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Martes 07 de Abril, Neuquén, Argentina
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El shale y el offshore neuquino consolidan a América Latina como actor clave del upstream global

América Latina gana peso en el upstream mundial con el petróleo y gas no convencional de Vaca Muerta y el auge offshore, pero enfrenta riesgos regulatorios.

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América Latina se afirma como uno de los territorios más relevantes para el futuro del upstream global, apalancada en dos grandes motores: el desarrollo offshore, liderado por Brasil y Guyana, y el crecimiento del shale, con Vaca Muerta como principal exponente. Así lo destaca el último informe de la consultora Global Energy, que ubica a la región en una posición estratégica dentro del nuevo mapa energético.

En un contexto internacional atravesado por la volatilidad de precios, la disciplina de capital y la necesidad de diversificar la oferta fuera de la OPEP+, la región gana protagonismo. En 2025, América Latina concentró cerca del 11% de la inversión global en upstream y, de acuerdo con las proyecciones del informe, podría captar hasta el 30% del capex offshore hacia 2030, reflejando el peso creciente de sus recursos.

El offshore se consolida como uno de los grandes vectores de expansión. Brasil encabeza este proceso con el desarrollo sostenido del presal y nuevas fronteras exploratorias, mientras que Guyana se posiciona como el caso de crecimiento más acelerado del mundo, con aumentos de producción que reconfiguran el equilibrio energético global. Ambos países explican buena parte del dinamismo regional en producción convencional.

Pero el informe de Global Energy pone especial énfasis en el rol del shale como complemento estratégico, y allí Argentina ocupa un lugar central. Vaca Muerta se consolida como el activo no convencional más relevante fuera de Estados Unidos y como la principal apuesta onshore de América Latina para el largo plazo.

El desarrollo del shale neuquino no solo impulsa la producción argentina, sino que también introduce mayor diversidad en la matriz regional, tradicionalmente dominada por proyectos offshore.

Las proyecciones indican que Vaca Muerta podría superar los 900.000 barriles diarios hacia 2030, posicionándose como uno de los polos de crecimiento más importantes a nivel global.

Sin embargo, el informe advierte que el potencial técnico no es suficiente. El principal desafío para Argentina —y en particular para el desarrollo de Vaca Muerta— radica en la estabilidad regulatoria y macroeconómica. Aunque iniciativas como el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) buscan mejorar el clima de inversión, persisten dudas sobre la consistencia de las reglas de juego a largo plazo.

La industria del shale exige condiciones muy específicas: acceso sostenido a financiamiento, estabilidad cambiaria, libre disponibilidad de divisas y marcos regulatorios previsibles. A esto se suma la necesidad de ampliar infraestructura clave, como oleoductos, capacidad de transporte y facilidades de exportación, para evitar cuellos de botella que limiten el crecimiento.

En paralelo, el resto de la región enfrenta sus propios desafíos. México continúa con dificultades para sostener su producción ante la falta de inversión y limitaciones operativas, mientras que Venezuela sigue condicionada por su crisis estructural. Colombia, por su parte, introduce incertidumbre con señales regulatorias mixtas hacia el sector hidrocarburífero.

En este escenario, América Latina presenta una combinación única: abundancia de recursos, costos competitivos y creciente relevancia estratégica, pero también volatilidad política y marcos regulatorios heterogéneos. El equilibrio entre estos factores será determinante.

El informe de Global Energy concluye que el futuro del upstream regional dependerá de la capacidad de articular ambos motores —offshore y shale— bajo condiciones de inversión estables. En ese esquema, Vaca Muerta no solo es clave para Argentina, sino también para el posicionamiento de América Latina como proveedor confiable de energía en el escenario global.

Los próximos años serán decisivos: si la región logra consolidar reglas claras y sostener el flujo de inversiones, podría transformarse en uno de los pilares del suministro energético mundial. De lo contrario, el potencial seguirá siendo tan evidente como esquivo.

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