Mientras el Mundial 2026 concentra la atención del planeta, para Jordi Aguiar Burgos el fútbol continúa siendo una extraordinaria herramienta para interpretar la realidad. No se trata solamente de resultados, figuras o candidatos al título. Detrás de cada partido aparecen debates sobre tecnología, poder, desigualdad, identidad, colonialismo y relaciones internacionales.
El periodista y escritor acaba de concluir una gira de presentaciones de Pelota Manchada por Madrid, Málaga, Valencia y Barcelona, donde la actualidad mundialista terminó convirtiéndose en el complemento ideal para discutir los temas que atraviesan su novela negra: corrupción, inteligencia artificial, apuestas clandestinas, algoritmos y el control del fútbol global.
"La realidad del Mundial va actualizando permanentemente los debates que propone el libro", resume durante una entrevista con el programa Entretiempo por AM550.
Uno de los ejes centrales de Pelota Manchada es el avance de la tecnología sobre el fútbol. La pelota que ilustra la portada de la novela contiene un dispositivo electrónico, una imagen que hoy encuentra un inesperado correlato en el Mundial. "La tecnología aparece con un estatus de verdad casi absoluta. Parece que si una máquina decide, entonces ya no hay discusión. Pero justamente deberíamos empezar a preguntarnos quién controla esos dispositivos y cómo se auditan", sostiene.
Para Aguiar Burgos, el debate no pasa únicamente por el VAR o los sensores incorporados a la pelota. "La cuestión es mucho más profunda. Los seres humanos nos equivocamos, pero la tecnología tampoco es perfecta. Entonces aparece una nueva pregunta: ¿quién controla a quienes controlan la tecnología? Esa discusión recién empieza."
El escritor considera que muchas veces se acepta como incuestionable el veredicto tecnológico sin reparar en que detrás existen algoritmos, empresas, programación y decisiones humanas. "Cuando hablamos de sensores, de inteligencia artificial o de automatización también estamos hablando de poder."
Desde Valencia, donde además aprovechó para reencontrarse con su familia, Aguiar Burgos describe una forma muy distinta de vivir el Mundial respecto de la Argentina. "Es otra cosa. El fútbol en Argentina ocupa un lugar cotidiano. Es cultura, afecto, identidad, una forma de encontrarnos."
La comparación surgió de una experiencia personal. "Estaba con unos amigos en Valencia y algunos iban a mirar el partido, otros tenían una clase de música y otros simplemente seguían con sus actividades. Yo pensaba en Argentina, donde muchas veces todo se detiene para ver jugar a la Selección." Mientras tanto, él optó por repetir un ritual bien argentino. "Me fui al centro de Valencia para encontrarme con otros argentinos y ver el partido con la camiseta puesta. Eso habla de una intensidad distinta."
Sin embargo, reconoce que España mostró argumentos para ilusionarse. "España dejó muy buenas sensaciones y sigue siendo una candidata importante, igual que Francia. Pero el Mundial siempre demuestra que las lógicas del poder no necesariamente terminan imponiéndose."
"El fútbol es el último lugar donde la periferia puede ganarle al centro"
Una de las reflexiones más fuertes del autor aparece cuando analiza las sorpresas que dejó el torneo. La victoria de Paraguay sobre Alemania, las buenas actuaciones de Japón, Cabo Verde y otras selecciones emergentes vuelven a confirmar una idea que atraviesa tanto su mirada periodística como su novela. "El fútbol sigue siendo el último lugar donde la periferia le puede quebrar el brazo al centro."
Aguiar Burgos explica que, a diferencia de las grandes ligas europeas, donde el poder económico suele definir a los campeones, el Mundial todavía conserva espacios para la épica. "Los grandes presupuestos no siempre terminan imponiéndose. En los Mundiales todavía existe un margen para la sorpresa."
Esa lectura excede ampliamente lo deportivo. "Muchos países que fueron colonias, que sufrieron invasiones o procesos históricos de dominación encuentran en el fútbol un espacio de revancha simbólica."
La historia de Bangladesh y el vínculo con Argentina
Durante su paso por Barcelona, el escritor vivió una escena que terminó reforzando esa idea. Después de una presentación de Pelota Manchada en el barrio multicultural del Raval, un mozo comenzó a hablarle en argentino, luego pasó al catalán y finalmente al inglés. El hombre era oriundo de Bangladesh. "Le pregunté por qué en su país había tanto cariño por Argentina y me respondió algo muy simple: durante la guerra por las Islas Malvinas ellos se negaban a llamarlas Falklands. Para ellos siempre fueron Malvinas."
Para Aguiar Burgos, esa conversación resume cómo el fútbol construye vínculos políticos, históricos y emocionales imposibles de explicar únicamente desde el deporte. "Millones de personas de países que fueron colonias inglesas encontraron una identificación muy fuerte con Argentina. Son historias que solamente el fútbol puede generar."
El escritor también cuestiona cierta mirada dominante instalada desde Europa respecto de la supremacía futbolística del continente. "Después de escuchar durante años algunos discursos europeos, la realidad muestra que la Conmebol viene compitiendo de igual a igual y muchas veces superando a las selecciones de la UEFA."
Para él, el Mundial vuelve a equilibrar fuerzas. "Las diferencias económicas existen, pero dentro de la cancha todavía aparece el talento." Y precisamente allí ubica una de las grandes riquezas de esta Copa del Mundo. "El talento termina marcando diferencias. Ahí aparecen Messi, Mbappé, Lamine Yamal, Dembélé, Doué, Olise y tantos otros futbolistas capaces de romper cualquier planificación."
Un Mundial que también habla del presente
En Pelota Manchada, el Mundial funciona como una enorme metáfora de los cambios sociales contemporáneos. La novela, protagonizada por el periodista Joan Ávalos, mezcla asesinatos, apuestas ilegales, inteligencia artificial, operaciones de inteligencia y corrupción internacional alrededor del negocio del fútbol.
Durante las presentaciones realizadas en España, el contexto del Mundial fue enriqueciendo permanentemente el intercambio con los lectores. "El libro es un organismo vivo. La novela es el corazón de un dispositivo que se despliega en distintos soportes y que se va resignificando con la realidad."
Por eso eligió presentar la obra no solamente en librerías, sino también en centros culturales y espacios sociales. En Barcelona, por ejemplo, la actividad se realizó en el barrio del Raval junto a distintos colectivos comunitarios vinculados a la memoria, la solidaridad y la diversidad cultural.
La recorrida por España marcó el cierre de una nueva etapa para la novela. Después de su lanzamiento en Neuquén y de la presentación en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, Aguiar Burgos llevó Pelota Manchada a cuatro ciudades españolas: Madrid, Málaga, Valencia y Barcelona. "Estoy muy feliz porque fueron semanas intensas y con una gran recepción de los lectores."
Las presentaciones reunieron a escritores, periodistas, referentes culturales y lectores interesados en un libro que utiliza el fútbol como punto de partida para discutir algunos de los grandes dilemas contemporáneos.
Pero antes de despedirse deja una reflexión que resume buena parte de los interrogantes abiertos por este Mundial.
"Si los seres humanos nos equivocamos y la tecnología tampoco es perfecta, entonces la gran pregunta es quién va a impartir justicia en el fútbol. Ese debate recién comienza."