Lo que hasta hace algunos años aparecía como situaciones aisladas hoy se convirtió en una preocupación constante para hospitales, defensorías y organismos de protección de derechos de los niños en Neuquén. Cada vez más bebés nacen con metabolitos de cocaína y otras sustancias psicoactivas en su organismo, una realidad que expone el avance del consumo problemático, la vulnerabilidad social y las fallas del sistema asistencial. Solo en Neuquén capital se detectan cerca de diez casos por mes y las proyecciones oficiales advierten que durante 2026 podrían duplicarse.
Desde la Defensoría de Niñas, Niños y Adolescentes aseguran que el fenómeno crece de manera sostenida y que las proyecciones para este año encendieron todas las alarmas.
En las últimas horas se conoció que un bebé nació con cocaína en sangre en el Hospital Castro Rendón y fue abandonado por sus padres pocas horas después del parto. El caso generó conmoción en el personal de salud y motivó la intervención de la Justicia, que ahora analiza quién quedará a cargo del recién nacido. El pequeño permanece internado desde hace menos de dos semanas bajo protocolo hospitalario. Según informaron desde el Ministerio de Salud, se encuentra en buen estado general.
Los casos se detectan principalmente en hospitales públicos como el Castro Rendón y el Heller, donde los equipos médicos realizan estudios cuando aparecen indicadores de riesgo durante el embarazo o al momento del parto. Allí, los análisis revelan la presencia de cocaína, marihuana u otras sustancias en el organismo de los recién nacidos.
“La proyección que tenemos para 2026 indica que los casos podrían duplicarse respecto del año pasado”, advirtió en declaraciones periodísticas Natalia Stornini, defensora de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, al describir un escenario que preocupa tanto al sistema de salud como a los organismos judiciales y sociales que intervienen en estas situaciones.
Los casos se detectan principalmente en hospitales públicos como el Castro Rendón y el Heller, donde los equipos médicos realizan estudios cuando aparecen indicadores de riesgo durante el embarazo o al momento del parto. Allí, los análisis revelan la presencia de cocaína, marihuana u otras sustancias en el organismo de los recién nacidos.
Los casos se detectan principalmente en hospitales públicos como el Castro Rendón y el Heller, donde los equipos médicos realizan estudios cuando aparecen indicadores de riesgo durante el embarazo o al momento del parto. Allí, los análisis revelan la presencia de cocaína, marihuana u otras sustancias en el organismo de los recién nacidos.
Para los equipos que trabajan en territorio, detrás de cada caso hay historias atravesadas por la precariedad, el deterioro de los vínculos familiares y consumos problemáticos cada vez más naturalizados. Las familias involucradas suelen estar conformadas por madres y padres jóvenes, muchas veces atravesados por consumos crónicos, desempleo, hacinamiento y trayectorias marcadas por violencia o exclusión. “Hay parejas muy jóvenes, con trabajos informales, sin estabilidad económica y con redes familiares muy deterioradas. La droga aparece muchas veces como una forma de escapar por un rato de una realidad muy dura”, describió una trabajadora social.
El impacto en los recién nacidos
Cuando el consumo ocurre durante el embarazo, las sustancias atraviesan la placenta y llegan directamente al bebé, explican los especialistas. “La sustancia que consume la madre impacta de manera directa en el desarrollo del niño”, describió Stornini.
Las consecuencias pueden observarse desde el nacimiento: irritabilidad, problemas para dormir, dificultades en la alimentación y alteraciones neurológicas tempranas. En algunos casos también pueden aparecer secuelas cognitivas o trastornos del aprendizaje que recién se manifiestan años más tarde.
Por protocolo, cuando los análisis dan positivos, se suspende la lactancia y el bebé permanece internado al menos siete días para monitorear su evolución y evitar cuadros de abstinencia. Durante ese período intervienen equipos de Salud Mental y las defensorías.
Sin embargo, los especialistas remarcan que el mayor problema muchas veces no es únicamente el efecto físico de la droga, sino el contexto en el que esos niños crecerán. “Muchas veces el bebé evoluciona bien desde lo médico, pero vuelve a un entorno donde las prácticas de cuidado están muy deterioradas”, señalaron desde la Defensoría.
Los especialistas remarcan que el mayor problema muchas veces no es únicamente el efecto físico de la droga, sino el contexto en el que esos niños crecerán. “Muchas veces el bebé evoluciona bien desde lo médico, pero vuelve a un entorno donde las prácticas de cuidado están muy deterioradas”, señalaron desde la Defensoría.
El consumo naturalizado y las dificultades para intervenir
Uno de los puntos que más preocupa a los equipos interdisciplinarios es que muchas familias no logran dimensionar la gravedad de la situación.
También aparecen el miedo a perder la tenencia del bebé, la angustia y las tensiones familiares. En muchos casos, los padres aceptan iniciar tratamientos o acompañamientos durante la internación, pero luego abandonan los dispositivos cuando regresan a sus hogares.
Según explicaron, hay familias que deben esperar meses para acceder a tratamientos o seguimientos, en un contexto donde la urgencia requiere respuestas inmediatas.
Las defensorías sostienen que el problema obliga a repensar las políticas públicas de prevención y acompañamiento. “No alcanza con actuar cuando el bebé ya nació. El trabajo tiene que empezar antes, durante el embarazo y en el territorio”, remarcaron. “La prioridad siempre es sostener el vínculo familiar, pero para eso el Estado tiene que estar presente a tiempo”, señalaron.
Una alarma que atraviesa todas las clases sociales
Aunque la mayoría de los casos se detectan en hospitales públicos y contextos vulnerables, desde la Defensoría aclararon que el problema ya no puede asociarse únicamente a la pobreza. “La problemática del consumo atraviesa todos los sectores sociales. No podemos estigmatizar”, advirtió Stornini.
Los equipos aseguran que el fenómeno dejó de ser excepcional y que el verdadero desafío será evitar que esta crisis silenciosa continúe expandiéndose entre las familias neuquinas sin respuestas suficientes.