Cuarentena y abandono

Perros de la calle, los olvidados en medio de la pandemia

Las personas que alimentan y asisten a perros en situación de calle no tienen respuestas de cómo llegar a los lugares más vulnerables de la capital neuquina sin violar el aislamiento obligatorio
viernes, 27 de marzo de 2020 · 01:26

Todas las medidas zoosanitarias que se vienen haciendo durante los últimos años tienden a desmoronarse en época de pandemia. Parecía que las mascotas, más precisamente los perros, ganaban terreno entre los gobiernos y hasta se avizoraba un futuro con más derechos para ellos.

Son millones los perros que deambulan sin rumbo por las calles del país,y la capital neuquina así como en toda la provincia tiene una importante superpoblación, incluso con castraciones gratuitas y masivas, ahora suspendidas, seguían apareciendo en cada rincón cachorros y más cachorros. Ahora en plena cuarentena obligatoria la situación de las personas se complica y también la de los perros.

Ellos no están incluidos en ningún decreto, ni nacional ni provincial, ni siquiera en una ordenanza se los tuvo en cuenta. Ellos, los callejeros, los que se las rebuscan para comer, la mayoría de las veces sin éxito, dejaron de existir en el momento en que un listado de personas exceptuadas en determinadas actividades, no incluía a quienes se encargan de cuidarlos, de castrarlos, de alimentarlos y de sacarlos de la miseria.

No existe artículo tal que justifique que las personas puedan seguir asistiéndolos, no fue solo un olvido del presidente que se saca fotos con su perro Dylan, parece que el gobierno provincial y hasta el municipio se olvidaron por completo de los perros de nadie, justo en el momento en que más lo necesitaban.

No alcanza tan solo con dejar un poquito de comida en la vereda, porque hay barrios donde las familias no tienen comida ni para ellos, donde además de asistir a sus mascotas estas personas que, muchos tildan de locas y locos, asistían también a las humanos olvidados. No alcanza con dejar un poco de alimento en la vereda porque hay sectores de la ciudad que no tienen vereda, hay sectores donde ni siquiera hay gente y paradójicamente allí, a esos sectores fantasmas llegaban los locos que hoy desde su casa se preguntan cómo ayudar.

No alcanza un voluntariado para llevar el perro de una abuela a la veterinaria, se necesita un poco más. Se necesita que Mariela que vive en el barrio Don Bosco pueda ir a barrio Hipódromo a alimentar a los perros que están esqueléticos, o a un obrador abandonado donde alguien se olvidó unos cuantos perros, o a la meseta donde la gente y los medios nos acordamos cuando las jaurías matan por hambre a los animales de corral. ¿Se imaginan ahora el peligro?

Si no quieren pensar en los perros, ahora que están vivos, imaginen en un futuro no muy poco lejano, el riesgo sanitario de decenas de perros muertos en “los barrios”, suena extremista pero puede llegar a suceder –perras en celo, pelea de machos, cachorros a la deriva-.

Una buena solución sería que se incluyan en algún listado a quienes durante muchos años de manera solidaria, (una palabra tan de moda que muchos han descubierto ahora) se encargaron de llevar a castrar perras en celo, de dar callejeros en adopción, de llevarles comida allá lejos donde pocos llegan, porque esas personas no solo alimentan a los que andan en sus barrios, que es lo más fácil, sino que patean y gastan combustible para hacer lo que hacen, ponen de su bolsillo y del bolsillo de muchas personas solidarias.

Hoy en medio de la pandemia, en una provincia donde a la gente hay que pedirle que por favor se quede en su casa, hay otra parte de la sociedad que necesita salir. No existe permiso tal que pueda emitir la policía y que justifique porqué Virginia salió en su auto sola, tomando todos los recaudos necesarios a darle de comer todos los días a los perros que nadie ve.

Nadie tiene una respuesta para este tema, todos se pasan la pelota. Mientras tanto los perros siguen esperando, famélicos, con lagañas verdes y repletos de garrapatas, y las locas y locos siguen arriesgando sus pellejos en medio de la cuarentena.

 

Comentarios