Cubrir una guerra implica estar donde la historia se escribe en tiempo real. Y también asumir el riesgo y la responsabilidad de contar lo que ocurre cuando la violencia irrumpe en la vida cotidiana de miles de personas.
Con ese desafío, el periodista Nelson Castro viajó a Medio Oriente para realizar una cobertura en primera persona del conflicto que sacude a la región. Desde el terreno, relató lo que significa trabajar en un escenario atravesado por bombardeos, destrucción y tensión permanente, donde la tecnología permite transmitir en vivo desde lugares que antes eran inaccesibles para el público.
En diálogo con Mejor Informado, Castro reflexionó sobre la experiencia de cubrir conflictos bélicos, la reacción del público -especialmente de los jóvenes- ante esas imágenes y las marcas personales que deja convivir con la guerra. También habló de su vínculo con el papa Francisco, a quien conoció antes y después de su llegada al Vaticano, y de cómo fue descubrir la dimensión humana de Jorge Bergoglio detrás de una de las figuras más influyentes del mundo
¿Qué significa para vos cubrir una guerra?
La guerra es una cumbre para el periodismo. Es triste decirlo, porque obviamente es una tragedia humana, pero desde el punto de vista profesional representa un punto máximo. Hoy, con la tecnología, podés estar transmitiendo en vivo desde una trinchera, como si estuvieras conversando en un estudio. Eso te convierte casi en protagonista y le permite a la gente ver de primera mano lo que está ocurriendo.
¿Por qué decís que es una “cumbre” para el periodismo?
Porque no hay nada que supere la intensidad y la responsabilidad de cubrir una guerra. No hay nada comparable a la adrenalina que se vive en ese contexto. Sentís que lo que estás mostrando puede ayudar a que el mundo entienda lo que realmente significa una guerra.
Y ese entendimiento ¿puede ayudar a frenarla o evitarla?
Ojalá. La idea es que, al mostrar lo que sucede, la gente tome conciencia. Tal vez eso contribuya a evitar conflictos o, al menos, a dimensionar su gravedad.
¿Cómo percibís la reacción del público ante tus coberturas?
Es enorme. Me impacta mucho la repercusión en todo el mundo, pero sobre todo en la gente joven. Aunque hoy miran menos televisión, siguen las coberturas por distintos sistemas y plataformas. Lo que más me interesa es que muchos jóvenes, al ver lo que ocurre, toman conciencia de lo que es una guerra y dicen: “Eso no lo quiero”. Ese, para mí, es el mensaje más importante.
Después de vivir experiencias tan intensas, ¿cuál fue el principal aprendizaje que te dejó cubrir conflictos bélicos?
Aprender a valorar la paz. La guerra te hace valorar profundamente lo cotidiano. Una de las cosas que más me impacta es cuando llegás a un lugar que fue bombardeado. Ahí podés imaginar qué estaba pasando en la vida de esas personas en ese instante: si estaban desayunando, si los chicos estaban haciendo la tarea, si alguien estaba por ir al colegio o si una madre estaba cocinando. Entonces inevitablemente lo trasladás a tu propia vida y pensás: “¿Qué pasaría si esto ocurriera mientras estoy tomando un café en mi casa?”. Ese tipo de cosas te marcan para siempre y te hacen valorar mucho más la paz y la vida cotidiana.
Hablando justamente de paz, aparece inevitablemente la figura de Jorge Bergoglio, el papa Francisco. Vos tuviste una relación muy cercana con él. ¿Cómo fue esa experiencia?
Fue una experiencia única y muy fuerte. Yo no fui criado en un ambiente particularmente católico, pero lo que más me impactó de él fue verlo como un hombre. Un hombre con una personalidad muy fuerte, con poder, un jesuita con grandezas y también con debilidades, como cualquier ser humano. Incluso llegaste a entrevistarlo sobre su salud y a escribir un libro con él. Sí. Fui el primer periodista en el mundo en entrevistarlo sobre su salud y en publicar un libro con su testimonio sobre ese tema. Creo que el mensaje era mostrar que, más allá de ser Papa, es una persona a la que le pasan cosas, que sufre, que puede cometer errores. Esa dimensión humana fue muy fuerte.
¿Cómo fue ir descubriendo a Bergoglio desde que asumió como Papa hasta el final de su pontificado?
Fue ver una transformación muy clara. No tanto de él, porque en esencia siguió siendo el mismo, sino de lo que implicó el papado. Era un hombre de poder y ejerció un papado fuerte y, muchas veces, controvertido. Pero al mismo tiempo, también se podía ver al hombre que habíamos conocido en Buenos Aires, con sus gestos, su humanidad y su forma muy particular de entender el mundo.