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Bariloche pone a prueba a Weretilneck y anticipa la pelea por el poder en 2027

Bariloche se convierte en el primer gran test político rumbo a 2027: Weretilneck, Cortés, las alianzas forzadas y un peronismo dividido, bajo la lupa de las urnas.

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Sabado, 31 de octubre de 2026 a las 12:14
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Bariloche elige quince convencionales, pero nadie, ni el que gobierna ni el que aspira a gobernar, vota por artículos e incisos. La ciudad con el padrón más grande de la provincia es el primer termómetro serio antes de 2027. Mide la alianza entre Alberto Weretilneck y Walter Cortés, estrena el matrimonio forzado de La Libertad Avanza con el PRO y expone a un peronismo que llegó a las urnas dividido en tres listas. Además, deja a la vista una Legislatura cada vez más áspera. Y el gobernador, que sabe leer un calendario mejor que casi todos, ya movió su ficha: elecciones desdobladas, en junio, con el petróleo del VMOS en camino y las rutas 22 y 151 como vidriera, aunque la plata para asfaltar todavía no esté en caja.

Vamos por partes. Hay 113.490 electores habilitados, más que en Roca, Cipolletti o Viedma. Se presentan trece listas y solo repartirán bancas aquellas que superen el 5%. Quien gane presidirá la Convención. Pero hay un dato que no figura en ningún acto de campaña: en 2023 votó el 60% del padrón y Cortés ganó con unos 13 mil votos sobre casi 110 mil habilitados. La tercera expresión más votada fue el voto en blanco, con 8.973 sufragios. Con lluvia, frío y el Superclásico a las tres de la tarde, la apatía puede convertirse en la primera minoría. En una elección así, el que moviliza gana y el que no, explica.

¿Por qué Buenos Aires mira? Porque Bariloche es una postal argentina, un ícono que no necesita presentación, y porque en su suelo se cruzan algunos de los nombres que importan. El massismo desembarcó con Sebastián Galmarini (hermano de Malena, esposa de Sergio Massa) y el gobernador bonaerense Axel Kicillof, siguiendo de cerca la campaña. En el campo libertario, la disputa entre Aníbal Tortoriello y Enzo Fullone por quién encabeza el espacio se juega a la vista de Karina Milei, que pidió no anticipar candidaturas. Y el PRO de Macri, como en buena parte de la era Milei, es un simple espectador, pero adentro de la lista. Cuando una elección de convencionales moviliza a esa gente, ya dejó de ser municipal.

Para el oficialismo, la cuenta es simple y brutal. Weretilneck necesita una victoria que no deje dudas, porque una derrota en el principal distrito de la provincia, a meses de definir que irá por un cuarto mandato, sería un mal comienzo del año electoral. Cortés, en cambio, juega por algo más doméstico y también más ambicioso: legitimar su gestión y quedarse con la pluma para escribir las reglas locales de los próximos veinte años. La alianza se sostiene en una necesidad compartida, no en la confianza.

Para La Libertad Avanza y el PRO, el desafío es otro. Lo que en 2025 rompió Juan Martín y que empezó a ser la debacle política de Lorena Villaverde, hoy sale a probarse en una misma boleta, con Martín Govetto al frente y Fullone a cargo del armado. Es un ensayo de lo que quieren ser en 2027. Si funciona, consolida el camino a tomar para un frente competitivo. Si falla, la interna les va a pasar la factura. Tortoriello, hoy considerado un rival peligroso, mira con atención, aunque su participación en la campaña fue casi nula.

El peronismo, por su parte, muestra en Bariloche lo mismo que a nivel provincial y nacional: la falta de unidad es evidente. A la elección de convencionales llega con tres listas. Fuerza Bariloche, de Andrea Galaverna, que recibió el tibio apoyo de María Emilia Soria; el Frente Renovador, junto a Sumar y SUR, de Alejo Ramos Mejía; y la lista del exdiputado y funcionario kirchnerista Osvaldo Nemirovsci. Tres boletas para un mismo electorado. Es difícil construir una candidatura provincial de la intendenta de Roca sobre una base que ni siquiera logra ponerse de acuerdo en la ciudad más grande.

A todo esto, la Legislatura ofreció una escena que retrata el clima político. Marcela Abdala y Daniel Sanguinetti, que se fueron de Juntos Somos Río Negro, pidieron licencia para no estar presentes el jueves en la sesión y se las negaron. Se excusaron de ir a Viedma y se quedaron haciendo cmapaña en Bariloche. A Lorena Matzen (UCR) y a Roberta Scavo (PRO), en cambio, se las aprobaron sin ruido. El oficialismo habló de "ñoquis". Del otro lado, un micrófono abierto dejó escapar un insulto indigno de una banca. Entre acusaciones de falta de democracia y alegatos sobre una república "más viva que nunca", lo único que quedó claro es que nadie estaba hablando de la Carta Orgánica. Se discutía otra cosa: quién cuenta los votos de 2027.

Y ahí entra la fecha. Apenas dos días antes de abrir las urnas, Weretilneck anunció que las provinciales serán a mitad de año y no en abril, como se comentaba en los pasillos. "Campaña en mayo, elecciones en junio", resumió. Las razones que dio son atendibles: temporada frutícola, Semana Santa y comienzo de clases. Pero la política rara vez se explica con una sola causa. Junio le permite mostrar los primeros barriles del VMOS rumbo al Atlántico. Y también le da tiempo para exhibir respuestas en las rutas 22 y 151, que desde el jueves la provincia administra parcialmente. Hay que decir lo que falta: por ahora, solo cuenta con el aporte de Oldelval y fondos propios, mientras que los 60 millones de dólares del préstamo de Fonplata todavía no fueron otorgados. Anunciar es fácil. Pavimentar es otra cosa.

También hay un efecto de agenda. Fijar la fecha antes del domingo es una manera de decir que, pase lo que pase en Bariloche, el reloj lo maneja él. Ganar le sirve para mostrar músculo. Y en caso de perder, para que el golpe no cambie el calendario. Es una jugada de quien sabe que el que fija la fecha ya empezó a ganar tiempo.

El Nahuel Huapi no vota. Pero devuelve, quieto y frío, el rostro de quien se asoma a mirarlo. Este domingo se asoman todos: el que gobierna, el que sueña con gobernar y el que todavía no sabe si va a ser parte. El lago devuelve lo que ve. Las urnas, también.

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