POLÍTICA ENERGÉTICA EN LA MIRA

La producción muestra señales, pero se podría enfriar por la campaña

Para los industriales este año también está perdido por la falta de tratamiento legislativo de la nueva ley de hidrocarburos. En la agenda electoral no se instalan temas estratégicos y se estima afectarán las inversiones futuras.
martes, 27 de julio de 2021 · 03:00

Se inicia la última semana de julio y con ello, el comienzo de una batalla por las elecciones de medio término. Los temas que deberían tratarse en el ámbito legislativo pasarán para las sesiones extraordinarias o en su defecto, a las ordinarias del 2022.

Un ejemplo clave para la industria energética es la falta de una nueva ley de hidrocarburos que fue prometida en diciembre de 2019, y a la fecha, sigue analizándose dentro de los círculos más reservados de la política local.

En la actualidad, muchos empresarios privados confiesan por lo bajo que “este año también está perdido”; y el razonamiento responde a la falta de celeridad para el tratamiento legislativo.

“Si aún no se conoce a ciencia cierta el borrador, será difícil creer que en un año electoral la agenda legislativa avance con un proyecto de ley que impacte en las diferentes economías regionales” comentó un gerente local de una empresa de servicios petroleros.

Es habitual que la labor legislativa se vea interrumpida durante los meses previos a las elecciones, y todo nuevo proyecto de ley se posponga por falta de acuerdo en el parlamento.

A estas alturas, cualquier acción que se tome será usada por oficialistas y opositores, y en este sentido nadie querrá introducir al debate electoral un tema tan específico y necesario como es la nueva Ley de Hidrocarburos.

Para el oficialismo, incorporar en estos meses el tratamiento de la nueva ley podría desviar el objetivo de obtener quorum propio en la Cámara de Diputados, y para la oposición intentar aumentar sus bancas en el Senado de la Nación.

Si hay algo de coincidencia en la política argentina es que ambas coaliciones no arriesgarán su electorado cautivo introduciendo temas estratégicos en la agenda electoral. Por lo que se escucha hasta el momento, el debate estará centrado en la agenda económica, el crecimiento de la pobreza, el sistema educativo y el sanitario.

En este contexto, las estrategias comunicativas de las distintas coaliciones estarán centradas en las buenas noticias o en propuestas que apunten a la gente; más que en temas estratégicos que puedan dar un camino de solución a los problemas estructurales que tienen las distintas actividades económicas del país.

En este antagonismo se ubican los anuncios de los nuevos récords de producción petrolera, por sobre la retirada de la empresa Sinopec en los yacimientos de Santa Cruz, o el importante y silencioso freno que sufrieron los proyectos exploratorios de los bloques off shore del Mar Argentino.

Cuando se analizan los primeros cinco meses del año se observa que la producción de petróleo a nivel país es prácticamente igual que la del 2020, mientras que respecto a 2019 se registra una disminución del orden del 1,42% sobre la producción de crudo.

Por otro lado, la producción de gas natural muestra un interesante crecimiento respecto al mes de abril del presente año, aunque continúa por debajo de los niveles alcanzados en el 2020 y 2019.

En este balance, la cuenca neuquina es quien verifica un incremento del 14.4%; aunque estos valores no llegan a alcanzar para minimizar la importación de 16.3 millones de metros cúbicos diarios de gas natural licuado y 14.6 millones de metros cúbicos diarios de Bolivia

Lo impresionante es que los registros muestran la foto de la producción, pero la película que se rueda se denomina “El tiempo perdido”. Si bien el país tiene problemas macroeconómicos y de confianza con los inversionistas mundiales; la falta de una nueva ley, la imposibilidad de retirar sus ganancias o el riesgo de un cambio en las reglas de juego cada cuatro años influyen en los análisis de riesgo de las empresas privadas que deben velar por los intereses de sus accionistas.

Dos años sin un plan de explotación y exploración petrolera significa como mínimo cinco años de atraso en el desarrollo de un campo, en la construcción de un gasoducto y/o en la prefactibilidad de un bloque off shore. Un tiempo que no se recupera, trabajo genuino que no se genera y divisas que se van por la importación de un recurso que el país podría llegar a exportar. Mientras tanto, el mundo petrolero analiza el impacto que tendrán las nuevas exportaciones de Irán y el crecimiento en el mercado global del crudo de los Estados Unidos.

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