Las pruebas genéticas confirmaron que los restos humanos encontrados en inmediaciones del cementerio de Lamarque pertenecen a Kevin Hernández. El joven de 26 años que había desaparecido el 22 de febrero y que fue buscado durante más de seis meses con operativos terrestres, perros rastreadores, drones, buzos tácticos y rastrillajes en chacras, canales y la costa del río Negro. Ahora, con la identidad científicamente confirmada, la investigación entra en una etapa todavía más delicada: reconstruir qué pasó y cómo terminó muerto en una acequia ubicada a pocos metros de sectores que ya habían sido recorridos durante la búsqueda.
Desde la desaparición, a la confirmación genética
Kevin fue visto por última vez durante la noche del 22 de febrero en Lamarque. Desde ese momento comenzó una búsqueda que, con el paso de los días, fue creciendo en intensidad y también en interrogantes. La denuncia activó el operativo y distintas unidades comenzaron a recorrer la localidad, zonas rurales, chacras, canales, el cementerio y sectores cercanos al río Negro. También se realizaron entrevistas, allanamientos y rastrillajes en distintos puntos de la localidad.
Con el correr de las jornadas aparecieron los primeros indicios que llevaron la búsqueda hacia los desagües. Los perros adiestrados marcaron un sector y obligaron a concentrar los esfuerzos en esa zona. Después llegaron más canes, personal especializado, efectivos del COER, brigadas rurales y drones. En uno de esos procedimientos también apareció un cuchillo semienterrado cerca del río y otros elementos que fueron secuestrados para ser sometidos a pericias.
Pero la búsqueda no se limitó a tierra firme. También hubo rastrillajes sobre la costa del río Negro, con drones desde el aire y un buzo táctico revisando sectores de mayor profundidad y lugares donde podían quedar atrapados objetos. Participaron efectivos de Lamarque, Villa Regina y Choele Choel, además de brigadas de investigaciones y personal de distintas unidades policiales. El despliegue fue creciendo mientras los días sin noticias se transformaban en semanas y después en meses.
Incluso la comunidad se involucró de manera directa. Hubo movilizaciones frente a la comisaría y el municipio para reclamar por la aparición de Kevin, mientras la familia mantenía visible el pedido de ayuda. La desaparición generó tal conmoción en Lamarque que la Municipalidad decidió suspender la Fiesta Nacional del Tomate de ese año. Mientras tanto, la búsqueda continuaba sin que apareciera una pista capaz de responder dónde estaba el joven.
Y entonces, el 9 de septiembre, más de seis meses después de la desaparición, apareció un cuerpo en un lugar que volvió a poner todas las miradas sobre el caso. Estaba dentro de una acequia, en inmediaciones del cementerio de Lamarque, en un sector cubierto por abundante vegetación y de difícil acceso. Los restos se encontraban en avanzado estado de descomposición y había partes óseas dispersas en un perímetro de unos cinco metros.
La primera sospecha fue inmediata. La ropa y el calzado encontrados junto a los restos presentaban coincidencias con las prendas que Kevin llevaba cuando desapareció. Después, durante las diligencias judiciales, la familia reconoció distintas pertenencias, entre ellas una remera, ropa interior y las zapatillas. También aparecieron señas particulares que reforzaron la identificación: los médicos forenses habían advertido tatuajes en los brazos de los restos.
Sin embargo, había que esperar una prueba que no dejara lugar a dudas. Por el avanzado estado de descomposición no fue posible obtener huellas dactilares, por lo que las muestras biológicas fueron enviadas al Laboratorio Regional de Genética Forense del Ministerio Público, en Bariloche. Allí se realizó el cotejo entre el material obtenido de los restos y la muestra aportada por la madre del joven. La confirmación genética terminó de cerrar la primera gran incógnita: el cuerpo era el de Kevin Hernández.
¿Cómo murió Kevin Hernández?
Ahora bien, confirmar quién era no significa haber explicado cómo murió. Ese es el nuevo capítulo de una investigación que todavía tiene demasiadas preguntas abiertas. En las primeras informaciones que trascendieron a partir del informe preliminar de autopsia se indicó que el mecanismo de muerte habría sido el ahorcamiento. Ese dato deberá ser analizado junto con el resto de las pericias y, especialmente, con las circunstancias en las que fueron encontrados los restos.
Además, el lugar del hallazgo volvió a generar interrogantes. La acequia cercana al cementerio no era un punto desconocido para quienes participaron de la búsqueda. La zona ya había sido recorrida durante los operativos realizados meses atrás, algo que fue cuestionado públicamente por los abogados de la familia. La pregunta es inevitable: ¿cómo pudo aparecer allí, más de seis meses después, el cuerpo de un joven buscado durante tanto tiempo?
La querella, a cargo de los abogados Sergio Heredia y Leandro Aparicio, los mismos que lograron la condena contra los policías que mataron a Daniel Solano, sostienen una hipótesis mucho más grave y afirma que Kevin habría sido asesinado y que su cuerpo pudo haber sido trasladado y colocado posteriormente en el lugar donde fue encontrado. También reclamó que se profundicen las medidas para establecer quiénes pudieron estar involucrados. Esa postura pertenece a los representantes de la familia y deberá ser probada dentro de la investigación judicial.
Por eso, la confirmación genética no cierra el caso Kevin Hernández. En realidad, abre la etapa más importante de la investigación. Después de más de siete meses de incertidumbre, ya no hay dudas sobre la identidad de los restos. Ahora la Justicia deberá reconstruir las últimas horas del joven, determinar dónde ocurrió su muerte, establecer qué pasó con su cuerpo durante todo ese tiempo y definir si hubo otras personas responsables.