Lionel Messi puede enseñar mucho más que fútbol. Su historia, la manera en que enfrenta las críticas y el respeto con el que se relaciona con los demás lo convierten en un ejemplo para hablar con niños y adolescentes sobre el esfuerzo, la humildad y la importancia de expresar las emociones. Así lo planteó Mariana Savid Saravia, psicopedagoga especialista en Neuroeducación y en convivencia escolar y digital, quien destacó que los aprendizajes más profundos también surgen de lo que los adultos hacen y muestran cada día.
“Además de ser uno de los más grandes del fútbol, es un deportista y una persona que ha manifestado y reflejado valores como el esfuerzo y la dedicación. También el respeto: es respetado en todas partes, incluso por los jugadores rivales”, sostuvo la especialista en diálogo con Entretiempo por AM550.
Para Saravia, la trayectoria del capitán argentino permite abordar temas que atraviesan la infancia y la adolescencia. Las dificultades, las críticas y los momentos de frustración forman parte de cualquier camino, incluso del de una figura que alcanzó el reconocimiento mundial.
La psicopedagoga recordó que Messi sufrió bullying durante su etapa escolar y señaló que la adversidad no define a una persona. Por el contrario, puede convertirse en una oportunidad para aprender y desarrollar herramientas para el futuro.
“Creo que él se ha caído y se ha levantado. Las críticas no lo definen: son oportunidades para aprender y desarrollar habilidades para el futuro”, afirmó. También destacó valores como la humildad, el respeto, la autodisciplina y el trabajo en equipo.
Messi también enseña cómo acompañar a los hijos
Uno de los aspectos que más valoró Saravia es la manera en que Messi acompaña a sus hijos cuando juegan al fútbol. Aunque es el mejor futbolista del mundo, no ocupa el lugar del entrenador cuando asiste a los partidos de sus chicos.
“Es el mejor del mundo con una pelota en los pies, pero cuando va a la cancha a ver a su hijo no le da instrucciones. Es el padre, no el entrenador”, describió.
La especialista resaltó que se lo puede ver sentado en la tribuna, tomando mate y alentando, sin intervenir en las decisiones técnicas ni presionar a su hijo. Para ella, esa actitud representa una enseñanza importante en una época en la que muchos adultos viven pendientes del rendimiento y los resultados de los niños.
“Hay algo que parece simple, pero que en realidad es muy revolucionario en esta época, en la que los padres vivimos hiperconectados, hiperestimulados y con una ansiedad enorme por el rendimiento de nuestros niños”, señaló.
Saravia explicó que los chicos aprenden tanto de las palabras como de las conductas de sus referentes. Los adultos pueden hablar de respeto, paciencia y esfuerzo, pero también necesitan poner esos valores en práctica.
Desde la Neuroeducación, destacó la importancia del aprendizaje por observación. Los niños incorporan formas de relacionarse, reaccionar ante los problemas y tratar a los demás a partir de lo que ven en su entorno. Por eso, consideró fundamental que las familias acompañen sin invadir y permitan que cada chico encuentre su propia manera de desarrollarse.
“Los hijos absorben lo que hacemos y también lo que les decimos”, resumió.
El capitán argentino también rompe prejuicios sobre las emociones
Para la psicopedagoga, otra de las enseñanzas más importantes de Messi tiene que ver con la posibilidad de mostrar sentimientos sin perder fortaleza. Su manera de emocionarse, llorar, abrazar y expresar dudas cuestiona una idea que durante años estuvo muy presente en la crianza de los varones: que deben soportar el dolor en silencio.
“Hay algo muy importante que nos enseñan Messi y otros jugadores, y que como sociedad todavía nos cuesta comprender: la vulnerabilidad y las emociones son humanas”, afirmó.
Saravia recordó que durante mucho tiempo se educó a los varones con frases como que no debían llorar o que tenían que aguantar y reprimir la tristeza. Frente a ese modelo, consideró que mostrar lo que uno siente también es una forma de autenticidad.
“Lo vimos emocionarse, llorar, abrazar, pedir y dudar. Lo vimos mostrar sus sentimientos sin miedo”, señaló. Y agregó que esa actitud ayuda a que los niños y adolescentes comprendan que “un hombre puede ser fuerte y sensible al mismo tiempo, que pedir ayuda no es una debilidad y que llorar no te hace menos”.
La especialista también valoró que los referentes puedan hablar de sus inseguridades y su dolor sin esconderlos detrás de una imagen de perfección. En ese sentido, consideró importante que los jóvenes encuentren modelos que les permitan reconocer sus emociones y pedir ayuda cuando la necesitan.
La resiliencia también se aprende fuera del deporte
Saravia amplió la mirada más allá del fútbol y vinculó estas enseñanzas con otras historias de superación, como la de Carlos Páez, uno de los sobrevivientes de la tragedia de los Andes, que continúa compartiendo su experiencia con nuevas generaciones.
Aunque se trata de situaciones muy diferentes, ambas permiten conversar sobre la capacidad de atravesar momentos difíciles y seguir adelante. Para la psicopedagoga, reconocer el dolor no significa quedar atrapado en él, sino encontrar recursos para procesarlo y construir nuevas posibilidades.
“Esas personas estuvieron al borde de la muerte, atravesaron situaciones extremas y sintieron un montón de emociones. En esa tragedia también se experimentaron muchas emociones, pero se pueden atravesar sin que nos destruyan”, reflexionó.
En ese camino, Saravia insistió en que el resultado final no debería ser la única medida para evaluar el esfuerzo de una persona. “Al final, vale más el esfuerzo que el marcador”, sostuvo.
La especialista también llamó a ampliar la mirada sobre las juventudes. Consideró que, además de hablar de los problemas vinculados con el delito, las drogas o el alcohol, es necesario visibilizar a los jóvenes que desarrollan talentos, sostienen proyectos y buscan oportunidades en distintas disciplinas.
Para cerrar, planteó un desafío para las familias: acompañar a los chicos, ayudarlos a confiar en sí mismos y establecer límites sin convertir sus vidas en una extensión de las expectativas adultas.
“Tenemos que acompañar a nuestros niños y adolescentes para que aprendan a confiar y para ponerles límites, pero, al mismo tiempo, corrernos del lugar de protagonistas”, expresó.
Y dejó una reflexión que resume su mirada sobre la crianza: “Nuestros hijos no son una prolongación nuestra ni vinieron a cumplir nuestros sueños: vinieron a vivir los suyos”.