El 1° de octubre se celebra el Día Internacional del Café. Aunque sigue siendo uno de los hábitos más instalados entre los argentinos, la manera de tomarlo está cambiando. Café de especialidad, preparaciones frías, nuevas recetas y hasta música convierten a la taza cotidiana en una experiencia personal.
Hay pocas escenas tan cotidianas como la de una taza de café. Puede ser la primera de la mañana, la excusa para una conversación, una pausa en medio del trabajo o esos minutos en los que parece no hacer falta nada más. Pero detrás de un hábito que atraviesa generaciones también aparecen nuevas maneras de elegirlo, prepararlo y disfrutarlo.
El café en los hogares argentinos
En Argentina, el café está presente en más del 90% de los hogares. Moviliza un mercado de alrededor de 30.000 toneladas anuales. El desayuno continúa siendo el principal momento de consumo, con cerca del 42% de las tazas. Hay otro dato que explica buena parte de su transformación: aproximadamente el 47% de las ocasiones de consumo ya están asociadas al placer y al bienestar. Casi al mismo nivel que aquellas vinculadas con su efecto estimulante.
Del café de la mañana a un ritual propio
Ya no existe una única forma de tomar café. Cambian el grano, la intensidad, la leche, la temperatura y hasta el momento elegido para prepararlo. Personalizar la taza se convirtió en parte del ritual.
El fenómeno también se ve en el avance de las preparaciones frías. En el mercado argentino representan alrededor del 6% de las ocasiones de consumo. Encuentran especialmente terreno entre los consumidores jóvenes. Las propuestas listas para tomar, los cafés preparados directamente con agua fría y las recetas que hasta hace algunos años parecían reservadas a una cafetería amplían el repertorio cotidiano.
El café de especialidad también cambió la merienda
En Buenos Aires y sus alrededores, el crecimiento del café de especialidad produjo otra transformación. Ya no se trata únicamente de ir a tomar un espresso. La cafetería pasó a convertirse en un espacio al que se va a quedarse, trabajar, conversar o construir una merienda completa.
En Humano, por ejemplo, trabajan con un blend House compuesto por café de Brasil y Colombia. Aparece tanto en preparaciones clásicas como en versiones frías. La propuesta de cocina suma desde un croque monsieur hasta pastelería con combinaciones menos previsibles.
Negro pone el foco directamente en el grano, con un blend de perfil dulce y achocolatado. Se adapta al espresso y al americano, pero también al flat white, latte, macchiato, coffee tonic y otras preparaciones contemporáneas. A su alrededor aparece una carta breve de platos y pastelería artesanal.
En Zulu Haus, la inspiración japonesa se cruza con café de especialidad y una merienda sin apuro. Flat white, latte y cappuccino conviven con leche de avena y pastelería artesanal en una casona centenaria de La Lucila.
Antes y después de la taza
Al mismo tiempo que el consumidor presta más atención al sabor y a la preparación, empieza a crecer otra pregunta: de dónde viene el café que tomamos.
El recorrido comienza mucho antes de que el grano llegue a una máquina. Nestlé, por ejemplo, trabaja con productores para incorporar prácticas de agricultura regenerativa. Según datos de la compañía, durante 2025 el 53% del café verde utilizado por la marca a nivel global provino de productores que aplican este tipo de prácticas. Más de 100.000 productores de 15 países recibieron capacitación y acompañamiento.
La conversación tampoco termina una vez que la taza queda vacía. Los programas de recuperación de cápsulas buscan incorporar aluminio y otros materiales nuevamente al circuito de reciclaje. Los restos de café pueden transformarse en compost. Quizás ahí esté parte de lo que explica la vigencia del café. El ritual es personal. Y probablemente por eso nunca haya una única manera de celebrarlo.