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Martes 03 de Marzo, Neuquén, Argentina
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Nuevo informe sobre la base militar china en Neuquén: el Congreso de Estados Unidos advirtió que podrían darle uso militar

Un nuevo informe del Comité selecto estadounidense certifica que la estación de Bajada del Agrio opera como nodo de inteligencia de uso civil-militar chino, sin mecanismos de control por parte del Estado argentino.

Por Redacción

Martes, 03 de marzo de 2026 a las 12:40
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Mientras Argentina debate su reposicionamiento geopolítico, el Congreso de los Estados Unidos acaba de publicar un documento que enciende todas las alarmas sobre lo que ocurre en plena Patagonia neuquina. El informe, titulado "Atrayendo a América Latina hacia la órbita de China", señala que la antena de 35 metros instalada en Bajada del Agrio es capaz de "transferir datos a la red central del Ejército chino" y que, pese al acuerdo firmado en 2016 que estipulaba uso exclusivamente civil, "ambas partes no establecieron ningún mecanismo de supervisión". 

En otras palabras: China opera desde suelo argentino una instalación militar sin que el Estado pueda controlarlo, verificarlo ni impedirlo. Un enclave de soberanía limitada en el corazón de la Argentina, construido con paciencia, financiamiento propio y una diplomacia que supo aprovechar cada gobierno dispuesto a mirar para otro lado.

El problema estructural es el concepto de "tecnología dual", que Mejor Informado viene denunciando desde hace años como el núcleo del peligro real que representa esta base: equipos diseñados formalmente para fines científicos civiles que pueden adaptarse, sin modificaciones mayores, para interceptar comunicaciones, rastrear satélites militares o recopilar inteligencia estratégica. 

La gigantesca antena parabólica, aunque oficialmente destinada a misiones como el alunizaje en la cara oculta de la Luna, opera bajo el control exclusivo de la Agencia Estatal China de Lanzamiento, Seguimiento y Control General de Satélites, organismo directamente subordinado al Ejército Popular de Liberación. No es una agencia científica civil con uniforme: es el brazo espacial de las Fuerzas Armadas chinas, funcionando a 250 kilómetros de la capital neuquina. Para colmo, los acuerdos firmados durante el kirchnerismo establecen que para ingresar al predio se requiere "autorización expresa del gobierno chino, mediante solicitud escrita remitida, como mínimo, con tres meses de anticipación". Argentina, en su propio territorio, debe pedir permiso.

Este medio fue pionero en alertar sobre estas implicancias cuando el tema era ignorado por la agenda nacional. Ya en 2023, Mejor Informado reportó cómo la congresista republicana María Elvira Salazar le exigía explicaciones al secretario de Estado Antony Blinken: "El Gobierno argentino no puede ni siquiera visitarla. ¿Qué cree que los chinos están haciendo?", le disparó en pleno Capitolio. 

En abril de 2025, este medio publicó en exclusiva los indicios de una posible segunda etapa de obras, cuando fuentes revelaron que funcionarios chinos habían mencionado durante una visita oficial que estaba "prevista una segunda etapa de expansión" del predio, en un momento en que la relación bilateral se enfriaba aceleradamente por el giro pro-Washington del gobierno de Milei. La hipótesis es inquietante: ante el deterioro del vínculo diplomático, China podría estar apurando la consolidación de su posición estratégica en suelo argentino antes de que el escenario político se lo impida.

El nuevo informe del Congreso estadounidense define a la base de Neuquén, junto a instalaciones similares en San Juan y Santa Cruz, como "nodos de una red coordinada que proporciona información estratégica" a Pekín. Su presidente, John Moolenaar, fue categórico: "China solo está invirtiendo en operaciones espaciales en Latinoamérica para impulsar su agenda y socavar la influencia de Estados Unidos".

Lo que está en juego no es solo una disputa entre potencias: es la soberanía real de Argentina sobre su propio territorio, la seguridad de sus comunicaciones y la capacidad del Estado de saber qué ocurre dentro de sus propias fronteras. Por ahora, la respuesta es simple y preocupante: no lo sabe, y China prefiere que siga siendo así.
 

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