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Aeropuerto Chapelco: así son los trabajos con los halcones para mantener despejada la pista

Françoise De Grossouvre está a cargo del control aviar del Aeropuerto Chapelco - Aviador Carlos Campos y trabaja principalmente con halcones peregrinos.

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El trabajo combina cetrería y conocimiento del comportamiento de las aves que habitan el entorno del aeropuerto.

En el cielo que rodea al Aeropuerto Chapelco - Aviador Carlos Campos hay cuatro aves de presa que cumplen una tarea particular. Vuelan sobre la zona de operaciones, toman altura, persiguen a otras aves y marcan territorio. Su presencia busca evitar que especies que pueden representar un riesgo para los aviones se acerquen a la pista.

Françoise De Grossouvre, especialista en cetrería y fauna silvestre y encargado del control aviar del aeropuerto Chapelco, trabaja cada día con los ejemplares. Su herramienta principal no es la captura, sino el comportamiento natural de las aves.

Los ejemplares permanecen en instalaciones del aeropuerto y salen a volar durante distintas franjas del día.

“En realidad, el más ecológico y el más eficiente es trabajar con aves de presa”, explicó De Grossouvre en diálogo con Entretiempo por AM550. Esta metodología todavía tiene una presencia reducida en Argentina, aunque se utiliza en aeropuertos civiles y militares de distintos países.

El especialista mencionó como ejemplos la base militar de Villacoublay, en Francia, y los aeropuertos de Madrid y Sevilla. En todos esos lugares, la cetrería forma parte de las estrategias utilizadas para reducir la presencia de aves en las áreas donde operan las aeronaves.

 

Los halcones convierten la pista en su territorio

La tarea comienza mucho antes de que aparezca otra ave. De Grossouvre hace volar a sus halcones con actitud de caza para que construyan una referencia territorial sobre el aeropuerto.

“El objetivo no es cazar, sino poner una presión constante en una superficie bien delimitada para que las aves asimilen este territorio como una zona de no vuelo, de peligro”, explicó.

El halcón peregrino tiene un comportamiento especialmente útil para esta tarea. Su estrategia natural consiste en ganar altura y lanzarse después en picada. Puede alcanzar velocidades superiores a los 300 kilómetros por hora durante esos descensos.

Ese comportamiento permite realizar lo que en cetrería se denomina un vuelo de marcaje. El ave sobrevuela la pista y las especies que se encuentran en la zona identifican su presencia como una amenaza.

“Al tomar altura, se hace lo que llamamos un vuelo de marcaje sobre la pista”, explicó De Grossouvre. Según describió, las otras aves perciben que el peregrino está cazando y prefieren no volar debajo de él.

El bosque de pinos y los campos cercanos favorecen la presencia de numerosas especies en el entorno de Chapelco.

En Chapelco pueden aparecer entre 15 y 18 especies con mayor potencial de riesgo para las operaciones aéreas. Entre ellas se encuentran la codorniz de California, la loica, el tordo, el loro barranquero, la cachaña, distintas especies de patos, cauquenes, caranchos y chimangos.

El control no consiste en mantener a los cuatro halcones volando al mismo tiempo. Cada ejemplar tiene su propio momento y su turno de vuelo. De esa manera, el especialista mantiene una presencia distribuida durante la jornada.

 

Cada ave tiene su propio carácter y una forma distinta de volar

La cetrería tiene una particularidad que De Grossouvre considera central: no se trata de domesticar a un animal salvaje. La relación se construye a partir de la confianza y del reforzamiento positivo.

“Yo no estoy adiestrando al halcón, no le estoy pidiendo algo que no le corresponda. Es un animal salvaje”, señaló.

Por eso, su trabajo consiste en acompañar el desarrollo natural de cada ejemplar. El halcón necesita volar, tomar sol, bañarse, cazar y descansar. De Grossouvre busca que el animal encuentre beneficios en trabajar junto a él. “Todo mi arte es hacerle entender que tiene éxito conmigo”, resumió.

Cada ejemplar tiene además una personalidad propia. Las diferencias físicas y genéticas también determinan cómo vuela, cómo caza y cómo reacciona frente a otras especies.

Los ejemplares cumplen sus vuelos en distintos momentos del día según la época y la presencia de otras especies.

Esa condición se vuelve especialmente visible frente a los caranchos. Aunque son más grandes que un halcón peregrino, pueden ser expulsados del territorio por la rapidez y la agilidad del ave de presa.

“El halcón peregrino es muy ágil en el aire, muy fuerte, y entonces lo va a atacar para alejarlo de su territorio y poder cazar tranquilo”, explicó el especialista.

El objetivo, sin embargo, no es llenar el aeropuerto de persecuciones. La mayor parte del tiempo alcanza con que el halcón vuele y se comporte como un cazador. “Para que sea disuasivo tiene que estar atacando, persiguiendo y moviéndose, como en actitud de caza. No estar posado. Eso no serviría de nada”, aclaró.

Los halcones también tienen sus propios espacios dentro del aeropuerto. Durante el día pueden permanecer en un jardín cerrado para tomar sol y bañarse. A la noche ingresan a la halconera, donde cada uno tiene una percha para dormir.

“Un halcón se baña casi todos los días y toma el sol, que es muy importante para su salud y su bienestar, porque cuidan mucho el plumaje”, contó De Grossouvre.

Un peregrino puede vivir alrededor de 15 años. La supervivencia en estado salvaje, sin embargo, es mucho más difícil. El especialista explicó que solamente cerca del 20% de los halcones peregrinos logra superar su primer año de vida.

 

Chapelco trabaja en medio de un ecosistema con numerosas especies

El aeropuerto está rodeado por un ambiente que favorece la presencia de aves. De un lado hay un bosque de pinos que funciona como espacio de descanso y nidificación. Del otro aparece un campo ganadero atravesado por canales de riego.

Para De Grossouvre, esa particularidad hace que el control aviar deba adaptarse al entorno. “Chapelco está en el medio de una zona llena de aves y, para a la vez hacer un control eficiente pero cuidar el medio ambiente, no hay muchas soluciones diferentes”, explicó.

El especialista incluso trabaja respetando la presencia de aves rapaces que viven de manera permanente en el área. Contó que una pareja de halcones aplomados salvajes permanece en el aeropuerto desde hace tres años y que ambos ejemplares se acostumbraron a compartir el territorio con sus halcones.

La cetrería también evita recurrir a métodos que pueden tener otras consecuencias sobre el ambiente. De Grossouvre mencionó la pirotecnia como una de las alternativas utilizadas en otros lugares, aunque en Chapelco tampoco sería adecuada por el riesgo de incendios.

“Yo trabajo mucho con el hábitat y con las especies que hay”, explicó.

Los halcones, además, tienen una alimentación particular. Son aves ornitófagas, es decir, se alimentan de otras aves y no de carroña. Capturan presas vivas y, en el caso de los peregrinos y los halcones aplomados, su dieta está compuesta exclusivamente por aves.

 

De Francia a San Martín de los Andes

La relación de De Grossouvre con las aves de presa comenzó mucho antes de su llegada a la Patagonia. Nacido en Lyon, Francia, se dedicó desde joven al campo y a los animales y comenzó con la cetrería hace 15 años, cuando vivía en Sevilla, España. “Yo empecé a volar halcones peregrinos para cazar”, recordó.

Después se mudó a Tucumán junto a su esposa, Sofía, y comenzó a aplicar la cetrería en campos que tenían problemas con distintas especies de aves. Trabajó en cultivos de arándanos y también en siembras de trigo.

Su llegada al Aeropuerto Chapelco ocurrió hace tres años. Mientras vivía en la Patagonia, pasó por el lugar, observó la presencia de aves y preguntó si necesitaban ayuda.

Le respondieron que buscaban desarrollar un plan de control aviar. De Grossouvre pasó una tarde realizando una demostración con sus halcones dentro del aeropuerto y luego comenzó a trabajar allí.

Actualmente utiliza ejemplares provenientes principalmente de un criadero de Córdoba. No puede traer aves desde otros países debido a las restricciones para introducir especies y a las dificultades administrativas y logísticas.

Su próximo proyecto podría ampliar ese trabajo. Tiene un macho y una hembra de halcón peregrino y ya conversa con la Dirección de Fauna para evaluar la posibilidad de reproducirlos.

“Me encantaría, porque es natural para ellos, en su etapa de vida, poder criar halcones”, contó.

El vínculo con sus aves también incluye momentos de libertad controlada. De Grossouvre contó que Galileo, uno de sus halcones, llegó a volar hasta el cerro Chapelco durante la primavera pasada y regresó al aeropuerto al día siguiente. “Volvió porque es su territorio y porque se lo pasa bien”, explicó.

La rutina cambia según la estación. En verano los días más largos obligan a extender las jornadas y, en algunas ocasiones, el especialista permanece con sus halcones hasta las 9 o 10 de la noche.

Cada ave tiene su horario de vuelo y De Grossouvre distribuye las salidas durante el día. El objetivo es mantener una presencia constante sobre el área de operaciones sin alterar las necesidades naturales de los ejemplares.

Así, el cielo de Chapelco suma una particular forma de protección. Cuatro halcones vuelan sobre la pista para convencer a otras aves de que ese espacio no les pertenece. La estrategia combina una práctica milenaria, el comportamiento natural de los depredadores y una relación de confianza que, para De Grossouvre, empieza por una idea sencilla: “Siempre pensar en servir al halcón”.

 

La entrevista completa:

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