En el fútbol hay historias que parecen inventadas. Historias de potrero, sacrificio y sueños imposibles que terminan cruzándose con los gigantes. La de Rogger Morales tiene todo eso. Porque mucho antes de convertirse en el nuevo técnico de Independiente de Neuquén, mucho antes de dirigir selecciones de Lifune o transformarse en referente del fútbol regional, hubo un pibe de Ferri que corría más de diez kilómetros por día para entrenar y que un domingo terminó marcando nada menos que a Diego Armando Maradona.
Ahora, el destino vuelve a ponerlo en el centro de la escena. Independiente de Neuquén, uno de los clubes más grandes e históricos del Alto Valle, lo eligió para conducir al equipo en un momento importante de reconstrucción deportiva tras la salida de Gustavo Coronel.
“Estoy en un club soñado, no pensé que este llamado iba a llegar”, dijo Morales luego de su primer entrenamiento al frente del Rojo. Y la frase no parece un cassette futbolero: su historia demuestra que siempre fue un hombre de desafíos grandes.
La anécdota con Maradona volvió a tomar fuerza en las últimas horas tras su llegada a Independiente. El relato fue reconstruido por el periodista y escritor Sebastián Sánchez en el libro "Un D10S en la Patagonia: Maradona en Neuquén y Río Negro", una obra que recopila historias inolvidables del vínculo entre Diego y la región.
Morales nació prácticamente entre caminos rurales. Su familia llegó desde San Luis y se instaló en Ferri, cuando ese sector cipoleño todavía parecía campo abierto. Desde adolescente comenzó a entrenar en Cipolletti y tomó una decisión que marcaría su carrera: ir trotando desde Ferri hasta La Visera para no faltar nunca a una práctica.
Cinco kilómetros y medio de ida. Lo mismo de vuelta. Lluvia, viento, frío o dolor. Nada lo frenaba.
Mientras muchos soñaban con jugar un Nacional B, Rogger repetía una frase que generaba sonrisas entre sus compañeros:
—Yo voy a jugar en Primera.
Y cumplió.
Primero se ganó un lugar en Cipolletti. Después dio el salto a Huracán, donde terminó siendo capitán y referente de aquel subcampeón del Clausura 94. Pero el momento que lo inmortalizó llegó en 1996. Huracán recibió al Boca de Carlos Bilardo. Ese Boca tenía a Claudio Caniggia, al debutante Juan Sebastián Verón y a un Maradona de 35 años que seguía siendo el centro del fútbol argentino.
A Morales le tocó marcarlo. “Lo que más me llamó la atención fue la actitud ganadora de Maradona. Cómo se enojaba, cómo vivía el partido, cómo quería ganar siempre”, recordó años después el ex volante central, relato que está incluido en el libro.
El partido fue caliente, vibrante, de esos que todavía sobreviven en VHS gastados y recuerdos futboleros. Boca ganaba con un golazo de Verón, pero sobre el final Huracán empató 1 a 1. En el medio hubo una jugada que quedó grabada para siempre en la vida del cipoleño.
Rogger llegó tarde a un cruce y se llevó puesto a Diego, que quedó tirado en el piso y tuvo que salir golpeado.
Después del partido, Maradona explotó en conferencia de prensa y lanzó una frase que Morales jamás olvidaría:
—El burro de Rogger Morales casi me arranca la rodilla...
Rogger estaba mirando Fútbol de Primera en su casa cuando escuchó su nombre en boca de Diego. El corazón se le salió del pecho. No importaba el insulto. Lo había nombrado Maradona.
Tiempo después volvieron a cruzarse en un restaurante y Diego lo saludó con afecto, incluso preguntándole por el Turco García.
Hoy, casi treinta años después de aquella tarde inolvidable, Rogger Morales vuelve a asumir otro desafío fuerte en el fútbol regional. Lo hace desde el banco de Independiente de Neuquén, un club pesado, exigente y con historia.
Pero si algo demuestra su recorrido es que nunca le tuvo miedo a los desafíos imposibles.
Después de todo, el hombre que salió trotando desde Ferri para entrenar terminó marcando a Maradona. Y eso, en el fútbol argentino, ya lo convierte en parte de una historia eterna.