El peligrosísimo delincuente allense, Carlos Alberto “Chupilca” Bustamante quedó condenado a una pena única de 43 años de prisión por la suma de la condena que ya cumplía y los 8 años que recibió por el violento robo a una fábrica de hielo de Stefenelli, ocurrido el 28 de abril; en el mismo juicio abreviado, Marcos Alejandro Sambueza, de 21 años y sin antecedentes, fue condenado a 6 años y 8 meses de cárcel.
El número impresiona por sí solo: 43 años de prisión. Pero detrás de esa cifra hay una historia penal que comenzó mucho antes del golpe a la fábrica de hielo y que terminó sumando un nuevo capítulo después de una fuga, una persecución a los tiros, patrulleros chocados y policías heridas. La Justicia homologó por unanimidad el acuerdo alcanzado entre las partes y cerró así una causa que había comenzado con un violento asalto en Stefenelli.
Bustamante recibió 8 años de cumplimiento efectivo por este hecho. Sin embargo, no partía de cero. Ya tenía una condena acumulada de 35 años de prisión, por lo que el tribunal unificó ambas penas y estableció una condena única de 43 años. Además, la Justicia volvió a declararlo reincidente, por tercera vez, un dato que marca el peso de sus antecedentes en la resolución.
Cuando ocurrió el robo de la caja fuerte en Stefenelli, Bustamante estaba prófugo. Se había fugado un tiempo antes durante una salida transitoria, beneficio al que había accedido mientras cumplía condena en la U5, la cárcel Federal de Roca. Pese a ser mopnitoreado con una tobillera con GPS, Chupilca se la sacó y la dejó abandonada en un descampado. Desde ese momento no se sabía anda de él hasta el golpe en la fábrica de hielo.
Ahora bien, el asalto no fue un simple ingreso y fuga. Según la reconstrucción judicial, cuatro hombres participaron del golpe, aunque solamente Bustamante y Sambueza llegaron a este juicio abreviado. Los otros dos integrantes lograron escapar y, hasta el momento de esta resolución, no fueron sometidos a este proceso.
El robo de la caja fuerte
El grupo llegó hasta la fábrica ubicada sobre calle Los Sauces al 1700, en Stefenelli, a bordo de una Fiat Strada que tenía pedido de secuestro en Neuquén. La investigación había establecido además que el vehículo llevaba colocadas patentes que no coincidían con la numeración grabada en sus cristales, un detalle que reforzó las sospechas sobre la maniobra utilizada para ocultar su verdadera identidad.
Pero había algo más. La banda parecía conocer perfectamente el lugar. Para ingresar al predio utilizaron un control remoto que pertenecía a la fábrica, elemento que posteriormente fue encontrado dentro de la camioneta y reconocido por una de las víctimas. La investigación también había establecido que esos dispositivos estaban en manos de personas que tenían acceso autorizado al establecimiento.
Una vez adentro, los delincuentes fueron directamente por las cajas fuertes. Lograron sacar dos y cargar una de ellas en la Fiat Strada, además de llevarse un reloj, una mochila, una campera y un par de anteojos. Parte de esos elementos nunca pudo ser recuperada.
Sin embargo, el plan comenzó a derrumbarse cuando los delincuentes abandonaron el lugar. El primer patrullero que intentó interceptarlos fue embestido en la parte trasera y la banda se efectuó disparos contra los policías para escapar a toda velocidad rumbo a la Ruta 22. Después, la fuga se trasladó hacia barrio Mosconi, donde apareció un segundo móvil policial que participaba del operativo cerrojo. La Fiat Strada volvió a impactar contra el patrullero y el choque terminó con dos policías heridas. La secuencia, lejos de terminar allí, continuó hasta que los efectivos consiguieron detener a Bustamante y Sambueza. Los otros dos sospechosos lograron escapar.
Para Bustamante, además, la captura tuvo otro ingrediente. Durante las primeras horas posteriores a su detención, dio dos identidades falsas antes de que los investigadores pudieran determinar quién era realmente. Su situación era todavía más complicada porque se encontraba bajo una situación de rebeldía vinculada con su fuga y tenía una extensa condena previa.
Mientras tanto, la situación de Sambueza fue completamente diferente. El joven, de 21 años y sin antecedentes penales, reconoció su responsabilidad y aceptó el juicio abreviado y la pena acordada. El tribunal lo condenó como coautor del robo doblemente agravado por el uso de arma de fuego y por haber sido cometido en poblado y en banda.
Bustamante, en cambio, fue condenado como autor penalmente responsable de robo doblemente agravado por el uso de arma de fuego y por haber sido cometido en poblado y en banda, además de portación ilegítima de arma de guerra.
La investigación había revelado además que el golpe estaba lejos de ser improvisado. La camioneta había sido robada en Neuquén y tenía pedido de secuestro desde febrero; los investigadores también habían detectado que la banda contaba con información sobre el dinero existente en la fábrica y conocía la presencia de cámaras de seguridad.
¿Quién es Chupilca Bustamante?
En Allen, su historial genera temor. Supo ser la mano derecha del narco asesinado Luis Miguel “Cacha Pelada” Ayala, con base en el barrio Colonizadora del Sud que a comienzos de los años 2000 abastecía de cocaína a todo el Alto Valle y mantenía una rivalidad marcada con el Clan Montecino, otra banda emblemática de la época. Cacha Pelada murió en la cárcel y el liderazgo lo heredó su hermano Mario Alberto "Churrinche" Ayala. Su recorrido en el mundo del delito está marcado por hechos violentos, fugas y condenas de alto impacto.
De hecho, uno de los episodios más recordados que tuvo a Bustamante como protagonista fue el asesinato de Leonel Manríquez en 2010, un adolescente de Cipolletti que fue asesinado en medio de un tranza de droga a cambio de un auto robado. Por ese crimen, fue condenado y su pena se unificó con otros delitos, alcanzando los 25 años de prisión.
Sin embargo, su historia carcelaria también está atravesada por fugas. No era la primera vez que lograba escapar. En 2012 se fugó del Penal 1 de Viedma y permaneció prófugo durante meses. Ante su peligrosidad, fue enviado a la cárcel federal de Rawson, una de las más seguras del país, sin embargo por motivos familiares le autorizaron el traslado a la U5 de Roca, de escasa seguridad. El 29 de julio de 2025, volvió a desaparecer mientras gozaba de salidas transitorias.
Había accedido a salidas controladas, incluso con monitoreo electrónico. Pero nada de eso alcanzó. Se quitó la tobillera, la dejó abandonada en un descampado y no regresó más.
Ahora fue condenado y deberá cumplir 43 años de prisión, una pena sin antecedentes en la región. Aunque está detenido en el Establecimiento de Ejecución Penal 2 de Roca, será el Servicio Penitenciario Provincial el que deba resolver si puede quedarse alojado allí o pedirán nuevamente que permanezca en una prisión federal.