La llamada Piedra Redonda se encuentra en territorio de la comunidad mapuche Millaqueo, entre Portada Covunco y Las Lajas. Para llegar es necesario recorrer caminos rurales y realizar una caminata de dificultad media hasta un mirador natural desde donde se observan el Valle del Covunco, el Cerro Bandera, la Laguna La Solitaria y gran parte del centro de la provincia.
Quien mejor conoce este lugar es Don Blas Ortiz, criancero y lonco de la comunidad, que convive con la roca desde la infancia. Cuenta que cuando iba a la escuela la comparaba con el globo terráqueo que utilizaban sus maestros y que, con el paso de los años, se convirtió en parte inseparable de su vida.
La piedra también fue refugio del viento, sombra durante los veranos y punto de descanso en las recorridas por el campo. Hoy, Don Blas desea que ese patrimonio natural deje de ser un secreto local y se transforme en una propuesta turística para quienes recorren la Ruta Nacional 40. "Me ilusiona que la piedra gane protagonismo dentro del turismo de sendero y cultural", expresó, convencido de que Aguada del Chacay reúne condiciones únicas para atraer visitantes interesados en la naturaleza, la geología y la cultura rural.
Además de la singular formación rocosa, desde el cerro pueden apreciarse algunos de los paisajes más representativos del centro neuquino, con vistas hacia el valle de Vaca Muerta, el Cerro Negro, el Cerro Mesa y la precordillera andina.
Un patrimonio de 160 millones de años
Desde el punto de vista científico, la Piedra Redonda tiene una explicación geológica que la vuelve aún más valiosa. El geólogo Alberto Garrido explicó que se trata de un bloque de roca caliza perteneciente a la Formación La Manga, modelado durante millones de años por un proceso de meteorización que le otorgó su característica forma esferoidal.
Según detalló, la roca se formó hace aproximadamente 160 millones de años, cuando esta región de Neuquén estaba cubierta por un mar cálido y poco profundo conectado con el océano Pacífico.
En su superficie aún pueden observarse fósiles de ostras, corales, bivalvos y grandes caracoles marinos, evidencias del antiguo ambiente marino que existió durante el período Jurásico. Para Garrido, la Piedra Redonda representa "una ventana al Jurásico" y constituye un patrimonio geológico, natural y cultural que merece ser preservado y difundido.
Mientras la ciencia explica su origen, Don Blas continúa visitándola cada vez que puede. Para él sigue siendo "su piedra", la misma que lo acompañó durante toda la vida y que ahora espera compartir con quienes lleguen a descubrir uno de los paisajes menos conocidos del centro neuquino.