En el Norte neuquino, la fe también se expresa a través de las manos. Pedro Tijerina, vecino de Andacollo, encontró en la artesanía una manera de manifestar su devoción y compartirla con otras personas. Lo que comenzó como una búsqueda personal se convirtió en una tarea solidaria: elabora crucifijos que entrega a capillas de la región y a chicos que reciben la primera comunión. Una de sus creaciones llegó hasta el Vaticano y dio lugar a un intercambio que guarda como uno de los momentos más importantes de su vida.
La historia de Tijerina fue difundida por el Gobierno de Neuquén en el marco de la promoción del Camino de la Fe. El artesano encontró en su devoción por Ceferino Namuncurá la inspiración para realizar sus piezas. Según contó, mientras trabajaba con una piedra descubrió en ella lo que interpretó como el rostro del beato y, desde entonces, decidió hacer crucifijos para regalar en lugar de venderlos.
“Para mí hacer crucifijos para las capillas significa mucho y es devolver un poco de lo que nos da Dios día a día”, expresó Pedro. Sus trabajos se convirtieron así en una forma de acompañar a las comunidades religiosas del norte neuquino y dejar una huella en los lugares donde se celebran encuentros y ceremonias.
Uno de esos crucifijos emprendió un viaje de miles de kilómetros cuando el sacerdote Diego Canales viajó al Vaticano junto a personas vinculadas con la vida religiosa de la región. Tijerina quiso estar presente de alguna manera y le entregó una de sus artesanías para que llegara a destino. En ese viaje también se buscó dar visibilidad a la historia de los bautizadores, hombres y mujeres que durante generaciones acompañaron la fe de las comunidades rurales donde no siempre había sacerdotes.
El viaje tuvo un desenlace inesperado para el artesano. A través del padre Canales recibió un crucifijo del papa Francisco, que conserva como un tesoro personal y lleva todos los días en el cuello. “No esperaba el buen gesto del papa Francisco. Tener un crucifijo que tiene grabado el Padre Nuestro es lo más lindo que me pasó”, contó. El intercambio convirtió una artesanía nacida en Andacollo en parte de una historia que conecta al norte neuquino con el Vaticano.
La experiencia de Tijerina refleja el sentido del Camino de la Fe, un recorrido de más de 800 kilómetros que conecta sitios religiosos, capillas, monumentos y comunidades desde Ailinco hasta Villa La Angostura. Más allá de los templos y los paisajes, el circuito también busca poner en valor las tradiciones y las personas que mantienen viva la identidad espiritual de la provincia. En ese camino, los crucifijos de Pedro llevan consigo una historia de devoción, solidaridad y pertenencia.