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Del campo al aula: Gloria Cisneros convirtió su historia como alumna rural en una forma de enseñar

La docente vive en Taco Pozo y permanece durante la semana en el paraje La Sara, a 90 kilómetros de esa localidad chaqueña. Además de enseñar, cumple tareas administrativas y acompaña a estudiantes que viajan en moto o bicicleta para llegar a clases.

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Gloria Cisneros permanece durante la semana junto a sus alumnos en la escuela rural de La Sara.

En una escuela del paraje La Sara, en pleno Impenetrable Chaqueño, Gloria Cisneros cumple una tarea que va mucho más allá de enseñar contenidos. Tiene a su cargo 15 alumnos de primaria, recibe además a niños de entre 3 y 5 años que se preparan para primer grado y permanece de lunes a viernes dentro de la institución. La escuela se encuentra a 90 kilómetros de Taco Pozo, la localidad donde vive.

“Es una tarea muy bonita poder trabajar en contextos rurales, ser parte de esas comunidades tan lindas”, contó Gloria. Para la docente, esa experiencia “llena el alma” y deja una marca que permanece en quienes atraviesan la enseñanza rural.

Gloria combina la enseñanza con tareas administrativas y actividades de acompañamiento escolar.

La distancia forma parte de la vida cotidiana. La comunidad está ubicada en el extremo chaqueño, entre Salta y Santiago del Estero, y llegar hasta la capital provincial demanda más de 500 kilómetros.

Los alumnos también recorren varios kilómetros para asistir a clases. Algunos llegan en moto y otros en bicicleta, según las posibilidades de cada familia. “Pero llegan”, destacó Gloria, quien describió a sus estudiantes como “muy inteligentes, despiertos, curiosos, participativos”.

La asistencia también refleja el compromiso de las familias. La docente resaltó que los chicos tienen “muy poca inasistencia” y que participan incluso de las actividades que se realizan fuera del horario obligatorio.

La jornada no termina con el dictado de las materias. Por la tarde, Gloria organiza clases de apoyo, desarrolla proyectos y trabaja junto con las familias. “Nuestra escuela se caracteriza justamente por trabajar muchos proyectos”, explicó.

La comunidad también participa. “Salimos a la comunidad, la comunidad viene a la escuela, hacemos redes con otras instituciones”, relató la maestra.

 

Gloria cumple múltiples tareas dentro de la escuela rural

En La Sara no hay una estructura amplia de personal para dividir responsabilidades. Gloria es la única docente y concentra las tareas pedagógicas, administrativas e institucionales.

“Al ser personal único, tengo las tareas de administrativo, pedagógico, institucional; todas las tareas están bajo mi responsabilidad”, explicó.

Los chicos reciben desayuno y merienda. Cuando algunos permanecen en la institución por las condiciones climáticas o por dificultades para movilizarse, también pueden recibir la cena.

Es semifinalista del premio Docentes que Inspiran y anteriormente quedó entre los diez finalistas del Global Teacher Prize.

La escuela funciona además como un espacio de contención. Gloria señaló que trabaja con la ayuda de numerosas personas para conseguir lo que necesitan los estudiantes y sus familias.

El acompañamiento también puede extenderse durante las noches. En determinadas circunstancias, los alumnos permanecen en la institución porque las condiciones del camino o el clima dificultan el regreso a sus hogares.

“Funcionamos en la escuela como que los alumnos y la maestra son una familia”, expresó Gloria. Esa cercanía también aparece en uno de los mayores desafíos de su tarea: el desarraigo.

“Por ahí cuesta el desarraigo tanto de ellos como de la docente”, explicó. La distancia de las familias y las dificultades para trasladarse hacen que la escuela ocupe un lugar central en la vida cotidiana de la comunidad.

Para Gloria, el desafío principal no termina con el último año de primaria. “El desafío más grande es poder garantizar que todos ellos terminen sus trayectorias escolares”, sostuvo.

La docente continúa acompañando a sus alumnos después de que dejan la escuela rural. “El acompañamiento que le hacemos a mis alumnos no termina en séptimo grado”, afirmó.

Ese seguimiento continúa durante la secundaria y alcanza también a quienes avanzan hacia estudios universitarios. Para sostener ese proceso, Gloria cuenta con la colaboración de personas de distintos lugares del país que ayudan a conseguir elementos necesarios para los estudiantes.

 

La historia de Gloria también comenzó en una escuela rural

La relación de la docente con el campo no empezó con su trabajo. Gloria nació en Taco Pozo y durante su infancia recorrió distintas escuelas rurales junto a sus hermanos.

Sus padres eran cosecheros de algodón y se trasladaban de una chacra a otra. Cada mudanza implicaba buscar una nueva escuela para que los hijos pudieran continuar estudiando.

“Mis papás eran cosecheros de algodón. Entonces tenían que ir de chacra en chacra y en cada chacra nos conseguían una escuela”, recordó.

Esa experiencia terminó formando parte de su propia manera de enseñar. “También teníamos esta experiencia de ser alumnos rurales, de saber lo bonito que es estudiar en una escuelita del campo”, contó.

Gloria retomó su carrera docente después de una pausa de cinco años y lo hizo mientras ya tenía dos hijos. “Ha sido un desafío enorme, pero gracias a Dios pude terminarla en tiempo y forma”, relató.

Después de recibirse consiguió trabajo y decidió trasladarse a escuelas rurales. Primero lo hizo junto a toda su familia. Sus hijos cursaron la primaria en La Sara y luego permanecieron en Taco Pozo para completar la secundaria. Actualmente, uno de ellos está terminando ese nivel y la hija mayor ya comenzó la universidad.

El compromiso con la educación rural también llevó a Gloria a recibir reconocimientos fuera de su comunidad. Es semifinalista del premio Docentes que Inspiran y anteriormente quedó entre los diez finalistas del Global Teacher Prize, donde representó a la Argentina.

En febrero viajó durante seis días a Dubái para participar de la instancia final del premio internacional. La ganadora fue una docente de India y Gloria quedó entre los diez representantes seleccionados.

El contraste con su vida cotidiana fue enorme, pero ella encontró una conexión entre ambos lugares. “Cada uno de los lugares tiene su propia magia y su propio encanto”, sostuvo.

Ahora espera la definición de Docentes que Inspiran, mientras continúa frente al aula en La Sara. “Seguimos eligiendo estar en la escuela a pesar de muchas cosas”, afirmó. Para Gloria, su lugar sigue siendo el mismo: “Creo que soy una parte muy importante en el proceso de mis estudiantes y quiero seguir presente en ese trayecto que ellos hacen”.

La docente lo resume en una decisión concreta: “Para mí el docente es de aula, así que elijo siempre estar en el aula”.

Y allí permanece, durante la semana, junto a los 15 chicos que recorren kilómetros para llegar a clase y que, para ella, forman parte de una historia que no termina con el último día de primaria.

 

 

La entrevista completa:

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