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Martes 14 de Abril, Neuquén, Argentina
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El shale ya explica el 70% de la producción y podría llegar al 85% antes de 2030, según Morgan Stanley

El banco extranjero pone a Vaca Muerta en modo exportador: el shale ya domina y promete una lluvia de dólares.

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El boom del shale en Vaca Muerta dejó de ser una promesa y se transformó en el eje del nuevo modelo energético argentino. Según un informe de Morgan Stanley, el país atraviesa una transformación estructural que lo está convirtiendo en un exportador neto de energía, con impacto directo en la generación de divisas y las cuentas externas.

El dato más contundente es el cambio en la matriz productiva: hoy el petróleo no convencional ya representa cerca del 70% de la producción total de crudo, cuando en 2018 apenas alcanzaba el 18%. La proyección del banco es aún más ambiciosa: ese peso podría escalar hasta casi el 85% hacia el final de la década, consolidando el dominio absoluto del shale en la industria.

Detrás de ese salto hay una aceleración inédita en la producción. En los últimos siete años, el output petrolero creció alrededor de 60%, mientras que el segmento no convencional se multiplicó más de seis veces desde 2018. Para Morgan Stanley, este crecimiento no solo refleja la calidad del recurso, sino también mejoras sostenidas en productividad, eficiencia operativa y capacidad técnica en la cuenca neuquina.

El impacto ya se siente en el frente externo. Argentina pasó de ser un país limitado por su oferta energética a uno estructuralmente orientado a exportar.

En ese nuevo esquema, prácticamente cada barril incremental producido se vuelca al mercado internacional. Como resultado, las exportaciones de crudo alcanzaron unos 275.000 barriles diarios en 2025, con un salto del 42% interanual y más de cuatro veces los niveles registrados en 2018.

Ese cambio de escala permitió revertir uno de los históricos desequilibrios de la economía argentina. El sector energético pasó de un déficit comercial de US$ 4.400 millones en 2022 a un superávit de US$ 7.800 millones en 2025. La combinación de mayores exportaciones y menor dependencia de importaciones energéticas empieza así a redefinir el balance externo del país.

Las proyecciones hacia adelante refuerzan esa tendencia. Para 2026, el banco estima un crecimiento de la producción petrolera cercano al 12% interanual, lo que llevaría el superávit energético a un récord de aproximadamente US$ 13.200 millones. En ese escenario, el petróleo se consolida como una de las principales fuentes de ingreso de divisas de la economía.

El informe también introduce una variable clave: la sensibilidad a los precios internacionales. Con un escenario base de Brent en torno a US$89 por barril, cada incremento adicional de US$10 podría sumar alrededor de US$1.300 millones anuales en ingresos para el país. Esto vuelve a la Argentina especialmente sensible —y potencialmente beneficiaria— de las tensiones geopolíticas globales.

Otro de los factores determinantes detrás del salto del shale es el cambio en las reglas de juego. Morgan Stanley destaca que la liberalización del mercado cambiario y la implementación del régimen de incentivos a grandes inversiones (RIGI) mejoraron sustancialmente las condiciones para el desarrollo del sector.

Según el banco, estas medidas redujeron riesgos históricos asociados a la repatriación de capital, aumentaron la confianza de inversores internacionales y dinamizaron la cadena de servicios petroleros. El resultado fue una mayor competencia, caída de costos operativos y mejoras en la eficiencia, factores clave para acelerar la actividad en Vaca Muerta.

En paralelo, el crecimiento del shale obligó a reconfigurar la infraestructura y la logística del sector. Oleoductos, capacidad de transporte y esquemas comerciales comenzaron a adaptarse a un modelo donde el cuello de botella ya no es la producción, sino la capacidad de evacuar y exportar el crudo.

Si bien el petróleo aparece como el motor inmediato de esta transformación, el informe también señala un segundo vector de crecimiento: el gas natural licuado (LNG). Los proyectos en análisis podrían abrir una nueva etapa exportadora, aunque su impacto relevante recién se espera a partir de 2027, cuando entren en operación las primeras fases.

En ese horizonte, YPF juega un rol central como impulsor de los proyectos de licuefacción, con capacidad para conectar los recursos de Vaca Muerta con mercados globales como Europa y Asia.

Con este escenario, Morgan Stanley concluye que la Argentina está dejando atrás su histórica restricción energética para convertirse en un actor relevante en el mapa global de hidrocarburos. Más producción, más exportaciones y más dólares: el shale no solo redefine al sector, sino que empieza a reconfigurar el perfil macroeconómico del país.

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