Una eventual solución al conflicto en Medio Oriente podría generar una baja en los precios internacionales del petróleo, el gas natural licuado (GNL) y el gas licuado de petróleo (GLP), aunque sin eliminar las tensiones derivadas de la necesidad de recomponer inventarios globales. En ese contexto, especialistas consideran que Vaca Muerta podría consolidar su posicionamiento como una alternativa estratégica para el abastecimiento energético mundial.
Así lo afirmó Roberto Carnicer, director del Instituto de Energía de la Universidad Austral, quien sostuvo que una eventual paz reduciría la denominada "prima geopolítica" que hoy impacta sobre los mercados energéticos, pero no resolvería de manera inmediata los problemas logísticos, contractuales y de abastecimiento generados durante la crisis.
Según el especialista, el petróleo sería el primero en reflejar una corrección de precios. De alcanzarse un acuerdo creíble, el barril de Brent podría abandonar los valores asociados a un escenario de máxima tensión en el estrecho de Ormuz y regresar a niveles más moderados. Sin embargo, la necesidad de reconstruir inventarios impediría una caída abrupta de las cotizaciones.
Para Argentina, el escenario abre una ventana de oportunidad. La crisis energética internacional volvió a poner en valor la seguridad de suministro, un factor cada vez más relevante para importadores y grandes consumidores de energía. En ese marco, Vaca Muerta aparece como uno de los activos energéticos con mayor potencial para diversificar las fuentes globales de abastecimiento.
Carnicer destacó que los compradores internacionales ya no evalúan únicamente el precio de los recursos, sino también la estabilidad política, la confiabilidad contractual y la capacidad de garantizar entregas sostenidas en el tiempo. Esa tendencia podría favorecer a los proyectos argentinos de exportación de petróleo y gas, particularmente aquellos vinculados al desarrollo de infraestructura para acceder a mercados internacionales.
No obstante, el especialista advirtió que el potencial de Vaca Muerta dependerá de la capacidad del país para acelerar inversiones en obras estratégicas, almacenamiento, terminales portuarias y ampliación de la capacidad de transporte. La competitividad futura no estará determinada únicamente por la abundancia de recursos, sino también por la posibilidad de ofrecer seguridad y previsibilidad a largo plazo.
En el caso del GNL, la recomposición de inventarios en Europa y Asia mantendría una demanda sostenida durante los próximos meses, aun cuando disminuyan los riesgos geopolíticos. Ese contexto podría fortalecer las perspectivas de proyectos exportadores argentinos orientados a abastecer mercados que buscan reducir su dependencia de regiones históricamente inestables.
Para Carnicer, la principal enseñanza de la crisis es que la seguridad energética adquirió un valor económico propio. Por eso, aun en un escenario de paz, la reconstrucción de inventarios y la búsqueda de proveedores confiables seguirán siendo factores centrales para el mercado mundial. En ese proceso, Vaca Muerta podría transformarse en uno de los principales beneficiarios de una nueva etapa del comercio energético internacional.