Toda su vida el cemento fue parte del paisaje que dominó su mirada. Entre la Ciudad de Buenos Aires y Merlo, en la provincia homónima, Hernán transcurrió sus días entre bocinas y smog.
A los 48 años, después de buscarse durante casi toda una vida, un accidente doméstico le dio el empujón que necesitaba para dar un volantazo. Eligió Córdoba como su nuevo destino y, al pie del cerro Champaquí, encontró el lugar donde por fin se sintió en casa.
De Merlo a las sierras
A cuatro años de haber llegado a las sierras cordobesas, Hernán construyó una casa de 16 metros cuadrados con barro, materiales reciclados y botellas. La vivienda está ubicada en el paraje Rodeo de Piedra, al pie del cerro Champaquí.
El hombre nació en la Ciudad de Buenos Aires y pasó buena parte de su vida en Merlo, provincia de Buenos Aires. Allí atravesó una etapa compleja que, según relató, incluyó consumo de sustancias, alcohol y dificultades laborales.
El accidente que lo impulsó a irse
El cambio comenzó después de un accidente doméstico. Mientras vivía con la madre de su hija menor, una pileta de cemento cayó sobre su pie. La lesión le hizo perder su empleo y terminó de acelerar la decisión de buscar otro rumbo.
Su pareja de entonces conocía Traslasierra y lo llevó a la zona de Los Pozos. Tiempo después, un amigo lo convocó para una changa en Rodeo de Piedra. Al día siguiente se enteró de que había un terreno en venta allí y decidió conocerlo.
El terreno y el comienzo de una nueva vida
Hernán contó que, al recorrer la hectárea ubicada en las cercanías del Champaquí, sintió que había encontrado su lugar. Compró el terreno hace alrededor de cuatro años y medio por USD 8.000, según relató en una entrevista con el canal de YouTube Crónicas del Cambio.
Desde su llegada, comenzó a trabajar en bioconstrucción. Realizó artesanías con cristales y organizó encuentros vinculados con el contacto con la naturaleza. Aprendió a convivir con las condiciones de una zona aislada, sin red de agua ni electricidad.
"Este lugar me empezó a sanar. Empecé a encontrarme con la simpleza de la vida", expresó Hernán.
Cómo es la casa de botellas y barro
La vivienda que Hernán construye mide cuatro metros por cuatro metros. La estructura combina palets, cañas, piedras, paja, barro, alambre y distintos materiales recuperados.
Entre ellos, incorporó botellas recicladas, incluidas algunas rellenadas con bolsas de residuos.
El sistema de construcción se sostiene con una red de alambres que une las cañas, las piedras y las botellas. Luego, las paredes reciben un revoque a base de barro, paja y bosta. Hernán define el método como una construcción "a lo criollo", hecha con los recursos disponibles en el terreno y con materiales que consiguió de segunda mano.
"Todo lo que encontré lo fui usando", explicó durante el recorrido por la casa.
La mayor parte de los insumos fue reutilizada. Las excepciones fueron el machimbre y las chapas del techo, que pudo colocar con la ayuda de un amigo que le regaló parte de esos materiales.
Los detalles de la vivienda
La casa tiene una ventana orientada al este para aprovechar el ingreso de aire fresco desde la sierra. En el interior instaló una salamandra fabricada con la estructura metálica de una cama antigua, que utiliza para calefaccionar el ambiente durante los días de bajas temperaturas.
También ideó un calentador de agua artesanal con un tubo de GNC reutilizado. El sistema funciona con fuego: el agua ingresa por una cañería, se calienta dentro del tanque y luego se regula con agua fría.
Lo que falta y los encuentros comunitarios
El proyecto todavía no está terminado. Hernán planea revocar el interior y completar algunos sectores mediante una minga, una jornada comunitaria en la que vecinos y participantes comparten comida, música y trabajo para colaborar en una construcción.
Además de avanzar con su vivienda, impulsa encuentros que denomina "Volver a casa, volver al corazón, a la raíz". Las actividades incluyen caminatas, fogones y espacios de conversación en el monte.