La historia de Mirta Graciela Acosta estuvo atravesada por una espera interminable. Durante 32 años buscó a su hija, Natalia Ciccioli, la niña de 12 años que desapareció el 16 de enero de 1994 en San Martín de los Andes y cuyo destino sigue siendo uno de los mayores enigmas criminales de la Patagonia.
Este 25 de junio, Mirta falleció a los 74 años sin haber obtenido la respuesta que persiguió hasta el último día de su vida. Murió con la misma pregunta que la acompañó desde aquella tarde de verano: ¿qué pasó con Natalia?
En San Martín de los Andes todos la conocían como Mirta Ciccioli. Su nombre quedó inevitablemente ligado a una lucha que nunca abandonó. Cada entrevista, cada marcha, cada aniversario de la desaparición de Natalia era una nueva oportunidad para pedir que la causa no cayera en el olvido y que la Justicia continuara buscando la verdad. "Nunca se cierra una etapa cuando alguien desaparece", repetía una y otra vez. Sabía que el tiempo no cura la incertidumbre. "Pienso qué hubiera estudiado, si hubiera tenido hijos, qué pensaría al terminar la adolescencia", decía con la mirada perdida entre el presente y una vida que imaginaba para su hija, esa que nunca pudo ser.
Una despedida que nunca imaginó
El 16 de enero de 1994 quedó grabado para siempre en la memoria de Mirta. Aquella mañana estaba preparando fideos caseros cuando Natalia le pidió ayuda para cortar un viejo jean y convertirlo en un short. Ella estaba ocupada amasando, por lo que fue su padre, Miguel Ciccioli, quien terminó ayudándola.
Después del almuerzo, Natalia volvió a acercarse a su mamá. Quería permiso para ir hasta el centro de San Martín de los Andes a tomar un helado con sus amigas. Mirta accedió. Mientras lavaba los platos, sintió que su hija la abrazaba por detrás.
"Fue un abrazo y un beso hermoso. Eso fue lo último que me dejó", recordó años después en una de las entrevistas más conmovedoras que concedió.
Natalia salió de la casa familiar, en el barrio El Arenal, alrededor de las dos de la tarde. Caminó por la Cuesta de los Andes para tomar el colectivo hacia el centro de una ciudad que entonces tenía poco más de 16 mil habitantes. Nunca llegó.
Jamás gastó los dos pesos que llevaba para regresar en colectivo. Nunca se encontró con sus amigas. Nunca volvió a su casa.
Cuando llegaron las siete de la tarde y la adolescente seguía sin aparecer, la preocupación dio paso al miedo. Sus padres comenzaron una búsqueda desesperada mientras recibían una respuesta que con el tiempo se convertiría en símbolo de los errores cometidos en las primeras horas de la investigación. "Se habrá ido con algún noviecito, esperemos", les dijeron en la comisaría.
Esas horas perdidas marcarían para siempre el rumbo de una causa que, más de tres décadas después, continúa sin respuestas.
Una vida dedicada a buscar a Natalia
Mirta y Miguel Ciccioli jamás dejaron de buscar a su hija. Golpearon puertas, participaron de reconstrucciones, acompañaron nuevas hipótesis y reclamaron una y otra vez que la investigación siguiera avanzando. La causa acumuló más de cuatro mil fojas, decenas de líneas investigativas y versiones que iban desde una fuga voluntaria hasta redes de trata de personas. Ninguna logró explicar qué ocurrió aquella tarde.
Con el paso de los años, Mirta fue construyendo una dolorosa convicción. "Estoy convencida de que la violaron, la mataron y enterraron su cuerpo para no dejar evidencias", llegó a decir.
Era una certeza nacida del dolor y de décadas de silencio. Sin embargo, jamás perdió completamente la esperanza.
Quienes la conocieron recuerdan que seguía mirando por la ventana de su casa en el barrio El Arenal, imaginando que en cualquier momento Natalia aparecería caminando por la calle.
La pérdida de su esposo, Miguel Ciccioli, en febrero de 2018, fue otro golpe devastador. Don Chicho, como lo conocían los vecinos, había recorrido durante años cada pista posible buscando a Natalia. "Las zapatillas mías no se las deseo a nadie", resumió alguna vez para describir el camino que le tocó recorrer.
Tras su muerte, Mirta continuó sola con la búsqueda. Cada 16 de enero volvía a revivir aquella despedida, aquel abrazo antes de salir de casa y aquella pregunta que nunca encontró respuesta. "Naty es una herida que no cierra y que no va a cerrar nunca", afirmaba.
La desaparición de Natalia Ciccioli no solo cambió para siempre la vida de su familia. También transformó la historia de San Martín de los Andes y dejó una huella en todo el país. El caso impulsó años después la creación de la Alerta Nati, un protocolo destinado a acelerar la búsqueda de niñas, niños y adolescentes desaparecidos, entendiendo que las primeras horas son decisivas para encontrarlos.
Pero ninguna ley pudo reparar la ausencia. Treinta y dos años después, la causa sigue abierta y continúa siendo uno de los grandes misterios judiciales de la Patagonia.
La historia de Natalia suele volver cada vez que otra joven desaparece.
Con la muerte de Mirta Acosta se apaga una de las voces que durante más tiempo reclamó verdad y justicia por Natalia Ciccioli. Se fue sin conocer qué ocurrió aquella tarde del 16 de enero de 1994. Sin saber quién le arrebató a su hija. Sin tener un lugar donde llevar una flor o despedirse.
Pero también deja el legado de una madre que nunca dejó de buscar. Porque para Mirta, Natalia nunca dejó de tener 12 años. Nunca dejó de bajar por la Cuesta de los Andes rumbo al centro de San Martín. Nunca dejó de estar, en su memoria, a punto de volver a casa.