En Plottier ya no alcanza con hablar en general porque cuando todo el mundo sabe lo que pasa, el silencio también tiene responsables. Y esos responsables tienen nombre y cargo. El intendente, Luis Bertolini, al que le formularán cargos el 13 de abril a las 11 de la mañana al igual que la subsecretaria de Hacienda, Carina Castro y al empresario socio del hijo de Castro. Sí, hay que decirlo. Porque cuando hay dudas sobre cómo se manejan los recursosm cuando hay vecinos que denuncian discrecionalidad, acomodos y favoritismos, la responsabilidad no es del aire.
El fiscal Pablo Vignaroli explicó que a partir del análisis de información bancaria se constató que la comuna habría continuado realizando pagos a un proveedor investigado —identificado como Vilches— incluso después de iniciados los procedimientos judiciales. Por esto la responsabilidad es política y es directa. Porque el manejo de fondos públicos y el control de cómo se asignan no pasa por un puntero suelto en un barrio. Pasa por decisiones que bajan desde arriba. El proveedor imputado habría sido contratado para una amplia variedad de servicios y bienes, que van desde aire acondicionado y colchones hasta medicación veterinaria y tareas de barrido. Durante el procedimiento, además el fiscal tomó declaración a una empleada municipal que cumple funciones en procesos administrativos.
La testigo indicó que en sus 13 años de trabajo no había registrado contrataciones de ese tipo y afirmó que la inclusión del proveedor respondía a “directivas de arriba”, ya que no figuraba en los registros habituales de proveedores. Entonces la pregunta es incómoda, pero inevitable: ¿El intendente Bertolini no sabe lo que está pasando? ¿O lo sabe y lo permite? ¿La subsecretaria Castro no ve cómo se distribuyen los recursos? ¿O es parte de un sistema que decide quién accede y quién queda afuera?
Porque en Plottier hay algo que ya no cierra. No cierra que haya vecinos que esperan meses mientras otros aparecen de un día para el otro. No cierra que la ayuda social dependa más de contactos que de necesidad Y cuando eso pasa no es desorden, es un sistema. Un sistema donde la necesidad se convierte en herramienta política. Donde el Estado deja de ser garantía de derechos para transformarse en un filtro manejado por pocos. Y ahí es donde el poder queda expuesto porque gobernar no es repartir favores. Administrar no es elegir a dedo y la plata pública no es propiedad de ningún funcionario.
Plottier necesita respuestas, claridad y transparencia. Necesita saber quién cobra, por qué cobra y bajo qué criterio. Y necesita que sus autoridades —Bertolini y Castro— dejen de mirar para otro lado y empiecen a dar explicaciones. Porque en política a esta altura, ya no alcanza con decir “no sabía”. A veces no saber también es una forma de ser responsable.
En Plottier ya no hay margen para la ingenuidad. Acá no hay errores. No hay desprolijidades. Hay un sistema. Un sistema donde la necesidad de la gente se administra y el poder se reparte. Eso es conducción y gobernar es hacerse cargo, no mirar para otro lado. No simular que todo funciona mientras en la calle la bronca crece. Porque el vecino ya entendió algo que en el poder todavía no quieren admitir: que en Plottier la necesidad se usa. Se usa para ordenar, se usa para disciplinar, se usa para construir poder y eso tiene responsables.
Porque nadie cree, a esta altura, que todo esto pasa sin que el intendente lo sepa. Nadie cree que Hacienda no tenga control sobre cómo se mueven los recursos. Entonces basta de excusas. Si no lo ven es porque no lo quieren ver y si lo ven y no actúan es peor, mucho peor. Porque ahí ya no hablamos de desorden hablamos de una decisión: dejar que el sistema siga funcionando. Un sistema donde algunos deciden y muchos dependen. Donde el Estado no iguala sino que condiciona y eso en cualquier lugar serio tendría consecuencias políticas inmediatas.
Pero en Plottier todavía se apuesta al silencio. Un silencio cómodo, un silencio que protege, un silencio que también gobierna. Por eso hoy la discusión no es técnica y no es administrativa, es moral. Es saber si quienes están al frente del municipio van a seguir administrando la necesidad o van a empezar de una vez por todas a garantizar derechos. Porque la paciencia de la gente no es infinita y cuando la confianza se rompe no hay relato que la arregle.