Dormir bien no empieza cuando uno apaga la luz. Para el médico especialista en medicina del sueño Pablo Ferrero, el proceso es mucho más amplio y comienza desde el momento en que nos despertamos. “Muchas personas creen que la rutina del sueño arranca cuando se acuestan, pero en realidad empieza unas 16 horas antes, cuando comienza el día”, explicó en diálogo con Mejor Informado. Según detalló, el organismo humano funciona en ciclos biológicos que combinan aproximadamente 16 horas de vigilia con 8 de descanso, por lo que todo lo que ocurre durante el día impacta directamente en la calidad del sueño.
En ese sentido, Ferrero advirtió que no alcanza con modificar solo los hábitos nocturnos. “Lo que hacés durante el día, incluso el desayuno, influye en cómo dormís después”, remarcó.
De todos modos, el especialista subrayó que las horas previas al descanso son claves. A partir del atardecer o después de cenar, recomendó iniciar una rutina progresiva de relajación.
Entre las principales pautas, destacó: bajar la intensidad de la luz en el hogar, evitar el uso de pantallas o televisión, reducir estímulos intensos —como discusiones— y generar un ambiente más calmo.
“La casa tiene que acompañar ese proceso de desaceleración”, explicó.
Otro factor determinante es la temperatura. “Cuando entrás a un ambiente más fresco, el cerebro interpreta que el día terminó. Eso favorece la liberación de melatonina, la hormona del sueño”, señaló. En esa línea, indicó que una ducha caliente también puede ayudar, ya que luego el cuerpo desciende su temperatura y facilita el descanso.
El verdadero uso del despertador
Uno de los conceptos que más llamó la atención es el rol del despertador. Para Ferrero, su uso está mal interpretado. “El despertador es espectacular, pero no para levantarte, sino para irte a dormir”, afirmó.
Según explicó, lo ideal es programar una alarma nocturna que marque el inicio de la rutina de descanso. “Si todos los días suena a la misma hora, el cerebro lo aprende. Incluso podés usar siempre el mismo sonido, y eso genera una asociación automática con el momento de dormir”, indicó.
En cambio, el uso del despertador por la mañana implica interrumpir una necesidad biológica. “Dormir es como comer. Si estás comiendo y suena una alarma, dejás de comer aunque tengas hambre. Eso mismo hacemos con el sueño”, graficó.
Un hábito que impacta en la salud
Finalmente, el especialista advirtió sobre las consecuencias de sostener en el tiempo una mala calidad de descanso. “El cuerpo muchas veces necesita más horas de sueño, pero igual lo interrumpimos. Si eso se repite todos los días, las consecuencias aparecen”, concluyó. La clave, entonces, no está solo en dormir más, sino en construir hábitos que acompañen al cuerpo y respeten sus tiempos biológicos.