Con la llegada de las bajas temperaturas y el uso más frecuente de estufas, calefactores y braseros, especialistas volvieron a advertir sobre uno de los riesgos más frecuentes de cada invierno: la intoxicación por monóxido de carbono. Se trata de un gas que no tiene olor, color ni sabor, lo que dificulta su detección dentro de viviendas y espacios cerrados.
Uno de los principales problemas es que los síntomas iniciales suelen parecerse a los de otras afecciones habituales. Dolor de cabeza, mareos, somnolencia, cansancio excesivo, náuseas y sensación de debilidad son algunas de las señales más frecuentes y muchas veces son atribuidas al estrés, al agotamiento o incluso a una intoxicación alimentaria.
Los especialistas recomiendan prestar especial atención cuando varias personas de una misma vivienda comienzan a experimentar malestares similares al mismo tiempo o cuando los síntomas aparecen dentro de un ambiente cerrado y mejoran al salir al aire libre.
En los casos más severos pueden presentarse vómitos, dificultad para respirar, visión borrosa, dolor en el pecho, desorientación y pérdida de conocimiento, situaciones que requieren atención médica inmediata. Los grupos más vulnerables son niños, adultos mayores, embarazadas y personas con enfermedades respiratorias o cardiovasculares.
Otra característica de este tipo de intoxicaciones es que suelen ocurrir durante la noche. El monóxido puede acumularse mientras las personas duermen, especialmente cuando se utilizan artefactos sin salida al exterior o cuando los ambientes permanecen poco ventilados.
Ante cualquier sospecha, los especialistas aconsejan abrir puertas y ventanas, apagar los artefactos a combustión, salir al aire libre y buscar asistencia médica de manera urgente.
Además, recomiendan realizar controles periódicos de estufas, calefones y sistemas de calefacción con personal matriculado, así como mantener siempre una ventilación mínima dentro de la vivienda.