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“La guerra terminó, pero Malvinas nunca se fue”: Edgardo Esteban y dos historias atravesadas por la memoria

El periodista, escritor y excombatiente de Malvinas presentó este jueves en Neuquén sus dos últimos libros, La última batalla y Hasta aquí llegué. En esta entrevista, Esteban habló de la recuperación de su cédula militar subastada en Inglaterra, la historia de Aldo Leiva y las heridas de una guerra que, más de cuatro décadas después, todavía busca palabras.

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Edgardo Esteban pasó por los estudios de AM550 antes de presentar en Neuquén sus dos últimos libros sobre Malvinas.

Una cédula militar que apareció a la venta en Inglaterra como un “trofeo de guerra”. Un soldado que, en medio del hambre y la desesperación en Malvinas, se puso un fusil en la boca y pensó que ya no podía seguir. Fotografías recuperadas que todavía esperan volver a manos de sus dueños. Un viaje de regreso a las islas junto a su hijo.

Las historias de Malvinas siguen apareciendo, incluso 44 años después de la guerra. Edgardo Esteban, periodista, escritor y excombatiente, lleva gran parte de su vida intentando encontrarlas, reconstruirlas y ponerlas en palabras.

Este jueves presentó en Neuquén sus dos últimos libros: La última batalla, centrado en la increíble historia de la recuperación de su cédula militar, y Hasta aquí llegué. Aldo Leiva, una historia de Malvinas, sobre la vida del excombatiente chaqueño que encontró en la política una forma de reconstruirse después de la guerra.

Más de cuatro décadas después de la guerra, Edgardo Esteban sigue encontrando historias de Malvinas que necesitan ser contadas.

Antes de la presentación en el Auditorio de CALF, Esteban visitó los estudios de AM550 y dialogó con Entretiempo. Allí habló de Malvinas, de la identidad, de la memoria y de la escritura como una forma de enfrentar aquello que todavía duele.

Presentás dos libros muy diferentes, pero atravesados por Malvinas. ¿Cómo nació La última batalla?

Yo era director del Museo Malvinas, en plena pandemia, y una noche me llamó una periodista de Córdoba, Alicia Panero, diciéndome que se estaba rematando mi cédula militar en Londres. Estaba a 1.750 libras esterlinas. Me dio las coordenadas, me metí y estaba mi foto, la foto de aquellos días, cuando era un chico de 18 años.

¿Qué sentiste cuando la viste?

Me angustió mucho. Mi familia me conoce y me decía: “No te vas a angustiar, ni te vas a meter en esto, ni vas a empezar a generar problemas”. Y yo dije: “No, yo la voy a recuperar”.

Un amigo me decía: “¿Te vas a calentar por un cartoncito con una foto?”. Pero para mí no era eso. No lo dudé: era mi identidad.

Edgardo Esteban presentó La última batalla, el libro que reconstruye la búsqueda y recuperación de su cédula militar.

¿Cómo había llegado tu documento hasta Inglaterra?

Empezamos a investigar. Hablamos con la Embajada argentina en el Reino Unido, con Cancillería, con la Secretaría de Malvinas. También con abogados, porque había artículos de la Convención de Ginebra sobre prisioneros de guerra que establecían que no podían quitarte ese tipo de documentación. Cuando caigo prisionero, el 16 de junio de 1982, me sacan el cinturón, los cordones, un rollo de fotos y una cámara. Me dejaron las cartas y los telegramas, que todavía conservo. Pero nunca me di cuenta de que también me habían sacado la cédula militar.

¿Y descubrieron quién la había puesto a la venta?

Sí. Descubrimos que la había vendido un oficial británico de apellido Sinclair. Era el oficial que me requisó cuando subí como prisionero de guerra al Canberra. Durante mucho tiempo se negó a hablar conmigo. La respuesta era que no me la iba a devolver porque era su pertenencia, que era coleccionista y que se trataba de un trofeo de guerra. Pero yo no quería que alguien la comprara. Yo quería que me devolvieran lo que era mío.

Edgardo Esteban volvió a Neuquén para presentar dos libros y reflexionar sobre una guerra que todavía deja preguntas, recuerdos y heridas abiertas.

Finalmente la recuperaste.

Después de dos años, el 7 de abril de 2022, cinco días después de cumplirse los 40 años de la guerra, me llamó el abogado y me dijo que Scotland Yard iba a ir a buscarla a la casa de este hombre. El 16 de abril me llamaron de la Embajada argentina y me dijeron que habían recuperado mi cédula militar. Y también 44 fotografías.

¿Las fotos eran tuyas?

No. Y ahí hay otra historia. Estamos trabajando con compañeros de la Asociación de Reporteros Gráficos para tratar de encontrar a sus dueños o a sus familias. No sabemos si están vivos o muertos. No queremos mostrarlas demasiado porque primero queremos que vuelvan a quienes les pertenecen.

Después llevaste esa cédula a un lugar muy especial.

En 2022 me invitó el papa Francisco a hacer una experiencia inmersiva que habíamos desarrollado en el Museo Malvinas. Le llevé la cédula militar y me la bendijo en Santa Marta.

Y el año pasado, para cerrar un poco ese círculo, volví a Malvinas con mi hijo y con esa cédula militar. Fuimos hasta el muelle de Puerto Argentino. Fue algo muy simbólico.

En Hasta aquí llegué, Esteban narra la historia de Aldo Leiva (a la izquierda), excombatiente de Malvinas que logró reconstruir su vida después de la guerra.

El otro libro, Hasta aquí llegué, cuenta la historia de Aldo Leiva. ¿Qué encontraste en su vida?

A Aldo lo conozco hace unos 20 años. Es un excombatiente que tuvo una vida muy particular. Vivió hasta los 14 años en un lugar del Chaco profundo, en una casa de adobe, con piso de tierra y techo de paja de palmera. Se levantaban con la luz del día y se acostaban cuando ya no había luz. Y desde ahí fue casi directo a Malvinas. Él me contó que estaba en el monte Dos Hermanas y que había hambre. Mucha hambre. Había llegado el rumor de que existía un depósito de comida y fueron a buscarla. Cuando llegaron, ya había sido saqueado. Se sintió muy frustrado. No daba más. Entonces tomó el FAL, se lo puso en la boca y dijo: “Hasta aquí llegué”. Pero hubo un segundo, algo que lo hizo detenerse. Y siguió.

Después de la guerra encontró otro camino.

Sí. Él encontró en la política lo que yo encontré en el periodismo, lo que otros compañeros encontraron en el canto o en otras formas de expresión: un refugio, una manera de reconstruirse. Fue cuatro veces intendente de su ciudad. Yo quise contar su parte humana, con sus locuras, sus convicciones, su militancia y su compromiso. La historia de un hombre que viene del Chaco profundo, va a la guerra, vuelve y tiene que redescubrirse.

¿Por qué seguís escribiendo sobre Malvinas después de tantos años?

Porque escribir para mí es exorcizar fantasmas, es escupir el dolor. Cuando estoy angustiado escribo. Y creo que sirve para encontrar respuestas, para poner en palabras esas cosas que muchas veces no se pueden decir de otra manera. En Iluminados por el fuego, mi primer libro, ya aparecía esa cuestión. Y ahora, en La última batalla, también está presente. La muerte que viene ya no es la misma que conocimos cuando teníamos 18 años y nos sentíamos inmortales. Hay un diálogo con uno mismo, con esas experiencias, con los recuerdos. Incluso digo que estoy intentando separar a Edgardo de Malvinas. Hace un tiempo volví a hacer terapia para poder diferenciar a Edgardo de Malvinas. Porque tengo toda mi vida atravesada por esto: mi escritorio, los objetos que me regalaron, los reconocimientos, los recuerdos. Pero también tengo tres hijos y dos nietos. Y no quiero transmitirles mis cruces. Ellos tienen que tener su propia vida.

Sin embargo, Malvinas también apareció en un momento especial, durante el último Mundial cuando los jugadores mostraron una bandera que decía "Las Malvinas son argentinas".

Mis hijos vieron los partidos con sus amigos, pero el partido con Inglaterra lo querían ver con su papá. Y fue muy fuerte. Estaban los abrazos de gol, esa alegría. Creo que Argentina tiene pocas cosas tan transversales. Una es la Selección. Podés ser de River, Boca, Independiente o San Lorenzo, pero cuando juega Argentina te ponés la camiseta celeste y blanca. Y Malvinas también tiene algo de eso.

¿Qué representa hoy Malvinas para vos?

Malvinas está por encima de las diferencias políticas. Podés ser de derecha, de izquierda, radical, peronista, libertario. Pero llega el 2 de abril y hay algo que nos vuelve a reunir. Yo trabajé mucho con la frase “Las Malvinas nos unen” en 2022 y creo que eso es lo que representa. Es una causa profundamente transversal. Malvinas es soberanía, es identidad, es memoria. Y también es integración. Por eso seguimos contando estas historias. Porque la guerra terminó en 1982, pero para muchos de nosotros hay cosas que todavía necesitan ser nombradas.

 

La entrevista a Edgardo Esteban

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