Cuando alguien se lanza demasiado temprano, algo adentro no termina de cerrar. Es una regla tácita en política. María Emilia Soria hizo exactamente eso. Sin fecha de elecciones por delante, la intendenta de Roca y menor de la familia que desde 2003 está al frente de la segunda ciudad con el padrón más grande de Río Negro, se posicionó como candidata a gobernadora por el peronismo.
El contenido del acto no tuvo sorpresas. El gesto, sí. Empezar tan temprano puede ser una señal de fortaleza, pero también muestra la necesidad de ordenar el terreno antes de que otros ocupen el espacio. Desde 2011 para acá, el peronismo rionegrino se pega tiros en los pies. Para volver a ser competitivo necesita algo más que un acto con 3.000 personas y una puesta en escena que emuló a Cristina Fernández de Kirchner sin nombrarla. Una sola oradora y muchas pantallas.
“Unidad” fue la palabra que más repitió Soria. Y probablemente sea la que más tenga que practicar durante los próximos meses. "Dime de que te jactas y te diré lo que careces", decía la abuela. Soria tiene que convencer a sus propios compañeros de que esta vez no habrá exclusiones.
A ellos, a los mismos dirigentes a los que los Soria tantas veces les dieron la espalda. Les tiene que hacer creer que no habrá maltrato. Que no aparecerá nuevamente el “peronómetro” para señalar como traidores a quienes no se alineen ante sus pretensiones. Ese es el verdadero desafío.
No se trata solamente de limar el liderazgo de Alberto Weretilneck, ni de aprovechar el desgaste de Javier Milei. Antes de eso, Soria necesita construir una mayoría dentro del propio peronismo. Ahí empieza la verdadera campaña.
Nada de lo que dijo María Emilia parece casual. Mencionar a Aníbal Tortoriello tiene una doble utilidad política. Primero, sirve para apagar un incendio interno. A principios de año circularon rumores sobre un eventual acercamiento con el diputado libertario. Ese supuesto guiño generó malestar en sectores del peronismo. Cuestionarlo públicamente permite cortar esa sospecha de raíz. Segundo, lo empuja al ring. El peronismo necesita que La Libertad Avanza presente un candidato propio.
Un escenario de tercios entre el peronismo, Juntos Somos Río Negro y La Libertad Avanza divide el electorado y puede abrir una ventana para cualquiera que pretenda sacar a Weretilneck del poder. Presentar a Tortoriello como candidato “puesto” del oficialismo nacional puede leerse como una provocación calculada. Una carnada.
Menos agresividad, más cálculo
María Emilia Soria no es su hermano Martín. Tampoco su papá Carlos, a quien nombró varias veces durante el acto con la intención de recordar la mística que acompañó su victoria electoral de 2011. Cambiaron las épocas y el "Gringo" ya no está. El discurso en el Club Italia Unida evitó las palabras más agresivas y acusaciones que históricamente identificaron al sorismo.
La única crítica directa, con nombre y apellido, fue contra Tortoriello. El resto apareció despersonalizado: “el Gobierno provincial”, “el partido oficialista”. Para algunos, eso puede ser aprendizaje político. Para otros, dejar atrás las bravuconadas que durante años funcionaron como marca registrada del espacio, forma parte de una estrategia pensada por un gurú foráneo.
Lo concreto es que esta vez no apareció el discurso de una provincia llena de “ñoquis” y “vagos” , que repetía permanentemente Carlos Soria y Martín. Por el contrario, María Emilia reconoció que la salud, la educación y la seguridad se sostienen sobre el esfuerzo de los trabajadores estatales. Y lanzó una promesa: blanquear todas las sumas no remunerativas. Instalar el tema es un mérito. Sostenerlo, otro asunto. Aunque no dijo cómo lo hará.
La unidad que Soria no controla
Hay cosas que Soria puede manejar y otras que no. Puede manejar el discurso, la escenografía y el momento del lanzamiento. Puede construir una fotografía de unidad. Lo que no puede controlar son los espacios que deciden caminar por afuera.
El Frente Renovador de Alejo Ramos Mejía y SUMAR, el espacio de Rodolfo Aguiar, no aparecen en la foto de Soria. Ambos sellaron una alianza para las elecciones de Bariloche por fuera del peronísmo, para participar en la elección de convencionales para reformar la Carta Orgánica. Es el primer examen político rumbo a las provinciales de 2027. No define una elección provincial, pero puede anticipar alianzas, rupturas y posicionamientos que después lleguen a la disputa por la gobernación.
Entre los que no estuvieron en la foto de la semana pasada, está el camporista Martín Doñate, al que el peronísmo de Roca lo trató de traidor. Se excusó por un viaje al exterior. Tampoco quiso exponerse a que aparezcan viejos cuestionamientos.
Por eso, la foto de Roca deja una pregunta incómoda: ¿Cuánto de esa unidad existe realmente fuera del espacio que conduce Soria?
Mientras tanto, en Buenos Aires, el peronismo nacional también busca ordenarse con los acercamientos entre Axel Kicillof, Máximo Kirchner y Sergio Massa se sentaron a la misma mesa después de años sin diálogo. El primer objetivo es blindar las PASO y el de fondo cerrar acuerdos para que el peronismo pueda competir con chances en 2027.
Ahí está la gran incógnita para Río Negro. Lo que se resuelva entre Kicillof, Máximo y Massa puede afectar la campaña de Soria. Si el peronismo nacional logra ordenarse detrás de un candidato con capacidad de sumar, la marca ayuda. Si la interna se profundiza, Soria corre el riesgo de cargar con una etiqueta dividida justo cuando más necesita mostrarse como la síntesis de la unidad.
Soria hizo lo que tenía que hacer. Ya se lanzó. Ahora viene lo difícil.
Tiene que sostener el envión cuando todavía no hay un cronograma electoral definido y buena parte del tablero permanece abierto. Una cosa es juntar a todos para una foto. Otra muy distinta es conseguir que permanezcan juntos cuando llegue la hora de repartir candidaturas, lugares y poder. Sobre todo cuando no entra en la negociación por la unidad la continuidad del apellido en Roca, con su hermano Carlitos
La foto ya la consiguió. Ahora falta demostrar que la unidad existe cuando se apagan las pantallas del escenario.