En el norte de la provincia de Neuquén, cerca de Varvarco, se encuentra Colomichicó, uno de los sitios de arte rupestre más importantes de Sudamérica. Allí, en plena cordillera del Viento, se conservan bloques de piedra volcánica con grabados realizados por pueblos originarios hace miles de años.
El ingreso está regulado y se realiza con guías habilitados. “Hoy es obligatorio ingresar con guía y con un guarda de sitio que protege el lugar”, explicó Alejandra Parada, guía de trekking en diálogo con Entretiempo por AM550.
El circuito implica una caminata de unos seis kilómetros en altura, hasta llegar a una zona donde se distribuyen cerca de 800 rocas grabadas en varias hectáreas. Algunas de esas piedras alcanzan hasta dos metros de alto.
Los grabados muestran formas abstractas y repetitivas
A diferencia de otros sitios arqueológicos, en Colomichicó no predominan figuras de animales o personas. “La particularidad es que predominan las líneas: hay ejes de simetría, figuras radiales, puntos, segmentos, líneas quebradas y onduladas”, detalló Alejandra. Estas formas abren distintas interpretaciones. “Es una de las hipótesis que podían tener fines comunicativos: dejar mensajes o registrar información”, explicó. Según indicó, algunos grabados parecen conteos, mientras que otros recuerdan estrellas o explosiones.
También se repiten ciertos patrones, lo que sugiere que distintos grupos humanos intervinieron el lugar a lo largo del tiempo. “No fue un único grupo el que realizó los grabados, sino varios”, agregó.
Los petroglifos están completamente expuestos a las condiciones naturales. Viento, lluvia, nieve y procesos biológicos afectan de manera permanente las superficies. “La erosión es constante. También hay líquenes que al desprenderse arrastran partes de la roca”, señaló la guía. A esto se suma el impacto humano. “Han sufrido vandalismo: personas que han rayado o incluso sacado fragmentos”, advirtió. Por esa razón, el acceso controlado busca reducir el daño y generar conciencia sobre el valor del lugar.
La historia del sitio también guarda episodios curiosos
Entre los relatos vinculados a la zona aparece la figura de Bela Veiko, un minero de origen húngaro que llegó durante la fiebre del oro. Según Parada, el hombre llegó a dinamitar algunas rocas en busca de tesoros ocultos. “Se interesó por las piedras con grabados y llegó a intervenirlas. No se sabe qué encontró”, contó. Con el tiempo, su historia despertó el interés del investigador Gregorio Álvarez, quien ayudó a difundir la relevancia del sitio.
El acceso a Colomichicó depende de las condiciones climáticas de la zona. La temporada se extiende hasta fines de abril y luego se interrumpe durante el invierno. “La temporada cierra el 30 de abril y vuelve a abrir el 1 de noviembre”, precisó Parada. Durante los meses fríos, las actividades se trasladan a otros sectores más accesibles del norte neuquino.
El sitio sigue siendo un punto clave para el turismo y la investigación en el Alto Neuquén, donde cada visita combina paisaje, historia y una conexión directa con culturas que habitaron la región hace miles de años.
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