Lo que comenzó en 2020 dentro de un departamento neuquino terminó convirtiéndose en un proyecto que combina trabajo, tecnología y cuidado ambiental. REN nació durante la pandemia, cuando dos técnicos comenzaron a reparar computadoras descartadas y encontraron una nueva oportunidad en aquellos equipos que ya no podían volver a utilizarse.
Con el crecimiento del proyecto, los integrantes de REN dejaron aquel pequeño taller y se trasladaron primero a un garaje y luego al espacio donde actualmente funciona la cooperativa. Hoy son siete personas y reciben residuos de aparatos eléctricos y electrónicos provenientes de hogares, empresas e instituciones de toda la región.
La cooperativa no se limita a reciclar. Cada equipo que ingresa es revisado para determinar si puede volver a funcionar. El 13,6% de los equipos recibidos logró recuperar una segunda vida útil, mientras que otro 12% fue utilizado como fuente de repuestos. En total, REN pasó de procesar unas 15 toneladas anuales a cerca de 30 y ya recuperó más de 70 toneladas de residuos electrónicos.
El proyecto también recibió acompañamiento de escuelas técnicas, la Universidad Nacional del Comahue, municipios, el INTI y el programa Impacta Neuquén. A partir de ese impulso, la cooperativa obtuvo financiamiento para adquirir una trituradora de cables que permitirá separar cobre y plástico, aumentar la capacidad de procesamiento y avanzar hacia una escala más industrial.
Con la nueva maquinaria en camino, REN proyecta construir una planta modelo para gestionar residuos electrónicos de todo el Alto Valle, generar nuevos puestos de trabajo e incorporar tecnología. La apuesta es que aquello que alguna vez fue considerado basura pueda transformarse en materia prima, empleo y desarrollo para Neuquén.