Para quienes se relacionan con perros y gatos, no es novedad que los primeros comen todo cuanto se acerque a su boca, mientras que los segundos, son mucho más selectivos.
Estudios recientes de ADN, permitieron descubrir que estas conductas no son caprichosas sino que se deben a mutaciones genéticas específicas, que anularon la capacidad de los gatos para percibir determinados sabores, pero al mismo tiempo, desarrollaron mucho más sus receptores orientados a los aminoácidos de la carne.
El análisis de las papilas gustativas revela como la dieta histórica de los animales moldeó sus genomas a lo largo de los miles de años.
Los perros, clasificados evolutivamente como comedores oportunistas, conservan la capacidad de procesar tanto carbohidratos como proteínas y vegetales.
En cambio los felinos, se consolidaron como carnívoros obligados, un factor biológico que provocó la atrofia de los mecanismos sensoriales, que no resultaban indispensables para su supervivencia en el entorno salvaje,
Una de las principales razones por la cual los gatos ignoran los productos de repostería o alimentos ricos en carbohidratos, radica en una alteración estructural de su código genético.
Desde la perspectiva evolutiva, dado que los carbohidratos no forman parte de la dieta natural de un carnívoro estricto, la pérdida de ésta función sensorial no afectó sus supervivencia y se transmitió de forma permanente a las generaciones siguientes.
En un ensayo clínico se ofreció a un grupo de 25 felinos, la opción de elegir entre agua purificada y agua adicionada con moléculas de sabor unami. Los animales se inclinaron por el líquido enriquecido con compuestos presentes en el tejido muscular del atún.
Al no percibir los sabores dulces, el sistema sensorial de los felinos se encuentra especializado en el sabor unami, el quinto sabor básico junto con el dulce, ácido, amargo y salado. Se percibe como un gusto profundo, persistente y carnoso que induce la salivación y está vinculado a los alimentos ricos en proteínas y aminoácidos.
En un ensayo clínico se ofreció a un grupo de 25 felinos, la opción de elegir entre agua purificada y agua adicionada con moléculas de sabor unami. Los animales se inclinaron por el líquido enriquecido con compuestos presentes en el tejido muscular del atún.
Esto explica por qué los gatos domésticos se sienten tan atraídos por los pescados de agua salada, es que éstos alimentos activan los receptores principales que regulan su instinto de ingerir nutrientes.
La amplitud de la paleta gustativa de los perros les permite asimilar carnes, cereales y vegetales sin rechazo.
El sentido del gusto opera en el reino animal como un mecanismo de defensa y evaluación nutricional.
Lo dulce alerta sobre la presencia de fuentes de energía rápida, el unami muestra la existencia de proteínas estructurales y el salado regula los niveles necesarios de sodio. Por su aporte, lo amargo es un indicador de toxicidad o presencia de veneno en la naturaleza.
La amplitud de la paleta gustativa de los perros les permite asimilar carnes, cereales y vegetales sin rechazo.
El fenómeno de optimización genética se repite en otras especies. Por ejemplo el oso panda, que al perder el receptor unami, muta hacia una dieta exclusiva de bambú. O los cetáceos, que al engullir sus presas enteras, han sufrido la desactivación casi total de sus genes del gusto.