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Una batalla silenciosa contra el narcotráfico que empieza a dar resultados

La provincia de Neuquén se consolida como un referente nacional en la lucha contra el narcotráfico a partir de una estrategia que combina inversión, articulación institucional y decisión política. Los recientes operativos y el fortalecimiento del sistema forense muestran un cambio de paradigma en materia de seguridad.

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La pelea contra el narcotráfico ya es una prioridad en Neuquén.

Durante años, el narcotráfico parecía un problema lejano para Neuquén. Una amenaza asociada a grandes centros urbanos o a zonas fronterizas ajenas a la dinámica patagónica. Pero la realidad cambió. El crecimiento demográfico acelerado, el desarrollo económico vinculado a Vaca Muerta y la circulación constante de personas y dinero transformaron a la provincia en un territorio estratégico para las organizaciones criminales.

Frente a ese escenario, el Estado neuquino decidió avanzar hacia una política más integral y profesional en materia de seguridad. Los resultados empiezan a ser visibles.

La realización en Neuquén de la XIV Jornada Interinstitucional de la Red Federal de Laboratorios Antidrogas no es un dato menor ni un simple evento técnico. Que funcionarios nacionales, representantes judiciales y organismos internacionales destaquen a la provincia como un “referente nacional” en la lucha contra el narcotráfico implica un reconocimiento político e institucional que hace pocos años parecía impensado.

Detrás de ese reconocimiento existe una estrategia concreta. La desfederalización de la persecución del microtráfico permitió agilizar investigaciones, fortalecer el trabajo de fiscales provinciales y darle a la Policía del Neuquén herramientas más dinámicas para intervenir en barrios y puntos de venta de droga.

Los operativos resonantes realizados en los últimos meses (la desarticulación de una importante casa de venta de droga en Chos Malal y el secuestro récord de casi 10 kilos de droga en San Martín de los Andes, ambos en abril, por dar un ejemplo) muestran justamente ese cambio de enfoque. Allanamientos simultáneos, secuestro de drogas sintéticas, desarticulación de kioscos narco y procedimientos vinculados al lavado de activos comenzaron a formar parte de una agenda de seguridad mucho más activa y visible para la sociedad neuquina.

La desfederalización de la persecución del microtráfico permitió agilizar investigaciones, fortalecer el trabajo de fiscales provinciales y darle a la Policía del Neuquén herramientas más dinámicas para intervenir en barrios y puntos de venta de droga.

No se trata únicamente de estadísticas. Detrás de cada operativo hay una señal política: el narcotráfico dejó de ser un fenómeno subestimado.

La decisión de invertir en tecnología forense también marca una diferencia importante. El anuncio de un laboratorio con estándares internacionales y nuevas herramientas de reconstrucción digital coloca a Neuquén en una posición de avanzada dentro del país. En tiempos donde las organizaciones criminales utilizan redes, logística sofisticada y nuevas sustancias psicoactivas, combatir el delito con estructuras obsoletas ya no alcanza.

La advertencia realizada por la vocal del TSJ, María Soledad Gennari, resulta clave: el narcotráfico mutó, se volvió más complejo y más difícil de detectar. Por eso la capacitación constante, la inteligencia criminal y el análisis científico son hoy tan importantes como el despliegue policial.

También hay otro aspecto que merece destacarse: la articulación institucional. Históricamente, uno de los principales problemas en la lucha contra el narcotráfico en Argentina fue la fragmentación entre fuerzas de seguridad, justicia provincial, justicia federal y organismos nacionales. Neuquén parece haber entendido que la única forma de enfrentar estructuras criminales es trabajando de manera coordinada.

El reconocimiento realizado por autoridades nacionales y por representantes de Naciones Unidas confirma que existe un modelo neuquino que empieza a llamar la atención. Un modelo que combina decisión política, inversión tecnológica y coordinación judicial.

Claro que el desafío recién comienza. El crecimiento económico de la región seguirá atrayendo redes delictivas que buscan expandirse en territorios donde circula dinero, actividad comercial y consumo. La pelea contra el narcotráfico nunca es definitiva ni admite triunfalismos.

Pero en una Argentina donde muchas veces la discusión sobre seguridad queda atrapada entre slogans vacíos y peleas políticas, Neuquén parece haber elegido otro camino: construir capacidades reales.

La batalla contra el narcotráfico no se gana solamente con discursos duros. Se gana con inteligencia, con prevención, con investigación y con un Estado presente que entienda que la seguridad ya no puede improvisarse. En ese camino, Neuquén empieza a posicionarse como una referencia nacional.

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