En Australia no solo se juega contra la pelota y el rival. También se compite contra el sol. Y a veces, el calor deja marcas imposibles de disimular. A pocos días del inicio del Abierto de Australia, una imagen difundida por Renata Zarazúa volvió a poner el foco en una problemática recurrente del circuito: las duras condiciones climáticas bajo las que deben rendir los deportistas de alto nivel.
La tenista mexicana compartió en sus redes sociales una foto de su espalda completamente enrojecida y con visibles quemaduras solares luego de disputar un partido en el Hobart International, torneo preparatorio del primer Grand Slam del año. “El sol de Australia no es broma”, escribió Zarazúa, en un mensaje breve pero elocuente que rápidamente se viralizó.
Zarazúa, actual número 84 del ranking WTA, utilizó el certamen de Tasmania como parte de su preparación para Melbourne, donde disputará su tercer Australian Open. Si bien el objetivo deportivo estaba claro, el contexto climático volvió a ser protagonista. Durante la semana, las temperaturas rondaron los 26 grados, pero el factor determinante fue el índice ultravioleta, que alcanzó valores considerados muy altos, un riesgo silencioso que se potencia durante partidos prolongados y con exposición directa al sol.
La imagen de su espalda, especialmente afectada en la zona de los hombros, generó mensajes de apoyo y reabrió el debate sobre los límites físicos y sanitarios en el tenis profesional. Aunque existen protocolos de estrés térmico que permiten pausas o suspensiones cuando el índice de calor supera determinados parámetros, las quemaduras solares y la deshidratación siguen siendo amenazas constantes.
Más allá del impacto visual, el caso de Zarazúa invita a una reflexión más profunda. El tenis de alto rendimiento exige cuerpos al máximo, pero también expone a los jugadores a condiciones que muchas veces rozan lo extremo.
Con la mira puesta en Melbourne, la mexicana buscará recuperarse y extremar los cuidados para lo que viene. El Australian Open promete calor, exigencia y partidos al límite. Y mientras la pelota siga rodando bajo el sol australiano, la discusión sobre la salud de los deportistas seguirá tan vigente como las altas temperaturas.