Hay historias que no necesitan nombres propios para volver a doler. María Emilia Soria, lanzada como candidata a gobernadora, eligió el Día de la Madre para publicar una reflexión que se apartó de los saludos habituales y dejó al descubierto una parte de su historia familiar. “Durante muchos años sentí que no me correspondía saludar a las madres en su día”, escribió la intendenta de General Roca, en un mensaje que remite inevitablemente al crimen de su papá Carlos Soria y a su madre como ejecutora de ese disparo que atravesó a su familia y que cambió para siempre la historia política de Río Negro.
“Mi historia personal me hacía pensar que era mejor callar”, agregó. La frase no pasó inadvertida por su carga emocional y por el contexto en el que fue publicada. Soria no mencionó a su madre, Susana Freydoz, ni hizo referencia directa al asesinato de su padre, Carlos Soria. Sin embargo, sus palabras abrieron una puerta a una historia de la que no hablan los hijos del matrimonio. Incluso en el juicio fueron beneficiados y declararon a puertas cerradas.
El mensaje continuó con una reflexión que terminó de darle sentido a la publicación: “Hoy decidí no callar. Porque entendí que se puede tener una relación difícil con la maternidad y aun así querer abrazar el amor: con sus luces, sus errores y sus heridas”.
Finalmente, cerró con un saludo a todas las madres y un corazón rojo. No hubo nombres, explicaciones ni detalles. Apenas una foto de espaldas con sus hijos, mirando el río y unas líneas que, leídas a la luz de su historia familiar, adquirieron una dimensión mucho más profunda que la de una felicitación tradicional.
Una tragedia que cambió la historia de Río Negro
Para comprender el peso de esas palabras hay que volver al 1 de enero de 2012. Apenas habían transcurrido 21 días desde que Carlos Soria asumiera como gobernador de Río Negro, después de imponerse en las elecciones de 2011 y poner fin a la hegemonía radical que se extendía desde el regreso de la democracia, en 1983. El dirigente peronista había llegado al poder con la expectativa de inaugurar una nueva etapa política, pero su gestión terminó abruptamente antes de cumplir el primer mes.
En la madrugada de Año Nuevo, en la chacra familiar de General Roca, Soria recibió un disparo que le provocó la muerte. La autora del disparo fue su esposa, Susana Freydoz y madre de los cuatro hijos del matrimonio: Martín, Germán, Carlos y María Emilia.
El hecho sacudió a la provincia y tuvo consecuencias políticas inmediatas: el vicegobernador Alberto Weretilneck debió asumir la Gobernación, mientras la familia quedó en el centro de una tragedia que mezcló el drama privado con una crisis institucional sin precedentes recientes.
Freydoz fue juzgada y condenada en noviembre de 2012 a 18 años de prisión por el homicidio de su esposo, con circunstancias extraordinarias de atenuación. Su situación judicial y su estado de salud ocuparon durante años la atención pública. Después de permanecer internada y cumplir parte de la pena en el ámbito penitenciario federal, obtuvo el beneficio de la prisión domiciliaria. En abril de 2023 accedió a la libertad condicional, aunque la condena continúa vigente.
Las heridas detrás de un saludo
En ese contexto, las palabras de María Emilia adquieren otra dimensión. La referencia a una “relación difícil con la maternidad” no constituye una explicación de su vínculo con Freydoz, pero sí permite una lectura personal que resulta difícil separar de los acontecimientos que marcaron a su familia. La intendenta no reconstruyó el crimen ni buscó reabrir públicamente el expediente judicial. Eligió hablar por primera vez de sentimientos, de silencios y de heridas.
La mención de los “errores” y las “heridas” es, quizás, el tramo más significativo del mensaje. No hay una declaración de perdón, una reconciliación anunciada ni una defensa de lo ocurrido.
Tampoco una condena directa a su madre. Más teniendo en cuenta que durante el juicio fue ella la única de sus hermanos que permaneció firme al lado de Freydoz. También fue la única de los herederos que estaba en la chacra durante la madrugada trágica, y según consta en el expediente fue la que le sacó el revólver calibre 38 de sus manos cuando intentaba suicidarse.
Hay una reflexión sobre la posibilidad de reconocer las partes dolorosas de una relación sin negar por completo la existencia del amor. Esa combinación de palabras deja espacio para distintas interpretaciones, pero evita convertir el posteo en una explicación detallada de su intimidad.
Soria reconoce que durante años prefirió no expresarse en una fecha asociada a la celebración familiar. Ahora decide hacerlo, aunque mantiene en reserva las razones más profundas de ese silencio. No cuenta qué cambió ni qué significado tiene para ella esta decisión, pero deja en claro que el Día de la Madre no fue siempre una jornada sencilla.
Una historia privada que nunca dejó de ser pública
La tragedia de la famili Soria tuvo una particularidad: nunca quedó limitada al ámbito familiar. La muerte de un gobernador recién asumido, la condena de su esposa y la sucesión política que siguió convirtieron aquel episodio en uno de los acontecimientos más impactantes de la historia reciente de Río Negro.
Para María Emilia, además, el apellido familiar quedó asociado tanto a la política como a una historia íntima que se desarrolló bajo la mirada pública.
Por eso, el posteo puede leerse desde dos planos. En el personal, expresa una relación compleja con la maternidad y la decisión de dejar atrás un silencio. En el público, vuelve a poner en primer plano una historia que muchos rionegrinos recuerdan, aunque la propia Soria no haya mencionado a ninguno de sus protagonistas.
No hay elementos para afirmar que la publicación responda a una estrategia política de mantener vivo el recuerdo del Gringo de cara las elecciones gubernamentales; ni que busque modificar la mirada social sobre Freydoz.
Lo que sí puede observarse es que la intendenta eligió un registro diferente: dejó de lado el saludo convencional y expuso una reflexión íntima, sin nombres ni reproches explícitos.
María Emilia Soria decidió hablar de las heridas, los errores y el amor en una fecha que durante años le resultó difícil. Y lo hizo sin nombrar a su madre, pero con una historia familiar que vuelve imposible leer esas palabras como un simple saludo por el Día de la Madre.