La conmemoración del Día del Canillita cada 7 de noviembre constituye una cita insustituible en la memoria cultural argentina. La fecha rinde tributo a la memoria del dramaturgo y periodista uruguayo Florencio Sánchez, fallecido ese mismo día del año 1910 en Milán a causa de la tuberculosis. Fue precisamente Sánchez quien, al observar a principios del siglo XX a un jovencísimo vendedor callejero de periódicos que vestía pantalones cortos que dejaban al descubierto sus delgadas piernas, inmortalizó el término al bautizar su popular sainete dramático Canillita, estrenado inicialmente en Rosario en octubre de 1902 y consagrado en Buenos Aires en 1904. La palabra deriva del lunfardo rioplatense donde “canilla”, tomada del latín canella o caña, alude a la tibia o hueso largo de la pierna.
El modelo de venta ambulante en la Argentina se había gestado décadas antes, en 1868 en Buenos Aires y hacia fines de siglo en Rosario impulsado por publicaciones como el diario La República de Lisandro de la Torre. Inspirados en los newsboys neoyorquinos, los editores buscaron abaratar los costos de distribución y agilizar la llegada de las noticias al público, sorteando los tiempos del correo tradicional. Cientos de niños salieron a pregonar las noticias a viva voz en las esquinas y cafés. Décadas más tarde, en 1947, la jornada del 7 de noviembre se oficializó como un día de descanso festivo y gremial para los vendedores de diarios y revistas, consolidando un feriado que se mantiene en la industria gráfica e impresa.
Los anunciadores de la tierra y el viento: la tradición canillita en Neuquén Capital
En la capital neuquina, la distribución de publicaciones estuvo ligada desde sus comienzos al desarrollo institucional del territorio y a la llegada de las vías férreas. Mientras las grandes ediciones nacionales como Crítica o La Nación arribaban en los vagones del ferrocarril desde Buenos Aires, la prensa local comenzó su andar con el semanario Neuquén, fundado el 7 de noviembre de 1908 por José Edelman y Abel Chaneton, convertido posteriormente en diario en 1913. En aquellas primeras décadas del siglo XX, la circulación de noticias dependía de repartidores informales que llevaban boletines de mano en mano por las calles de tierra y bajo las ráfagas del viento patagónico.
La venta callejera de periódicos cobró cuerpo formal en Neuquén Capital hacia la década de 1930, con registros municipales documentados hacia 1937. Las crónicas históricas rescatan de manera unánime a doña Paulina Eleuteria Pintos, nacida el 30 de junio de 1927 en el barrio Belgrano, como la primera canillita mujer de la ciudad. Desde los 8 o 10 años, en los finales de los años veinte e inicios de los treinta, Paulina recorría la zona de la estación del Ferrocarril Sud (en la actual avenida Argentina, entre Sarmiento y Mitre), voceando la prensa junto a la venta de huevos y grasa, luego de que su hermano Cristóbal recibiera y marcara los ejemplares en los andenes. Décadas más tarde, la parada de diarios se afianzaría con trabajadores adultos en esquinas neurálgicas del centro neuquino y figuras recordadas como Rubén Menzo, “Palito” Galaz, Eduardo Navarro o “Rocco” en el norte provincial.
Del éxodo rural al asfalto neuquino: la infancia de Roberto Carlos Sánchez
En la trama de canillitas que marcaron la historia urbana de Neuquén en los años ochenta se destaca de manera sobresaliente la trayectoria de Roberto Carlos Sánchez. Su historia familiar refleja el complejo devenir de las familias de la precordillera neuquina. Roberto es hijo de don José Alfonso Sánchez, nacido en el paraje Chochoy Mallín el 10 de diciembre de 1939 y dedicado al trabajo de criancero, con el que transmitió el valor de la responsabilidad a sus 9 hijos, fruto de su matrimonio con Lucrecia Argentina Merino.
Tras enfrentar un juicio de desalojo en la localidad de Guañacos, la familia emprendió un éxodo que los llevó a instalarse temporalmente en Vista Alegre Norte y llegar finalmente a Neuquén Capital en 1971, radicándose en el barrio Mariano Moreno. Aunque el gobierno provincial intervino ese mismo año restituyendo las tierras a los pobladores desalojados, la familia Sánchez-Merino eligió establecerse definitivamente en la capital. Con el acompañamiento de don Felipe Sapag, accedieron a su vivienda en el naciente barrio El Progreso.
En ese entorno de trabajo arduo y escasez económica nació Roberto Carlos Sánchez el 16 de julio de 1972 en el Hospital Castro Rendón. Roberto cursó sus estudios primarios en la escuela Domingo Savio, bajo la guía del padre José Grigioni, y en las escuelas Nº 256 y Nº 147, completando su ciclo secundario en los C.P.E.M. Nº 26 y Nº 40. Para cooperar con los ingresos de su hogar y transformar una realidad marcada por la humildad de recursos, siendo apenas un niño ingresó al oficio de canillita, trabajando incansablemente en la terminal de ómnibus de la calle Mitre.
De la terminal a las aulas: una vida dedicada a la educación y la inclusión
El paso por las esquinas y las plataformas de la terminal constituyó el primer peldaño de una carrera guiada por la vocación de trabajo. Con el correr de los años, Roberto se desempeñó en diversos sectores comerciales e institucionales: trabajó en Radiadores Neuquén, en la mueblería Sur Algarrobo, en la Municipalidad de Neuquén Capital y en el Consejo Provincial de Educación. Sin embargo, su mayor aspiración estuvo orientada hacia la superación académica.
Roberto continuó sus estudios terciarios y universitarios en la Universidad de Flores, donde egresó con los títulos de Profesor Universitario en Educación Física y Licenciado en Actividad Física y Deporte, proyectando posteriormente sus estudios hacia el grado de magíster. En la actualidad, se desempeña, en la municipalidad neuquina, como profesor y licenciado en programas de actividad física para adultos mayores y personas con discapacidad. Además, con el cargo de coordinador pedagógico (preceptor) en el C.P.E.M. Nº 63.
Junto a su esposa, la Prof. Mirtha Esther Zapata, Roberto ha mantenido una marcada participación social, cultural y política en la comunidad neuquina, habiendo publicado además el libro “A Moverse Más”, enfocado en la actividad física para el adulto y el adulto mayor.
En este 7 de noviembre, el recorrido de Roberto Carlos Sánchez encarna el verdadero espíritu del canillita: una historia donde el trabajo temprano en la calle se convirtió en el cimiento de una vida orientada al servicio público y la educación.