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Otamendi, una despedida a puro festejo: del sueño en los colectivos al último gol con la Selección

Nicolás Otamendi cerró este martes 6 de octubre su historia con la Selección Argentina de la manera que mejor podía imaginar: con un gol y una victoria ante Benín. Aquel chico que viajaba durante horas con su mamá para entrenar en Vélez cumplió todos sus sueños y se despidió después de haber sido campeón del mundo y bicampeón de América.

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Nicolás Otamendi cerró su historia con la Selección Argentina con un gol y una victoria ante Benín.

Tenía 21 años y hacía menos de un año que había debutado en la Primera División de Vélez. Aquel 5 de julio de 2009 festejó su primer título como futbolista profesional con la camiseta del Fortín, el club en el que había hecho todas las divisiones inferiores.

Quince años después, también un 5 de julio, volvió a festejar con la camiseta de la Selección. Fue en aquella dramática definición por penales ante Ecuador, por los cuartos de final de la Copa América 2024, cuando Nicolás Otamendi convirtió el penal que selló la clasificación argentina a las semifinales.

Después de que Messi arrancara la tanda fallando con aquella picadita que se estrelló en el travesaño, cuando todo parecía nublarse, el Dibu Martínez volvió a convertirse en héroe al atajar dos penales. Y entonces llegó el turno de Otamendi.

El defensor tomó la pelota, caminó hacia el punto penal y la colocó en el arco. Explotó el estadio de Houston, explotaron los miles de argentinos que una vez más habían copado las tribunas y llegaron los abrazos interminables de los jugadores. Otra vez, el agradecimiento al Gran Dibu.

Una última celebración para Otamendi, que cerró su ciclo con la camiseta argentina de la mejor manera.

Pero aquella noche en Houston no era solamente otro festejo para Otamendi. Era también la confirmación de una historia que había comenzado muchos años antes, cuando un chico de El Talar soñaba con ser futbolista mientras viajaba durante horas junto a su mamá.

A comienzos de los años 2000, Silvia acompañaba a su hijo en los tres colectivos que debían tomar para recorrer las dos horas de ida y las dos de vuelta desde la humilde casa familiar en El Talar hasta la Villa Olímpica, en Ituzaingó, donde el pequeño defensor entrenaba. A las 7.30 iba al colegio. A las 12 salía y Silvia lo esperaba con una vianda. Después emprendían nuevamente el viaje. Recién regresaban a las 9.30 de la noche. Así, todos los días.

Durante varias horas arriba del colectivo, madre e hijo compartían ese peregrinar de cinco días a la semana. Y en ese sueño contenido, aquel pibe imaginaba llegar a jugar en la Primera de Vélez, vestir la camiseta de la Selección Argentina y, algún día, ganar una Copa del Mundo.

Así fue hasta que cumplió 13 años. Su madre ya no podía acompañarlo en aquellos tres colectivos de ida y tres de vuelta porque el presupuesto familiar no alcanzaba. Apenas podía darle 2 pesos para que el chico comiera algo después de entrenar. “Yo sabía que le costaba, me daba todo lo que tenía, prefería que lo tenga yo pero ella no se alimentaba bien”, contó alguna vez Otamendi al recordar aquellos años.

A comienzos de los años 2000, Silvia acompañaba a su hijo en los tres colectivos que debían tomar para recorrer las dos horas de ida y las dos de vuelta desde la humilde casa familiar en El Talar hasta la Villa Olímpica, en Ituzaingó, donde el pequeño defensor entrenaba. A las 7.30 iba al colegio. A las 12 salía y Silvia lo esperaba con una vianda. Después emprendían nuevamente el viaje. Recién regresaban a las 9.30 de la noche. Así, todos los días.

Debutó en Vélez y al poco tiempo salió campeón.

Los sueños se le fueron cumpliendo uno por uno. Debutó en Vélez, salió campeón y comenzó a construir una carrera que lo llevó a convertirse en uno de los grandes defensores argentinos de las últimas décadas. Porto, Atlético Mineiro, Valencia, Manchester City y Benfica fueron algunas de las camisetas que vistió en una trayectoria internacional que terminó de convertirlo en un referente. Y la Selección.

Con la camiseta celeste y blanca, Otamendi también alcanzó aquello que alguna vez imaginó durante esos interminables viajes en colectivo: levantar trofeos.

Aquel chico que dormía sobre el hombro de su mamá durante los viajes en colectivo terminó levantando la Copa del Mundo y convirtiendo su último gol con la Selección. Del sueño de El Talar a la gloria de Qatar. De los colectivos junto a Silvia a los estadios del mundo. De aquel primer título con Vélez a las grandes conquistas de la Selección.

La Copa América, la Finalissima y, sobre todo, la Copa del Mundo de Qatar 2022. Aquel día en el que levantó el trofeo junto a Messi, Di María, De Paul y el resto de sus compañeros, Ota pudo devolverle de alguna manera a su madre todo lo que ella había hecho por él. Era uno de sus grandes deseos antes de aquel Mundial. Y lo consiguió.

En Qatar, Otamendi cumplió uno de los grandes sueños que había tenido desde chico: ser campeón del mundo con Argentina.

Este martes 6 de octubre de 2026, muchos años después de aquellos viajes, Otamendi volvió a festejar con la Selección Argentina. Marcó el gol ante Benín y puso su firma en una jornada que quedará como su despedida del equipo nacional. El final llegó de una manera que parece escrita para su historia: con un gol, con una victoria y con la camiseta argentina puesta.

Aquel chico que dormía sobre el hombro de su mamá durante los viajes en colectivo terminó levantando la Copa del Mundo y convirtiendo su último gol con la Selección. Del sueño de El Talar a la gloria de Qatar. De los colectivos junto a Silvia a los estadios del mundo. De aquel primer título con Vélez a las grandes conquistas de la Selección.

Otamendi se va de la Selección, pero deja una historia que comenzó con un viaje interminable y termina, tantos años después, con una pelota dentro del arco y una última celebración. Hay fechas que un futbolista no olvida. Para Nicolás Otamendi, algunas de ellas quedarán para siempre.

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