El empleado más antiguo del mítico estadio Ruca Che de Neuquén ha visto todos los grandes espectáculos que han ocurrido en ese escenario. Desde Maradona caminando por allí hasta una foto con los Pimpinela, recitales multitudinarios, eventos de boxeo, vóley y shows inéditos.
Durante cada renovación y transformación del estadio estuvo presente Oscar Bucarey, conocido como "Buca", quien próximamente será testigo de un nuevo capítulo en la historia del espacio: la llegada de la Copa Davis a Neuquén.
Buca tiene 51 años y vivió más de la mitad de su vida entre los pasillos, tribunas, talleres y rincones del estadio del oeste neuquino. Hace 26 años llegó como trabajador y hoy es el empleado con mayor antigüedad del lugar, una verdadera memoria viva de un espacio que el año pasado celebró sus tres décadas de historia.
“Para mí es como mi segunda casa, por la cantidad de años que tengo acá”, aseguró. “Cuando entré no había nada, era un descampado, todas las calles de tierra, no había casas, donde está el playón era un monte. Pasaba con mi hijo para el río y miraba lo grande que era el Ruca Che y nunca pensaba que yo iba a estar trabajando acá y que ellos lo iban a conocer”.
Los comienzos de Buca en el Ruca
Comenzó a trabajar de joven, fue criado en la zona de Colonia Nueva Esperanza y actualmente vecino de Villa Ceferino, trabajó primero como ayudante de albañil hasta que ingresó al estadio a través de la Ley 2128. Años después logró la estabilidad laboral en la planta permanente del Estado provincial.
“Ya tenía mi primer hijo cuando empecé acá y gracias a Dios nunca me movieron”, contó. Con el tiempo llegaron tres hijos más y a la vez que ellos crecían él vivía cada vez más historias con el estadio.
Sus primeras tareas fueron cortar el césped, regar, prender luces y realizar mantenimiento general. Más tarde descubrió una habilidad que hoy lo identifica: la soldadura.
Su oficio hoy en día y un estadio renovado
En sus palabras, Buca asegura que aprendió con una máquina del lugar y luego un joven le enseñó lo que hoy sería su principal oficio. Hoy su taller es su lugar preferido dentro del Ruca Che. "Yo soy más de estar solo, soy muy mañoso con el tema de que no me toquen las cosas, pero con los compañeros nos llevamos bien”.
Con el paso del tiempo, “Buca” vio cambiar al estadio y acompañó cada mejora desde adentro. “Se han hecho muchas mejoras, por ahí te da nostalgia cuando vos estás trabajando y ves cómo estaba y lo bien que queda. Eso lo pone contento tanto a uno como a la gente que viene, es lindo que la gente venga y se quede maravillada con el Ruca”.
Actualmente también realiza trabajos de soldadura en el Centro de Convenciones Domuyo y en el Espacio Duam, espacios que junto al Ruca Che dependen de Emprendimientos Culturales y Deportivos del Neuquén SE (ECyDENSE), del ministerio de Juventud, Deportes y Cultura.
El escenario de muchas historias
En más de dos décadas, Bucarey fue testigo de algunos de los capítulos más importantes que pasaron por el estadio: el Pre Mundial de Básquet de 2001, la Liga Nacional, el crecimiento de Los Gigantes del Sur en el vóley neuquino, encuentros de handball, boxeo y el Showbol con la presencia de Diego Maradona.
También vivió desde adentro recitales históricos de artistas como Maná, Ataque 77, Divididos, La Renga y Pimpinela.
Durante los primeros recitales, la magnitud de las convocatorias sorprendía tanto al estadio como a la propia ciudad, que de a poco se fue posicionando en el mapa cultural y deportivo. Actualmente se convertirá en la primera ciudad de la Patagonia en ser sede de la Copa Davis.
“Los primeros recitales en los que trabajé estuve medio asustado, porque por ahí los pibes entraban corriendo y te pechaban. Ahí hacíamos mantenimiento, teníamos que estar, lo mismo que en las peleas de boxeo”.
Pero el Ruca Che no solo guarda recuerdos de grandes figuras. También conserva historias cotidianas: compañeros, cumpleaños compartidos y asados. Después de 26 años, cuando mira hacia atrás, asegura que en el estadio se vivieron más que momentos, sino grandes recuerdos.
“Me dio muchas cosas, estar más con la gente, también compañeros de trabajo que me han dado una buena mano. Conocí encargados que eran muy buenos, que me dieron una buena mano cuando estuve mal y tuve mi hija también enferma, también los directores. Y me dio también la alegría más grande de tener mi trabajo gracias a Dios”.
El deseo de “Buca” es que su historia laboral termine donde empezó: entre las paredes del estadio que vio crecer y que también lo vio crecer a él. “Y si Dios quiere y me da vida y salud quiero jubilarme acá. Por ahí la rutina cansa, pero tantos años estar acá es lo mejor”, concluyó.