La solidaridad puede surgir en los momentos más difíciles. Así ocurrió con la Fundación Sendero de Esperanza para el Niño Oncológico (SENO), una organización neuquina que desde hace más de una década acompaña a niños con cáncer y a sus familias, ofreciendo contención, alojamiento y ayuda integral durante los tratamientos médicos.
La historia comenzó en 2010, cuando Ezequiel Valdebenito fue diagnosticado con cáncer. Su mamá, Marisa Valdebenito, atravesó junto a él un largo camino de consultas, internaciones y tratamientos. En ese proceso advirtió las dificultades que enfrentaban muchas familias del interior de Neuquén que debían trasladarse a la capital para acompañar a sus hijos en el Hospital Castro Rendón.
Con la intención de brindar apoyo a quienes atravesaban situaciones similares, nació la Fundación SENO. Lo que comenzó como una ayuda para realizar trámites y resolver necesidades básicas fue creciendo con el tiempo hasta convertirse en un espacio de contención para familias enteras. Actualmente, la institución cuenta con una casa donde madres, padres y acompañantes pueden descansar, ducharse, compartir un momento de tranquilidad y recuperar fuerzas mientras sus hijos reciben tratamiento médico.
Verónica Fernández, actual presidenta de la fundación e hija de Marisa, recordó cómo surgió la iniciativa durante una entrevista en el programa "Cuando la noche cae, la radio se enciende" que se transmite por AM550. "Cuando lo diagnosticaron a mi hermano, mi mamá empezó a ver las falencias que tenía cada familia que venía del interior, la forma en la que tenían que pasar el día a día, dormir en reposeras o hacer trámites en la ciudad", relató.
Además del acompañamiento diario, la fundación desarrolló otro importante servicio para pacientes oncológicos: la confección de pelucas artesanales. La iniciativa nació al detectar la necesidad de muchas personas que perdían su cabello como consecuencia de los tratamientos de quimioterapia y no podían acceder a una peluca por su elevado costo.
Para hacerlo posible, integrantes de la organización se capacitaron en el oficio y comenzaron a confeccionar las piezas utilizando cabello donado por vecinos de toda la región. Hoy, tanto niños como adultos recurren a la fundación para recibir este acompañamiento que contribuye a recuperar la autoestima durante una etapa compleja de sus vidas.
Fernández destacó que las donaciones de cabello son constantes y reflejan el compromiso solidario de la comunidad neuquina. Cada peluca demanda horas de trabajo artesanal y representa mucho más que una solución estética: es una herramienta que ayuda a recuperar confianza y bienestar emocional. A más de 15 años de su creación, la Fundación SENO continúa creciendo impulsada por el recuerdo de Ezequiel, quien falleció luego de convivir siete años con la enfermedad. Su espíritu solidario y su fortaleza siguen siendo el motor de una organización que transforma el dolor en esperanza para cientos de familias.
"Él vivió la enfermedad y nosotros fuimos sus acompañantes. A pesar de todo, siempre estaba sonriendo, agradeciendo y pensando en los demás. Ese recuerdo es el que nos fortalece para seguir adelante cada día", expresó Verónica.