El Accidente Cerebrovascular (ACV) es una emergencia médica que ocurre cuando el flujo sanguíneo a una parte del cerebro se interrumpe o se reduce, impidiendo que el tejido cerebral reciba oxígeno y nutrientes. En pocos minutos, las células cerebrales comienzan a dañarse o morir.
La buena noticia es que hasta el 80% de los casos se pueden prevenir, y la alimentación adecuada desempeña un papel determinante para proteger nuestro corazón y nuestro cerebro.
¿Qué tipos de ACV existen?
ACV Isquémico (aproximadamente el 85% de los casos): Se produce cuando un coágulo u obstrucción bloquea una arteria que lleva sangre al cerebro.
ACV Hemorrágico: Ocurre cuando un vaso sanguíneo en el cerebro se rompe o agrieta, provocando un sangrado interno.
Factores de riesgo del ACV
Existen diferentes condicionantes que aumentan las probabilidades de sufrir un ACV
Factores modificables (relacionados con el estilo de vida y la alimentación):
- Hipertensión arterial no controlada: Es el principal factor de riesgo.
- Alimentación inadecuada: Dietas con elevado consumo de sodio (sal), ultraprocesados, grasas saturadas y trans.
- Colesterol alto y dislipemias: Acumulación de lipoproteínas LDL y triglicéridos que facilita la formación de placas en las arterias.
- Sedentarismo, sobrepeso y obesidad: La falta de actividad física regular y el exceso de grasa corporal.
- Diabetes no controlada: Niveles elevados de glucosa en sangre que dañan los vasos sanguíneos con el tiempo.
- Consumo de tabaco y alcohol: El tabaquismo y el consumo excesivo de alcohol elevan la presión y alteran los lípidos sanguíneos.
- Factores no modificables: Antecedentes familiares o genéticos, edad avanzada.
Cómo prevenir el ACV desde la alimentación
Adoptar patrones alimentarios saludables ayuda a mantener las arterias flexibles, controlar la presión arterial y mejorar el perfil lipídico.
Reducir el consumo de sodio y sal: Sustituir la sal de mesa por hierbas aromáticas, especias, ajo o limón. Evitar fiambres, embutidos y productos ultraprocesados ricos en sodio.
Aumentar frutas y verduras: Consumir al menos 5 porciones diarias de diferentes colores para aportar fibra, potasio y antioxidantes.
Elegir grasas de buena calidad: Reemplazar grasas saturadas por insaturadas como aceite de oliva, frutos secos, semillas y pescados (ricos en Omega-3) que disminuyen el colesterol LDL (colesterol malo) y los triglicéridos.
Incorporar legumbres y cereales integrales: Lentejas, garbanzos, avena y arroz integral benefician la salud cardiovascular y ayudan a regular la glucemia y el colesterol.
Elegir agua segura: Priorizar la hidratación con agua potable sobre bebidas azucaradas, gaseosas o alcohólicas.
Síntomas de alerta: regla nemotécnica "rápido"
Si alguien presenta signos compatibles con un ACV, el tiempo es vital:
R – Rostro: Asimetría o boca caída al sonreír.
Á – Ausencia de fuerza: Debilidad o adormecimiento en un brazo o pierna (frecuentemente de un solo lado).
P – Palabra: Dificultad para hablar, articular o entender lo que le dicen.
I – Inmediato: Llamar inmediatamente al servicio de emergencias.
D – Dificultad para caminar: Pérdida súbita del equilibrio, mareo o falta de coordinación.
O – Ojo: Pérdida repentina o alteración de la visión en uno o ambos ojos.
Un dolor de cabeza de gran intensidad, repentino y sin causa conocida, también es motivo de consulta urgente.
¿Qué hacer ante la sospecha de un ACV?
Llame de inmediato al servicio de emergencias médicas (o traslade a la persona al centro de salud más cercano).
Registre la hora exacta en que se iniciaron los síntomas.
No dé medicamentos, alimentos ni agua a la persona.
Mantenga a la persona en un entorno seguro y tranquilo hasta que llegue la asistencia.
En este Día Mundial de la Prevención del ACV, cabe destacar que cuidar el corazón y el cerebro con hábitos alimentarios saludables es responsabilidad de todos para disfrutar de una vida plena