La reivindicación de la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas volvió a ocupar un lugar central en el discurso de Javier Milei, quien durante la cadena nacional del jueves 3 de septiembre anunció nuevas medidas frente a las actividades de actores extranjeros en las cercanías del archipiélago, especialmente en materia de hidrocarburos y pesca.
Entre los anuncios se encuentran nuevas herramientas para sancionar actividades vinculadas con la explotación de recursos, una Base Naval Integrada en Tierra del Fuego y un nuevo Consejo de Seguridad Nacional.
Para Mario Flores Monje, integrante de la Comisión de Familiares de Caídos en Malvinas de Neuquén y licenciado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, el problema central no está solamente en crear nuevas leyes u organismos, sino en contar con la capacidad necesaria para hacer efectiva la política de soberanía.
“La ley no alcanza”
Flores Monje sostiene que la Argentina ya implementó en el pasado leyes y medidas destinadas a sancionar a quienes exploren o exploten recursos del Atlántico Sur sin autorización, pero que esas herramientas tuvieron resultados limitados.
El problema, según su análisis, es que “una sanción que no puede hacerse efectiva es una expresión de voluntad más que una herramienta de poder”.
En ese sentido, considera difícil que el problema pueda resolverse únicamente endureciendo penas o creando nuevos mecanismos jurídicos.
Sobre el anuncio de la Base Naval Integrada en Tierra del Fuego, Flores Monje considera necesaria una mayor presencia argentina en el extremo sur, aunque advierte que una infraestructura de este tipo requiere mucho más que edificios y muelles. “Una base naval necesita buques, aeronaves, radares, personal, mantenimiento y presupuesto para operar”, plantea.
Para Flores Monje, sin esos recursos una obra de infraestructura no necesariamente se transforma en una verdadera herramienta de soberanía.
También expresa dudas sobre la posibilidad de que esa infraestructura pueda terminar vinculada a Estados Unidos, en el marco de la estrecha relación entre Milei y Donald Trump. La pregunta, plantea, es si eso significaría realmente fortalecer la capacidad soberana argentina.
Sobre el anuncio de la Base Naval Integrada en Tierra del Fuego, Flores Monje considera necesaria una mayor presencia argentina en el extremo sur, aunque advierte que una infraestructura de este tipo requiere mucho más que edificios y muelles. “Una base naval necesita buques, aeronaves, radares, personal, mantenimiento y presupuesto para operar”, plantea.
Ciencia y tecnología, otra batalla
Uno de los puntos centrales de su análisis está puesto en un aspecto menos habitual de la discusión sobre Malvinas: la ciencia y el conocimiento como herramientas de soberanía. Flores Monje destaca el uso de inteligencia artificial por parte del British Antarctic Survey para estudiar el fondo del mar, identificar especies y conocer los recursos del Atlántico Sur.
A su entender, la Argentina debería desarrollar capacidades propias en ese campo. “Quien mapea el fondo del mar, identifica sus recursos y desarrolla la tecnología para estudiarlos está construyendo capacidades que mañana pueden tener consecuencias económicas, científicas y estratégicas”, sostiene.
Para Flores Monje, los anuncios de Milei tienen un punto en común: sancionar, construir y crear organismos no garantiza por sí mismo mayor soberanía. El desafío, plantea, es sostener una política de Estado que combine capacidades económicas, diplomáticas, científicas y militares. “La Argentina no necesita más anuncios sobre Malvinas. Necesita que esos anuncios se conviertan en poder efectivo”, resume.
“La Argentina necesita poder efectivo”
Para Flores Monje, los anuncios de Milei tienen un punto en común: sancionar, construir y crear organismos no garantiza por sí mismo mayor soberanía. El desafío, plantea, es sostener una política de Estado que combine capacidades económicas, diplomáticas, científicas y militares.
“La Argentina no necesita más anuncios sobre Malvinas. Necesita que esos anuncios se conviertan en poder efectivo”, resume.
En su mirada, romper con el pasado no significa solamente anunciar nuevas medidas, sino lograr que el Estado argentino tenga las capacidades necesarias para hacerlas cumplir.
"La ironía inicial adquiere todo su sentido: un gobierno que llegó al poder prometiendo que la historia no volvería a repetirse podría terminar demostrando que, cuando no cambian las capacidades del Estado, tampoco cambian demasiado sus resultados". concluye.