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La primera vez que vi llorar por un gol

Nací en España, pero aprendí a entender el fútbol —y buena parte de la vida— en la Argentina. La final del Mundial no me enfrenta a dos selecciones: me devuelve al primer gol que vi celebrar entre lágrimas, a la infancia, a Maradona, a Messi y a la certeza de que hay pertenencias que no se eligen en noventa minutos, sino que se escriben durante toda una vida.

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España es el lugar donde nací, que amo y siempre será una parte de mi. Argentina es el lugar donde aprendí quién quería ser.

Todo el mundo me pregunta por quién voy a hinchar el domingo. La respuesta, en realidad, la empecé a escribir hace casi cuarenta años.

Uno de mis primeros recuerdos de la vida es la final del Mundial de México 1986. No recuerdo primero a Maradona levantando la Copa. Recuerdo a mi mundo de adultos llorando.  Era un llanto de felicidad. Pero también era el llanto de muchos argentinos exiliados, radicados en Valencia, España, que todavía no habían podido volver a su país. Algunos ya no tenían el barrio de siempre. Otros ya no tenían a todos sus amigos para abrazar. Aquella tarde, sin saberlo, empecé a darme cuenta que un Mundial podía ser mucho más que fútbol.

A los tres años me habían regalado la camiseta de Maradona en el Barcelona. Después llegaron los potreros, los libros, la comunicación, el periodismo y, con el tiempo, la decisión de cruzar el océano para venir a vivir a la Argentina.

Con los años entendí que no había venido solamente a otro país. Había venido a un lugar donde el fútbol forma parte de la manera de habitar el mundo. Exactamente lo que me pasaba a mí. El fútbol me habitaba. 

Y después entendí que el fulbo es una forma del  Ser argentino. Una forma de hacer la amistad, de enamorarse, de criar a los hijos, de discutir, de abrazarse, de rebelarse frente a lo instituido, de recordar los sueños mas felices que son los de la infancia. 

Soñar en un potrero de tierra, en una cancha barrida por el viento de la Patagonia o en una esquina de cualquier pueblo del país, con ponerse algún día la camiseta de la Selección y levantar una Copa del Mundo.

Creo que por eso terminé escribiendo sobre fútbol. De los seis libros que publiqué, cinco hablan de él. Y en casi todos aparece Maradona, de una u otra manera. Porque Diego terminó siendo mucho más que un futbolista: fue una manera de contar la Argentina. Y Messi hoy, les permite pensar algo parecido a las nuevas generaciones.

España es el lugar donde nací, que amo y siempre será una parte de mi. Argentina es el lugar donde aprendí quién quería ser. 

No hace falta escribir el nombre del equipo. Hay respuestas que se vienen escribiendo toda una vida.

 

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