Nos sobran los motivos, escribió Joaquín Sabina hace algún tiempo. Y esa es la situación de Río Negro, que tuvo todo para ser tendencia en la semana que pasó. El fin de semana XXL que sirvió para que repunte la deprimida actividad turística, con las playas de Las Grutas colmadas y Bariloche elegido una vez más por miles de visitantes. También por el cuestionado multimillonario desembolso del municipio de Roca para una Fiesta de la Manzana que intenta competir en nombres de artístas con La Confluencia de Neuquén; o incluso por el delirante pedido de una sindicalista universitaria que pretende no ir a trabajar cuando hace más de 30 grados. Pero no. Nada de eso sirvió. El país habló de la provincia por una sola razón: la banca en el senado de Lorena Villaverde.
Aunque en la sesión no pasó demasiado en torno a la imposibilidad de la empresaria cipoleña de asumir, en los minutos previos se sentó en la banca y tuvo que ser "convencida" para que se vaya. La senadora de La Libertad Avanza, electa por la minoría, cuestionada, impugnada y con el diploma devuelto para revisión, con la certeza de que no iba a poder jurar decidió entrar en la ceremonia. Caminó por el recinto como si nada pasara, saludó, posó, sonrió, y finalmente se sentó en “su” banca con la clara intención de sacarse la foto soñada.
Pero ahí empezó el papelón. Encaprichada como un niño en un kiosco de golosinas, primero se acercó la neuquina Nadia Márquez, compañera libertaria, para avisarle que era mejor que se vaya. La escena fue incómoda: Márquez intentando ser diplomática ante todas las miradas y Villaverde negada a entender, como si pudiera resistir con la mirada lo que leimpedían los papeles.
Sin embargo, el momento verdaderamente explosivo llegó cuando apareció Patricia Bullrich. La presidenta del bloque, quien negoció hasta último momento para revertir el comprotamiento de algunos radicales, quienes aceptan la peluca pero el límite es Vilalverde. La ex ministra de Seguridad no perdió tiempo en sutilezas: fue directo al punto, o a la banca donde estaba sentada la cuestionada dirigente rionegrina. Con gestos severos y voz baja pero filosa, le comunicó que debía retirarse del recinto antes de que esto termine peor y sea expulsada del recinto. Fue prácticamente un ultimátum: "es lo mejor para nosotros", le dijo en relación al bloque que empezó a presidir.
Y ahí se acabó la escena: la dirigente que había entrado desafiando a todo el Senado terminó levantándose en silencio, sin un solo respaldo político, sin un aliado que la acompañara, sin un gesto de contención. Sola en un pasillo cerca de la presidencia, así esperó que finalice la sesión. Mientras Martín Soria y Ana Marks juraban sin sobresaltos, pese al intento de Bullrich de cuestionar al ex diputado por cobrar el seguro de vida de su papá el ex gobernador Carlos Soria, indebido por tratarse de un asesinato.
Ahora, su futuro pende de un hilo. LLA logró que su diploma vuelva a la Comisión de Asuntos Constitucionales que con otra composición más amigable deberá revisar las impugnaciones por antecedentes en Estados Unidos y vínculos con Claudio Ciccarelli, primo y testaferro del narco Fred Machado. Si no obtiene los votos, la banca podría pasar a Enzo Fullone. Un golpe letal para su armado político y una pieza que modificaría el mapa libertario en el Senado. Es que el ex Vialidad Nacional en el distrito Río Negro viró rotundamente hacia el sector de Ánibal Tortoriello, quien no comulga con Villaverde.
Hay un detalle más, su continuidad en la cámara baja está en riesgo. Es que para su asunción en el Senado, renunció a su banca de diputada, decisión que se tratará el recinto el martes. Con el antecedente en el Senado, la rionegrina podría quedarse sin nada.
En resumen: Río Negro pudo ser tapa por turismo récord, por fiestas millonarias con recursos municipales que sirvan para mantener alta la imagen de María Emilia Soria de cara a la gobernación o por caprichos sindicales insólitos de la ex peronista Marina Cepeda. Pero en todos los canales y portales ganó lugar el reality político, protagonizado por una dirigente que quiso sentarse sí o sí y terminó quedándose sin silla antes de que empezara la música.