. Se tomaba el tiempo de firmar cuanta camiseta o reliquia le acercaran, sin contar las fotos para las que posaba una y otra vez. Y en una de ellas fue cuando sucedió lo inesperado. Mientras sonreía de cara al celular de una mujer, alguien desde atrás le manoteó la gorra.
Rápido de reflejos, el zaguero se la aseguró presionándola con la mano contra su cabeza. Luego se dio vuelta rápidamente hacia el dueño de la mano ladrona, que seguramente ya se escurría entre la multitud. Recio, Ota se quedó observando hacia allí unos instantes, seguramente con su peor cara.
El gesto del defensor fue rápido y efectivo. No llegó a perder la gorra y tampoco hubo necesidad de intervención de seguridad. La escena quedó como una anécdota insólita en la previa del partido.