EDITORIAL

Al ritmo de las PASO

No hay escenario político distinto a este. Parece concertado entre quienes gobiernan y quienes lo enfrentan. La oposición política no ha encontrado un modo de fabricar su espacio y desde allí plantear un discurso alternativo. La oposición ha sido subsumida por la estrategia de Clarín.
domingo, 26 de julio de 2015 · 10:52
La irrupción de la publicidad política obligatoria financiada por el Estado nos ha metido de lleno en lo que serán la previa de una elección decisiva. Las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias son las elecciones donde se define la grilla definitiva para el próximo 25 de octubre cuando se elija la sucesión de Cristina Fernández de Kirchner. El gobierno cuenta con la ventaja de administrar el poder y además el bonus que le otorga una oposición dispersa, sin claridad política más allá de la denuncia sobre la corrupción en la administración actual. La cantidad de años –tres mandatos consecutivos- en que la administración del Estado lleva el mismo color político también ha contribuido a esa idea de que les pertenece enteramente. La constante utilización de la Cadena Nacional para comunicar cualquier hecho y bajar línea política se ha convertido en el hecho emblemático que mejor refleja esta conducta de "el Estado somos nosotros” que sostiene a modo de razonamiento el kirchnerismo. Con la justificación política de que el multimedio Clarín enfrenta el poder del gobierno, desde la administración se han pertrechado con una cadena de medios que le responden, eso sí con el financiamiento oficial, es decir con dinero público que a veces se utiliza adecuadamente y otras sirve para que algunos vivos medren. Esta polarización política divide al país y no porque la conciencia política ciudadana lleve a ello sino porque los protagonistas han actuado de modo que a nadie le resulte indistinto y en muchos casos obligando a que se tome partido por uno o por otro. No hay escenario político distinto a este. Parece concertado entre quienes gobiernan y quienes lo enfrentan. La oposición política no ha encontrado un modo de fabricar su espacio y desde allí plantear un discurso alternativo. La oposición ha sido subsumida por la estrategia de Clarín. El atractivo de contar con espacios en los medios y desde allí ejercer la tarea política resultó más un abrazo de oso que una contribución para los referentes opositores. Se diluyó su tarea y perdió efectividad. Mientras tanto el gobierno eligió moldear el perfil de su opositor preferido y se retardó en definir el propio. Con el perfil moderado de Daniel Scioli trata de morigerar el rechazo del electorado más antikirchnerista y eligió a Mauricio Macri como su opositor preferido. Busca potenciar en el Jefe de Gobierno porteño depositando todas las condiciones antitéticas que le confiere el relato oficial. Macri es a los ojos del gobierno la encarnación de la derecha más descomprometida, el niño bien que representa los intereses de las clases altas de la sociedad argentina, guardándose la potestad de representar a los sectores más débiles y postergados. La construcción de un "ellos y nosotros” le vino saliendo bien hasta que las encuestas indicaron que con ese discurso se iban por la canaleta y debieron recurrir a Daniel Scioli, un dirigente también surgido de la etapa neoliberal del peronismo y cría de la burguesía comercial porteña. Es decir un advenedizo en esquema sectario del kirchnerismo. La otra alternativa que no fue es la del radicalismo en sus distintas vertientes. La que se quedó con el partido tradicional con Sanz, la bonaerense que encarna Margarita Stolbizer y virgen peregrina que representa Lilita Carrió. En ese reparto el partido que fundó el sistema político argentino junto al socialismo mira cómo se aleja cada vez más a de la consideración ciudadana. No hay ningún atractivo para seguir una fuerza que no se puede gobernar a sí misma. Un ejemplo de la decadencia es que dos de los tres sectores en que se dividen sus dirigentes llegan a los brazos de Mauricio Macri y su PRO por mucho menos de lo que valen. Una agonía prolongada y una refundación que no llega al viejo partido de Alem e Yrigoyen.
En esta instancia las PASO servirán para poner en valor a cada una de las fuerzas y sus pretensiones a la vez que servirá para orientar a los electores más desconcertados por la política argentina qué en su abandono del sistema de partidos y en tránsito hacia no se sabe dónde olvidó su rol de construcción de ciudadanía.
En Neuquén las primarias no tendrán el protagonismo del partido de gobierno, el MPN mantendrá su tradición de neutralidad aunque se sabe que el gobernador Jorge Sapag mantiene  una relación de simpatía con su colega bonaerense  Daniel Scioli. La preferencia de Sapag por Scioli no se traducirá en un apoyo partidario explicito pero sí es probable que el aparato de poder contribuya a ese sector. No será la primera vez que Sapag eluda la formalidad partidaria y recurra al sector azul para explicitar sus preferencias. Mientras que en el PRO neuquino se trabaja a diario en apoyo de la candidatura de Mauricio Macri y el Frente para la Victoria cuenta con uno de sus principales dirigentes nacionales en la organización de la campaña local. Todos mantienen un ojo en las elecciones municipales del 4 de octubre que será la elección que concite la mayor atención antes de  las presidenciales del mismo mes. A dos semanas de la fecha de las primarias la publicidad política lo invade todo en los medios pero no mueve el amperímetro de los ciudadanos.
M.E.G.


Comentarios